Grande y sólida
Estéticamente, la GS400 se parece bastante a su predecesora, la veterana NV-MX500, un modelo ya descatalogado de Panasonic. Esto también quiere decir que, de entrada, la GS400 es más larga, ligeramente más ancha y notablemente más pesada -a la par que robusta- que sus pequeñas hermanas GS120 y GS200.
Pese a ello, a las cuadradas proporciones de estas últimas, la GS400 sólo añade la protuberancia delantera del barril de su objetivo. Se trata de un cilindro frontal en el que se hallan dispuestos un flash retráctil, un micrófono estéreo, un disparador adicional para el inicio de la grabación, tres botones de acceso directo a parámetros de exposición, un conmutador entre los modos automático y manual y, finalmente, el vistoso anillo para el control manual de la cámara.
El resto de los controles principales (tanto los laterales como los situados debajo de la gran pantalla TFT de 3,5 pulgadas) y su propia distribución, son también prácticamente idénticos a los de las GS120 y GS200. Recomendamos, por tanto, echarle un vistazo al análisis ya publicado de la GS120.
Sorprendentemente fácil
Ya lo hemos resaltado en la introducción: aunque la GS400 pueda aparentar complejidad por su elevado nivel de equipamiento, es una máquina de lo más “amigable”. Ni exceso de botones, ni interminables menús llenos de opciones. Representa, sencillamente, un buen equilibrio entre lo mejor de ambos mundos.
Pese a que grabar sólo en el modo automático con esta videocámara es como conducir una moto deportiva dentro de un garaje, lo cierto es que resulta perfectamente cómodo y funcional. Los automatismos rinden a la perfección: la velocidad de reacción de la abertura, el nivel de ganancia, el autoenfoque y el balance de blancos… Y ello es suficiente motivo para plantearse hasta qué punto es ésta una cámara destinada únicamente a los más avanzados usuarios, aquellos que disfrutan sacándole el jugo con un poco de técnica y manitas.
Los usuarios menos avezados, por cierto, cuentan también con la ayuda de cinco sencillos programas: “deportes” (prioridad a las velocidades de obturación altas), “retrato” (prioridad a la exposición del primer plano), “baja iluminación” (prioridad a las velocidades de obturación lentas), “luz puntual” (subexposición del primer plano) y “nieve-playa” (sobreexposición).
Control manual anular
Es en este aspecto donde surgen las diferencias más importantes respecto a sus compactas predecesoras. Desde el interruptor para seleccionar esa modalidad -mejor situado y de más lógico accionamiento que en las GS120 y GS200-, hasta el acceso a los parámetros de ajuste, todo se ha simplificado.
Así las cosas, las estrellas de la GS400 pasan a ser los tres pulsadores directos para el control del enfoque y el zoom, la velocidad de obturación y la abertura, y el balance de blancos. Tres botones que, eso sí, dependen de la existencia del anillo de ajuste del objetivo. Éste actúa a modo de dial de variación manual de todos los ajustes antes descritos.
En el caso del primer botón (enfoque y zoom), basta con una pulsación para ajustar la nitidez de imagen mediante el anillo, con un preciso recorrido y excelente tacto, o la distancia focal de la lente. Obviamente, no se puede ajustar al mismo tiempo más de una cosa, por lo que, o bien se deja en manos del automatismo el enfoque y se maneja el zoom con el anillo o con el mando clásico (el deslizador), o bien se maneja el enfoque con el anillo y se modifica el zoom con el mando tradicional.
El botón destinado a la obturación y a la abertura funciona de modo similar. O bien se regula un parámetro, o bien se pulsa de nuevo y se regula el otro. La diferencia radica en que una vez ajustado uno, al pasar al ajuste del otro, el primero se queda estático y no varia. A modo de ejemplo: con la primera pulsación y el giro del anillo, se elige 1/100 s; con la segunda, dejando ese valor ya fijo, se procede a ajustar el diafragma en f8. Otra pulsación, y vuelta a empezar.
Como ya se explicó en el análisis de la GS120, los controles de la abertura y de la ganancia de vídeo de la GS400 también están íntimamente ligados entre sí. De hecho, es imposible regular el uno independientemente del otro. Nada que suponga ningún tipo de problema.
Finalmente, el tercer botón permite configurar el balance de blancos. Están disponibles dos preajustes (luz solar y luz de interiores), el sistema automático y el sistema de regulación manual. Para este último, basta con girar el anillo para seleccionar su icono correspondiente y mantener después pulsado el botón durante un par de segundos para que la Panasonic GS400 realice el balance de blancos y el de negro.
En definitiva: sea cual sea el ajuste, todo es cuestión de pulsar y girar.
Otras opciones
Más allá de los parámetros básicos de exposición manual, la GS400 presume de otros controles interesantes. Entre los más importantes, se encuentran las opciones para la calibración de los niveles de luminosidad, contraste, saturación y nitidez de las imágenes grabadas en la cinta y en la tarjeta SD Card; las características de respuesta en frecuencia, volumen y ganancia del audio, y las tres opciones para la relación de aspecto de imagen 16:9.
La primera opción de tan larga enumeración no tiene secretos. Ya sea en el caso de la grabación de secuencias de vídeo como de fotografías, el resultado de las imágenes puede modificarse. Pese a que lo más recomendable suele ser procesar las imágenes fuera de la cámara, es útil disponer de esta posibilidad, sobre todo en el caso del vídeo. Por ejemplo, una reducción de la saturación a 0 en la máquina (imagen en blanco y negro) bien puede evitar el cálculo posterior de un filtro de “desaturado” en la línea de tiempos de la edición por ordenador.
En lo referente al audio, las opciones son muy completas. Así, podemos dejar el control del nivel de grabación completamente en manos de la videocámara, seleccionar un valor de pico con la asistencia de la ganancia automática para evitar saturaciones, o bien grabar la pista de audio bajo supervisión completamente manual. Asimismo, la GS400 incluye un control destinado al aumento en +3 ó +6 db del rango dinámico de las frecuencias más bajas, útil para paliar el clásico sonido “enlatado” de los micros empotrados de otras cámaras.
La calidad del sonido capturado, ajustes aparte, es notable. Y más teniendo en cuenta lo que se puede esperar de un micrófono situado tan cerca de los mecanismos de la máquina.
La única pega existente en el apartado de audio, y más teniendo en cuenta las numerosas opciones de control de la GS400, es la falta de una toma directa para la conexión de un micro externo. Algo que, probablemente, Panasonic tenga previsto resolver mediante algún accesorio opcional que pueda conectarse a la zapata superior de la cámara.
16:9 real
La Panasonic GS400 resuelve con nota la captura de secuencias de vídeo panorámico de calidad. A la clásica opción de las barras negras superiores e inferiores, añade dos modalidades basadas en el aprovechamiento de un área mayor de CCD. Ambas emplean un sistema de tratamiento electrónico de imagen de tipo anamórfico, gracias al cual las imágenes conservan toda su resolución vertical (parecen alargadas verticalmente, pero están comprimidas lateralmente) y no pierden así tanta calidad cuando se visualizan en la pantalla de un televisor panorámico.
La única diferencia entre las dos modalidades estriba en que una de ellas sólo es 16:9 y la otra, denominada “Pro-Cinema”, captura vídeo panorámico de escaneo progresivo a 25 fps. Además, como en el caso de la Sony PC350, este ajuste añade a las secuencias una gama de colores más suaves, así como una atmósfera “estroboscópica” generada por la sucesión de los cuadros completos. El vídeo adquiere de esta forma un “look” más cinematográfico.
Resultados de calidad
Tal y como pueden imaginarse todos aquellos que conozcan las imágenes generadas por las pequeñas GS120 y GS200, la GS400 cumple holgadamente las expectativas creadas. Las razones son evidentes: los 3 sensores son mayores que los de sus predecesoras, la estabilización es óptica y el procesador interno de vídeo es más potente.
Todo ello se traduce en una imagen más nítida, con menos ruido en toda clase de condiciones (independientemente de si se efectúan ajustes manuales para afinar el resultado final) y con un nivel de saturación y contraste todavía más equilibrado. Una calidad de imagen, en definitiva, sobresaliente.
Las instantáneas capturadas por la GS400 tienen un punto débil: la barrera de los 1600 x 1200 píxeles. Más allá de los 2 megapíxeles, los resultados dejan de ser satisfactorios. Y es que para conseguir los anunciados 4 megapíxeles (2288 x 1728 píxeles) de la GS400, es necesario interpolar. A esa resolución, los artefactos se hacen notables y desvirtúan las verdaderas cualidades de la videocámara: el equilibrio y la naturalidad del color.
Si gustan y pueden, compren
La Panasonic GS400 es una buena cámara. Completa y resolutiva, de excelente calidad de imagen y audio, es un buen aparato para usuarios de muy distinta índole. Desde los que solo quieren calidad sin demasiados toqueteos, a los deseosos de toquetear todo lo posible. Para los primeros, brinda una enorme facilidad de uso; para los últimos, incorpora multitud de funciones avanzadas, a las que hay que añadir otros extras útiles, como un generador de barras de color, el sistema zebra para el control de la exposición y un puerto USB 2.0 como alternativa al Firewire.
Sus defectos más graves se quedan en la escasa autonomía de su batería de serie –un mal generalizado-, y en la más que previsible falta de calidad de las instantáneas tomadas a gran tamaño mediante la interpolación de los píxeles de sus 3 CCD.
TEXTO: Xavier Tomàs
FOTOS: Núria Aguadé