Ligera y poco abultada, la HC90 entra rápido por la vista. Sony ha cuidado todos los detalles estéticos para hacer de ella una atractiva y elegante minicámara, destinada a representar el máximo exponente de la marca en su categoría. Porque la verdad es que el tacto, los acabados de cada una de las piezas que componen la máquina y su ajuste general son dignos de mención.A su refinado diseño -de apariencia metalizada en su mayor parte- hay que añadir la notable sensación de simplicidad que se desprende de los escasos mandos físicos que se hacen visibles. Y es que estamos ante una Sony con control mediante pantalla táctil y, por tanto, sobran los pulsadores.
Otro de los detalles que hacen de la HC90 una videocámara sumamente estilizada es la nitidez de formas de su parte posterior, allí donde el dedo pulgar debe ejercer su trabajo una vez empuñada la máquina. El clásico bulto de la batería adosada desaparece para dejar, en su lugar, espacio a una tapa de plástico blanco translúcido que se extiende también alrededor del visor.
Superada la sensación inicial de semejante toque deportivo, ésta resulta ser la puerta de acceso a un compartimiento interior en el que se alojan la batería ultraplana de serie A -que recuerda a la de un móvil- y la ranura para tarjetas MemoryStick Duo.
Pocos botones, como de costumbre
Más allá del conmutador de alimentación, que también hace las veces de selector del modo de funcionamiento, y del mando del zoom y los disparadores para foto y vídeo, el listado de mandos que se encuentran presentes en la HC90 se resume en pocas líneas.
He aquí los mandos de la máquina: un conmutador para las modalidades 4:3 y 16:9; un pulsador para la selección del modo de flash (apagado, automático y forzado); un pulsador para la comprobación del nivel de batería restante (sistema Infolithium); otro pulsador para activar la compensación de contraluz; el conmutador para la puesta en marcha del sistema de grabación nocturna NighShot, y -finalmente- un interruptor para el modo "Easy", práctico para simplificar al máximo el uso de la cámara.
TFT 16:9
Al protagonismo habitual del monitor en las videocámaras Sony, la HC90 añade el estreno -como máquina perteneciente a la gama 2005- de una pantalla de formato panorámico de 2,7 pulgadas. Ésta está especialmente pensada para evitar la deformación de imagen que se produce en otros dispositivos semejantes de tipo 4:3 al grabar en modo 16:9, permitiendo así encuadrar con mayor facilidad y comodidad.
Por otro lado, no existen en ella diferencias ni novedades en cuanto a control, puesto que además de los consabidos segundos mandos de zoom y disparo en su lateral, el sistema de menús 3D y su estructura -de orden y disposición variable al gusto del usuario- se mantienen intactos respecto al resto de modelos recientes de la marca (DCR-PC350, HC1000, etc.).
Paralelamente, el visor que incorpora la HC90 no merece el mismo nivel de elogio que el de su pantalla. Y es que si bien su visibilidad y resolución son correctas, sí es criticable el pequeño tamaño del cuadro de imagen y su falta total de movilidad: ni se extiende ni bascula. Un "olvido" de Sony que tiene un origen claro en la dependencia sobre la pantalla táctil para el control operativo de la cámara.
El uso del visor, pues, queda relegado a tareas de grabación muy concretas (grabación fija sobre un trípode, por ejemplo) y a cuando se desee reducir el consumo energético de la cámara.
Automática, aunque con concesiones manuales
Establecido este marco de funcionamiento, se hace poco más que repetitivo el subrayar que la HC90 es, ante todo, una videocámara pensada para el manejo automatizado. Y la verdad es que la máquina responde bien en los aspectos fundamentales, como son el balance de blancos, el control de la exposición, el enfoque y el nivel de grabación de audio.
Unos parámetros, estos últimos, para los que también existen opciones manuales. La excepción es el nivel de grabación de audio: el usuario debe conformarse solamente con la activación de una pantalla antiviento y un sistema de direccionalidad variable ligada al mando del zoom. Dos buenas ayudas para el micrófono incorporado de serie, que cumple llanamente -sin "peros"- con su cometido.
Si bien es cierto que la HC90 implementa el ya conocido sistema "puntual" (comentado ya en análisis de otras cámaras Sony) para la regulación táctil de la exposición y el enfoque durante la grabación, es más que poco probable un uso intensivo de tales funciones.
La razón, la de siempre: carece de la precisión necesaria -como la de un dial o un anillo físico- en aquellas situaciones en las que el control manual sí se convierte en verdaderamente útil.
Obturador Sony
La velocidad de obturación, por su lado, sigue el tradicional esquema de la marca, lo que equivale a decir que no existe la posibilidad de regular numéricamente -como en la práctica mayoría de modelos de la competencia- este parámetro. La alternativa consiste en una conmutación entre la velocidad fija por defecto (1/50 segundos) y el control automático total por parte de la cámara.
Adicionalmente, la activación del sistema de obturador lento permite seleccionar entre cuatro puntos para reducir o aumentar el efecto de "emborronamiento" de la imagen. Pero de igual manera que en el modo normal, en ningún caso se hacen visibles los valores exactos de velocidad.
Más ajustes
A pesar de estas mínimas "restricciones", el conjunto de controles de la HC90 ofrece otras interesantes posibilidades, como son el desplazamiento de exposición, la medición cebra y el nivel de nitidez de imagen variable.
La primera de las opciones permite al usuario compensar en 4 puntos -hacia arriba o hacia abajo- el nivel inicial de exposición automática. Consiguen mejorarse de este modo los resultados obtenidos en situaciones que pueden comprometer la fidelidad del exposímetro (grabación en la playa bajo plena luz del sol o en un escenario de tenue iluminación, por ejemplo).
La medición cebra, originario del mundo del vídeo profesional, informa al camarógrafo sobre las zonas de máxima luminosidad del encuadre, advirtiéndole sobre la necesidad de rebajar el nivel de exposición para evitar "quemaduras" (zonas blancas sin detalle) mediante un patrón de rayas en pantalla. Para mayor versatilidad, el nivel de sensibilidad del sistema cebra de la HC90 puede ajustarse al 70 o al 100%.
La tercera de las prestaciones enumeradas no esconde secretos: ocho son las posiciones a las que puede regularse el nivel general de nitidez de la imagen. Una ayuda que puede resultar útil en la grabación de objetos que contengan patrones o motivos propensos al moiré (la vibración de imagen) o en la filmación de imágenes con textos escritos o similares.
Elevado rendimiento
Las especificaciones de la HC90 hablan bien de ella antes de ponerla en marcha. Pero… ¿cumplen con lo esperado a la hora de la verdad? La respuesta es clara: sí, pero con los matices habituales.
Si hay luz suficiente, las imágenes que brinda esta pequeña máquina son excelentes; por definición, por la correcta saturación de los colores y por su limpieza. No hay truco: el sensor dispone de un buen tamaño, de una considerable cifra de píxeles, de un procesado de imagen A/D de 14 bits y de una óptica de la que sus referencias -hasta la fecha- hablan bien.
El sistema electrónico de estabilización de imagen cumple magníficamente con su cometido y la posibilidad de efectuar balances de blancos manuales es el complemento perfecto para extraer el máximo provecho de la HC90.
Pero si la falta de luz toma protagonismo en escena, los argumentos de la HC90 son algo menos convincentes. El nivel de ruido aumenta visiblemente en las zonas más oscuras y -especialmente- en los tonos azules. Y si bien no puede decirse que los resultados sean ni mucho menos malos, lo cierto es que contrastan irremisiblemente con los brillantes resultados a plena luz del día.
Además, la magnífica labor del estabilizador de imagen antes comentada empeora aquí ligeramente las cosas, puesto que con niveles de luz reducidos (una habitación iluminada con una bombilla de 60 vatios, por ejemplo) su trabajo sí introduce algunas alteraciones visibles en la imagen.
En definitiva, la HC90 cumple en la grabación en interiores, pero ésta no es su mejor faceta.
Por otro lado, la pista de audio registrada por la videocámara no adolece de ningún problema especial, puesto que muestra una respuesta bastante lineal en toda la gama de frecuencias. Tampoco existen interferencias importantes derivadas del funcionamiento del motor de arrastre de la cinta o de la propia operación de la cámara.
Fotos resultonas, pero para nada definitivas
Una videocámara de 3 megapíxeles como la HC90 despierta interés entre muchos aficionados, no sólo por sus cualidades videográficas, sino también por sus supuestas habilidades fotográficas. Pues bien, lo cierto es que las fotos obtenidas con esta máquina en cuestión disponen de suficiente resolución como para compararse con las de algunas cámaras compactas de esta misma categoría, pero no más.
Porque no todo es cuestión de cantidad, sino también de calidad. Y ahí es donde se siguen notando diferencias a simple vista con cualquier compacta de 3 megapíxeles mínimamente decente.

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| Muestra capturada con la Sony DCR-HC90 en la modalidad de exposición manual (2016 x 1134 píxeles, 723 KB). |
Las instantáneas de 2016 x 1512 píxeles de la HC90 muestran un buen equilibrio de color y una definición suficiente. Por otro lado, sin embargo, padecen de unos niveles de ruido y aberraciones cromáticas bastante evidentes. Constatar lo primero es fácil: basta con ampliar al 100% cualquiera de las fotos de muestra que complementan este análisis.
Para el segundo problema, el del visible halo violeta, no será siquiera necesario ampliar la foto de muestra que se adjunta de la antena de telefonía móvil.
Más allá de la calidad pura y exigente, la verdad es que sería injusto no tener en cuenta la importante cantidad de funciones y equipamiento fotográfico de esta Sony: flash con ajuste en tres niveles de potencia, disparo en ráfaga, ahorquillado de exposición, varios programas, autodisparador, etc.
De manera que, lo más lógico es considerar la vertiente fotográfica de la HC90 como una socorrida función complementaria que siempre va bien tener a mano, pero no como una alternativa a una buena compacta.
Un plus de efectividad
A diferencia de otras máquinas en las que la captura de vídeo en formato panorámico se resuelve a modo de "parche" (barras negras, encuadre deformado), en la HC90 el vídeo 16:9 forma verdadera parte integrante de la cámara. Tanto desde el punto de vista de la captura, en la que el gran excedente de resolución del CCD permite la captura de un área mayor de imagen, como desde el de la visualización en la pantalla TFT de proporciones rectangulares.
La presencia de la auténtica dualidad que conforman los formatos 4:3 y 16:9 se hace incluso más tangible por el conmutador físico (no es necesario navegar por los menús) que permite efectuar el cambio entre ambos modos.
A nivel cualitativo, lo cierto es que la HC90 cumple a la perfección en términos estrictos: la imagen de formato 16:9 tiene la misma excelente calidad que la de aspecto 4:3.
Finalmente, cabe no descuidar que esta pequeña videograbadora es capaz de almacenar vídeo de exploración progresiva a 25 fotogramas por segundo. Un detalle que, dadas las limitadas concesiones al control manual, tiene por objetivo ofrecer un plus de calidad de cara al visionado de las imágenes de vídeo en los modernos equipos TFT o de plasma optimizados para tal fin.
Interesante para muchos
Las estadísticas no son infalibles, pero hay números que no engañan. La Sony HC90 es una de las máquinas que suscita más interés entre el público asiduo de QUESABESDE.COM. Así lo expresa el índice de las cámaras más visitadas de esta sección. Y ello no es extraño, porque a todo lo comentado anteriormente, hay que sumar el aliciente de un precio "razonable" para una videocámara digital MiniDV de gama media-alta.
Los puntos a favor son numerosos: graba vídeo de alta calidad cuando la luz acompaña y se defiende en interiores; se siente en casa con el aspecto 16:9, equipa todo lo realmente imprescindible, es muy fácil de usar y permite obtener fotos de calidad suficiente para aquellos momentos memorables. Por si fuera poco, encima es atractiva y ocupa poco espacio.
Como puntos negativos cabe destacar la ajustada autonomía con la batería de serie y la falta de salidas y entradas S-Video en el propio cuerpo de la cámara, lo que obliga a la adquisición -por separado- de un cable opcional.
Así las cosas, la HC90 es una apuesta de Sony especialmente diseñada para hacer daño donde más le puede doler a la competencia: en el equilibrio calidad-precio. Argumentos no le faltan.
TEXTO: Xavier Tomàs
FOTOS: Iker Morán