El aspecto externo de la Panasonic NV-GS250 destila sencillez y buenos acabados. Por un lado, basta un rápido vistazo para intuir que es fácil de usar y, por lo pronto, que se trata de una videocámara bastante maciza y resistente.La escueta cantidad de mandos visibles disfruta de un amable posicionamiento, colocados al alcance de los dedos de la mano derecha aquellos que deben estarlo y fáciles de accionar -en general- todos ellos. Quizás el menos asequible sea el del acceso al menú, porque obliga a un ligero contorsionismo del dedo índice, aunque bien es cierto que se resuelve fácilmente utilizando el de la mano izquierda. Teniendo en cuenta que, además, tal incomodidad se convierte en precaución ante posibles accesos accidentales.
Otros detalles externos destacables son el flash frontal situado verticalmente en el lateral del objetivo, que limita ligeramente el espacio para el movimiento del anillo de enfoque manual -de exquisita precisión y suavidad en su accionamiento-, y el práctico visor retráctil, capaz de desplazarse 45 grados hacia arriba y hacia atrás para salvar el bulto de la batería.
Control por joystick
Una de las novedades en la Panasonic NV-GS250, respecto a la gama anterior, representada por la NV-GS200, es la introducción de un nuevo sistema de navegación y ajuste general. Y es que ahora, a diferencia del mando plano de tipo cursor de los modelos de la gama 2004 emplazado bajo la pantalla TFT, el control recae sobre un práctico y vistoso joystick situado justo al lado del botón disparador.
La solución es práctica, porque la operación de la cámara se concentra al alcance del dedo pulgar y, por tanto, al de una sola mano. Y también es vistosa, porque además de contener un atractivo led azul en su interior se acompaña de una representación gráfica en pantalla que indica los parámetros de ajuste que el usuario tiene a su disposición en todo momento.
Un sistema que rivaliza en comodidad con las pantallas táctiles de Sony sin implicar, al mismo tiempo, la dependencia absoluta sobre ella para el manejo de la máquina.
El único punto negativo del sistema recae en lo que podría ser un descuido fortuito del fabricante. Y es que cada pulsación se corresponde -forzosamente- con un solo paso de variación del parámetro elegido. O lo que es lo mismo: la presión continua ejercida sobre alguno de los sentidos en que pivota el joystick no se traduce en una variación progresiva del parámetro en cuestión.
¿Consecuencia? las secuencias capturadas pueden resentirse de los ligeros movimientos que provocan las pulsaciones repetidas del mando, tanto a nivel de vídeo como de audio. Dicho de otro modo: hay que presionar muy suavemente con el dedo o renunciar a excesivas regulaciones sobre la marcha.
Facilidad apabullante
Al margen de los pros y los contras estrictamente físicos del nuevo interfaz de operación, lo cierto es que una de las mayores virtudes de la NV-GS250 consiste en su facilidad de configuración y manejo.
Un menú simple, ordenado y vistoso de cuatro apartados sirve para mantener a raya la práctica totalidad de opciones de la cámara. Más aún cuando el usuario haya dedicado un mínimo de tiempo para conocer sus rincones.
Tras esa exigua frontera virtual, existen muy pocos mandos "reales" adicionales: los disparadores para foto y vídeo, el deslizador del zoom y un interruptor de alimentación independiente del dial de modos de funcionamiento, claramente inspirado -este último- en el de las máquinas fotográficas digitales.
Fuera de esa lista quedan el interruptor del sistema de arranque rápido "Quick Start", apto para iniciar la grabación de vídeo casi instantáneamente incluso con la cámara apagada, el conmutador de la retroiluminación de la pantalla TFT y el selector entre los modos de operación automática y manual.
Control manual casi total
Siguiendo su filosofía habitual, Panasonic ha dotado a la GS250 de casi todo lo necesario para poder disfrutar tanto de una grabación de ajuste automático como de otra parcial o completamente manual.
De casi todo, porque el audio ha quedado excluido de la norma del control total. Así como la velocidad de obturación, el diafragmado y el nivel de ganancia son completamente configurables por el operador, el nivel de grabación del audio siempre queda en manos de la máquina.
Una auténtica lástima, más teniendo en cuenta que otros aspectos, como la conmutación de la pantalla electrónica antiviento, el micrófono con función de zoom ligado al objetivo, o la posibilidad de conectar micrófonos externos, han sido incluidos entre el equipamiento de la GS250.
El sistema de control de la exposición del aparato sigue el mismo camino -en términos efectivos- que sus predecesoras, con la única diferencia de contar ahora con el nuevo sistema de operación optimizado antes comentado.
Abertura y ganancia de vídeo
Merece la pena a felicitar a la marca nipona por su política de respeto hacia los usuarios ávidos de control. Así las cosas, es obligada la referencia -como en anteriores pruebas publicadas sobre modelos del fabricante- a la interesante posibilidad de operar "a la carta" tanto la abertura (en números f, con sus correspondientes pasos intermedios) como el nivel de ganancia (de 0 a +18 db).
Pese a no ser parámetros de regulación independientes -la ganancia no entra en acción hasta que se ha llegado a la abertura máxima-, lo cierto es que ofrecen al usuario una idea más exacta de lo que está haciendo en todo momento con la cámara. Principalmente, porque éste tiene constancia del momento en que se abandona el ajuste de lo que se considera como "abertura" y se deja paso, en mayor o menor medida, al factor de ruido introducido por la amplificación de vídeo propiamente dicha.
Ocurre lo mismo con el control sobre la velocidad de obturación. Con sus pasos numéricos entre 1/50 y 1/8000 segundos, informa exactamente al operador sobre su configuración.
El balance de blancos incluye las clásicas posiciones para interiores, exteriores, y revisión manual, respondiendo con prontitud y sin problemas a los cambios de temperatura de luz en su variante automática. Las mismas palabras sirven para resumir el funcionamiento automático del nivel de exposición: correcto.
Notable rendimiento, pero variable
Como no podía ser de otro modo, la alternativa a los juegos manuales pasa por los clásicos y consabidos programas de exposición para escenas específicas (deportes, retratos, baja iluminación, alto contraste con iluminación puntual, y alto contraste con luz difusa) y la compensación de contraluz automatizada.
Todo un conjunto de posibilidades de uso que arrojan un resultado algo dispar -aunque sin extremismos- ante condiciones lumínicas opuestas.
Cuando la luz acompaña -léase en exteriores al sol, con un cielo poco o nada nubloso-, el sistema de 3 CCD luce radiante su capacidad para reproducir colores vivos y naturales, equilibradamente saturados. Su parte de culpa tienen la óptica Leica, a la que puede presuponérsele -según las pruebas- una ausencia de brillos internos o halos, y el renovado procesador de imagen "Crystal Engine", que trata por separado -asegura Panasonic- la señal procedente de cada sensor.
Por supuesto, el magnífico estabilizador óptico de imagen de la GS250 también contribuye con su limpieza a que ninguno de los 800.000 píxeles de que dispone cada captador deba dedicarse a esa tarea.
Cuando la luz se convierte en un tesoro por su escasez, los resultados dejan de ser espectaculares para quedarse en normales. Ni más ni menos. Algo lógico, por otro lado, teniendo en cuenta que los CCD de la GS250 son pequeños y no pueden compararse en rendimiento, por ejemplo, con los de 1/4,7 de pulgada de la NV-GS400. No debe olvidarse que, a pesar de todo, la experiencia del usuario y los pequeños reglajes -no escasos en esta Panasonic- suelen ser los mejores aliados para la mejora.
Por su parte, el micrófono estéreo incorporado se defiende dignamente, a pesar de la limitación de residir en las proximidades de un motor eléctrico. Así es: son dignas su respuesta a una amplia gama de frecuencias y su sensibilidad a los ruidos de operación.
Visión estática del movimiento
A una videocámara actual ya se le presupone un grado de habilidad suficiente para tomar fotos mínimamente "potables". Erróneo o no, lo cierto es que el argumento le sirve a muchos aficionados para decidirse definitivamente entre modelos de prestaciones similares.
Pues bien, siguiendo ese mismo criterio, la escala de valores se cumple: la calidad de las fotos que hace la NV-GS250 es algo peor que la de la GS400.
En todo caso, cabe discernir entre la barrera de la resolución "real" y la de la interpolada. Y es que igual que la GS400, la GS250 captura sus mejores instantáneas a 1600 x 1200 píxeles (unos 2 megapíxeles) o menos. Debe evitarse a toda costa la captura a 3 megapíxeles interpolados, en la misma medida que debe hacerse con los 4 megapíxeles -también interpolados- de su hermana mayor.
A pesar de todo, la GS250 se desenvuelve en su faceta fotográfica con soltura: dispone de programas de exposición dedicados, enfoque automático combinado con el estabilizador de imagen, control manual de la exposición, captura en ráfaga y un flash automático que, además del casi imprescindible modo de reducción de ojos rojos, añade la posibilidad de compensar su potencia de destello en tres niveles.
Ese algo más
La GS250 también dispone de dos modos 16:9, en ningún caso reales, puesto que no amplían el rango de cobertura de la óptica al no emplear un área mayor de los CCD.
En el primero de ellos, la cámara instala sendas barras negras en los extremos superior e inferior del encuadre. En el segundo, comprime la imagen horizontalmente para garantizar un mayor respeto por la resolución vertical de la imagen cuando ésta se visualice en un televisor panorámico.
Más allá del interiorismo, la GS250 muestra buenas dotes de comunicación para compartir sus imágenes con el exterior: puerto DV (In/Out), puerto USB 2.0, salidas y entradas analógicas A/V y S-Video, conexión para micrófono externo y zapata para accesorios inteligentes.
De cara a las relaciones más firmes, también destaca la robusta y bien posicionada rosca para trípode.
Odiosas comparaciones
La Panasonic NV-GS250 es una buena grabadora de vídeo digital. De eso no hay duda. Incluye algunos de los mejores adelantos de la marca (procesador de imagen de última generación, óptica Leica, estabilizador óptico, control manual por joystick...) y dispone de una tecnología de captación exclusiva de los modelos de alta gama. Rinde magníficamente con luz suficiente y su nivel de control manual gustará a todos aquellos a los que, por esa misma razón, se les presupone conocer las soluciones adecuadas para compensar la menor respuesta cuando falta la luz.
Entonces, ¿cuál es el problema? Que el enemigo está en casa: sus compañeras de gama. La GS250 tiene por debajo cámaras (NV-GS75, NV-GS140 y GS150) menos equipadas (estabilizador electrónico, sin anillo de enfoque manual, resolución fotográfica algo menor...) y por encima, el colmo del equipaje, la estelar NV-GS400.
Con ese panorama, es lógico pensar que el público potencial de una cámara de serie media-alta como la GS250 se enfrente a la duda de si debe pagar algo más por una máxima representante de gama, superior en algunos aspectos fundamentales (tamaño de los sensores, calidad de imagen general, grabación 25p, más parámetros de regulación...) para los usuarios más experimentados.
Del mismo modo, otro tipo de público menos exigente no creerá conveniente pagar tanto por la GS250 teniendo al alcance las otras hermanas de 3 CCD más asequibles y acordes a sus necesidades.
TEXTO: Xavier Tomàs
FOTOS: Iker Moràn