Doble cuerpo
De entrada, el diseño externo de la HC1000 difiere bastante del de la TRV950. Es algo más corta y baja, aunque más ancha, porque la nueva cámara se caracteriza por disponer de un cuerpo dividido en dos bloques que giran entre sí 90 grados.
Por un lado, se encuentra la empuñadura para la mano derecha, que a su vez, sirve de compartimento para la cinta. Un pequeño rectángulo de buena sujeción en el que también se hallan los mandos principales de control de la cámara, léase: el interruptor de alimentación, el selector principal de modos (cinta, tarjeta, y VTR), los disparadores de vídeo y foto y el mando del zoom.
El segundo cuerpo -el principal- acoge el objetivo, la pantalla TFT táctil, un flash retráctil, un micrófono estéreo, la zapata para accesorios inteligentes, un compartimento interno para la batería y el visor. Este último, por cierto, no bascula como sí lo hacía el de la TRV950. También se encuentran dispuestos en éste bloque otros mandos: el del bloqueo general de todos los automatismos y los relacionados con el control del enfoque, el zoom y los datos visualizados en pantalla.
Si bien puede decirse que la posibilidad de rotar la empuñadura para grabar fácilmente planos picados o contrapicados es una buena idea, lo cierto es que no aporta grandes ventajas.
Primero, porque el ángulo de rotación está limitado a unos exiguos 90 grados. Segundo, porque la rosca del trípode se halla en el cuerpo principal, lo que elimina la posibilidad de anclar la empuñadura y rotar el cuerpo para encuadrar creativamente. Tercero, porque aumenta el volumen y desplaza hacia la izquierda el centro de gravedad de la máquina, sobre todo cuando se montan accesorios. Y cuarto y último handicap, porque el asa de sujeción de la máquina se ancla exclusivamente en la tapa del compartimento de la cinta, obligando a soportar todo el peso del conjunto cuando se cierra.
Dependencia de la pantalla táctil
Hecho el recuento de mandos, es sencillo darse cuenta -siempre comparándola con la TRV950- de que el número de controles visibles ha disminuido considerablemente.
Y es que todos los pulsadores relacionados con el acceso directo al control manual de distintas funciones (nivel de exposición, balance de blancos, velocidad de obturación y nivel de grabación de audio) han desaparecido por completo. Con la llegada de la HC1000, han emigrado para residir ahora en el sofisticado mundo virtual de la pantalla táctil de 2,5 pulgadas.
De la misma manera, el conjunto de botones que antes podía encontrarse escondido bajo la gran pantalla de 3,5 pulgadas de la TRV950, tampoco está ubicado ahora en el lugar equivalente de la HC1000. Desde los controles del transporte de la cinta al ajuste de funciones específicas, todo -absolutamente todo- está dentro del menú de configuración de la pantalla electrónica.
En términos estrictamente técnicos, la verdad es que la nueva pantalla TFT de la HC1000, más pequeña que la de la TRV950 pero retroiluminada, sí goza de una mejor legibilidad en todo tipo de situaciones de luz. Era éste un grave problema del modelo anterior que limitaba mucho su uso en exteriores o bajo fuentes de luz intensas.
Nueva visión
En el apartado óptico, las diferencias con la TRV950 son algo más "visibles" de lo que pueda parecer. Al margen del cambio de fabricante -antes firmaba Sony y ahora lo hace Carl Zeiss-, destaca la mejora de los resultados obtenidos con la HC1000.
Así, a pesar de que su sistema óptico mantiene las mismas cifras en potencia de zoom (12 aumentos) y luminosidad (f1,6-2,8) que el de la cámara anterior, se han eliminado algunos ligeros brillos y halos que afectaban a la calidad general de imagen (magnífica, en cualquier caso) de la TRV950. Una mejora que, suponemos, estriba en el tratamiento especial antirreflejos de este objetivo Carl Zeiss T*.
Por otra parte, el endémico problema de la falta de angular persiste en los 49 milímetros de la HC1000, de modo que, asumiendo las prestaciones generales de la máquina, muchos de sus potenciales propietarios deberán considerar la opción de adquirir un convertidor adicional. Un detalle que, como en la TRV950, tiene -entre otros- el inconveniente del aumento de peso y volumen del conjunto.
Anillo de enfoque y zoom manual
Los controles generales sobre el objetivo de la HC1000 son bastante extensos, aunque no tanto como en la TRV950. Por lo visto, el hecho de que el nuevo anillo de enfoque de la HC1000 también pueda funcionar como mando del zoom ha supuesto el "desvanecimiento" de ciertos mandos presentes en el objetivo de su predecesora.
Es el caso del selector directo para la posición de enfoque hacia el infinito, o el del pulsador para el acceso instantáneo a la medición automática de la distancia desde la modalidad de enfoque manual.
El uso del anillo del zoom no esconde demasiados secretos. Los resultados, desafortunadamente, no son muy halagüeños, pues peca de excesiva sensibilidad. Y es que, aun en manos expertas y pacientes, sólo resulta verdaderamente eficaz para realizar ajustes sin prisas. O lo que es lo mismo: para manipularlo mientras no se está grabando.
Finalmente, cabe comentar que la palanca motorizada del zoom también pertenece a la misma familia de mandos esquizofrénicos. Y es que si bien cuenta con un rango suficiente de velocidades lentas y rápidas, requiere de un dedo índice con excesiva precisión, más bien propia de un cirujano. Todo ello rematado por el hecho de haber convertido en una palanquita plástica el generoso mando presente en la TRV950.
Equipo completo
Más allá del diseño, la ergonomía y el tipo de control, pocas son las diferencias internas entre el antiguo y el nuevo modelo. Comparten el 99% de su equipamiento y, por tanto, son también mínimas las sorpresas.
Aspectos como el control de la velocidad de obturación, el balance de blancos manual, los niveles de exposición y grabación de audio, el generador de barras, y el sistema zebra siguen estando ahí. Aunque, contradictoriamente, al estar todos ellos concentrados en la pantalla TFT, quedan menos "a la vista" que los botones físicos de la TRV950.
El amplio listado de funciones continúa, entre otros, con el nuevo sistema 16:9 anamórfico, que respeta toda la resolución vertical de imagen; los nuevos ajustes de nivel de contraste y definición de imagen; la regulación del nivel de exposición automática, que admite determinar un factor de compensación previo para el sistema automático; los clásicos y vistosos ajustes puntuales de Sony par el enfoque y la exposición, que tienen como inconveniente su contribución a los movimientos de la cámara; el NightShot para la grabación a oscuras, y un flash retráctil con tres niveles de compensación y reducción de ojos rojos.
Los únicos controles físicos que comparte la HC1000 con la TRV950 atañen al botón para la visualización del nivel de batería restante, al bloqueo de los ajustes manuales ("Auto Lock") y al pulsador para la activación de la compensación de contraluces.
Mención aparte merece el sistema de transmisión inalámbrica de datos Bluetooth de la TRV950, que ya no está en la HC1000.
La misma gran imagen...
La calidad de imagen era unos de los factores decisivos en la adquisición de la antigua TRV950, y también podría serlo en la de la HC1000. El motivo: ambas comparten el mismo bloque básico, con 3 CCD de 1/4,7 de pulgada y 1.070.000 píxeles por unidad. Un conjunto acompañado de un estabilizador óptico de imagen y un procesador DXP de 14 bits. Lo mejor de la casa, en definitiva.
El resultado es el esperado. En condiciones de iluminación adecuadas -léase exteriores a pleno sol-, no pueden más que hacerse elogios. Una excelente resolución y una buena separación de colores con un balance tonal natural son la seña de identidad de las imágenes capturadas. Eso sí, los rojos, como en la TRV950, están algo sobresaturados.
Claro que, con un poco de paciencia y tras regular manualmente la exposición, las cosas mejoran. Bastará con eliminar la tendencia a la sobreexposición del sistema automático reduciendo sensiblemente el nivel de ganancia o aumentando un par de puntos la velocidad de obturación.
Las cosas empeoran cuando las condiciones de luz sucumben a la penumbra. El grano aumenta y las zonas más oscuras toman cierta tendencia al gris.
Pese a todo, la calidad de imagen se encuentra siempre dentro de los parámetros habituales en una videocámara de estas características. Con poca luz, la mejor alternativa -como siempre- consiste en utilizar una fuente de luz auxiliar, acompañada de los ajustes manuales adecuados.
La vertiente fotográfica de la HC1000, por otro lado, no merece ningún análisis adicional. Es mediocre, como ya sucedía con la TRV950. Y es que la resolución máxima del trío de captadores no es para tirar demasiados cohetes. Sirve como función auxiliar, pero no sustituye a un cámara fotográfica digital.
...pero el mismo audio
La calidad final del audio sigue siendo la asignatura pendiente de la sucesora de la TRV950. Posiblemente porque el posicionamiento de su micrófono en la parte superior trasera del cuerpo de la máquina (en la TRV950 se hallaba en el frontal) contribuye todavía más a la captura de ruidos procedentes del paso del aire o de la manipulación de la cámara.
Y es que si bien la respuesta en frecuencia del dispositivo es buena, su sensibilidad a las interferencias comentadas empañan su buen rendimiento.
Como novedad, la HC1000 introduce una modificación que la prepara para emplear un micrófono opcional de tecnología de sonido envolvente 5.1, con un total de 6 canales. Mediante dos conexiones localizadas en el frontal derecho, y una vez instalado éste en la zapata inteligente para accesorios, es posible registrar el audio procedente de los canales delantero, trasero, izquierdo y derecho frontal, e izquierdo y derecho trasero.
Gracias a un menú interno de la videocámara, el usuario puede gestionarse dichos canales. Aunque cabe puntualizar que la grabación de ese audio se efectúa a 12 bits y no a 16, como el sonido estéreo normal, y que no se transmite fuera de la cámara si no es mediante su conexión con un portátil Vaio de Sony que disponga del software Click to DVD 2.0 o superior.
Así mismo, empleando exclusivamente una de las dos entradas para micro, puede conectarse un micrófono externo convencional. Una salida de auriculares estándar permitirá su monitorización.
Problemas de control
¿Cómo se le ocurre al gigante nipón sustituir una máquina completamente manual como la TRV950 por otra con todo su control supeditado a una pantalla táctil? La respuesta es difícil de hallar. O bien se ha equivocado rotundamente, o bien tiene previsto introducir una videocámara totalmente nueva en los meses venideros, dejando claro que la HC1000 no es la sustituta directa de la TRV950.
¿Se puede pretender que el antiguo usuario de una TRV950 comprenda que debe navegar ahora en una pantalla táctil de una pulgada menos para encontrar, por ejemplo, el control de la velocidad de obturación? Máxime cuando, después de ajustar también el nivel de exposición, este mismo usuario quiere reajustar la velocidad y se encuentra con ésta permanece bloqueada por el ajuste previo, obligándole a navegar por la pantalla para empezar de nuevo.
Tampoco es admisible que el visor de la videocámara sea un juguete inútil. No sólo no bascula, sino que la dependencia absoluta de la pantalla táctil para el control de todas las funciones le otorga una misión poco más que simbólica. Y es que sólo sale a cuenta utilizarlo si se ajusta la cámara previamente y se cierra la pantalla con la previsión de no tener que tocar nada de nada.
Por último, es obvio que hurgar en un dispositivo táctil mientras se graba, únicamente puede inducir a una cosa: estropear el trabajo del estabilizador óptico de imagen, que funciona a la perfección.
Un espacio vacío por ocupar
La DCR-HC1000 es un producto difícil de encajar. Y no porque sea -ni mucho menos- una mala videocámara, puesto que su rendimiento general es excelente. Lo es por una cuestión de sucesión.
Teniendo en cuenta que los compradores potenciales de la TRV950 eran -y son- un público muy específico (aficionados avanzados o semiprofesionales del vídeo) y demandan cosas muy concretas (alto rendimiento, calidad, capacidad de ajuste y grandes dosis de control manual), la HC1000 no cumple con las expectativas.
Porque la HC1000 es una gran videocámara doméstica automática y muy bien equipada. Una cámara apta para todos aquellos dispuestos a pagar su precio y que, confiados en sus controles automáticos de buena respuesta, esperan grabar vídeo digital sin más preocupaciones que el encuadre.
Pero, en ese caso, ¿cuándo llegará la esperada cámara manual destinada a satisfacer a los videoaficionados exigentes más fieles a la marca? Todo indica que queda un hueco por rellenar, puesto que la DCR-VX2100, cercana a los 3.000 euros, pertenece al siguiente eslabón en el catálogo de la marca.
TEXTO: Xavier Tomàs
FOTOS: Núria Aguadé