Vieja conocidaPocas novedades estéticas y cambios de diseño se podían esperar de una cámara que sigue los pasos de sus predecesoras al pie de la letra. Sin ir más lejos, el análisis ya publicado en este mismo medio sobre la MV600 podría aplicarse, con unas pocas modificaciones, a la cámara que ahora nos ocupa.
Caracterizada por un tamaño compacto y unas formas simples, la Canon MV750i ofrece una cómoda adaptación a la mano del usuario. La ergonomía general es correcta, con todos los controles de funcionamiento principal (alimentación, disparadores para vídeo y foto, zoom, selector entre cinta y tarjeta de memoria, y el interruptor para el modo automático total) al alcance de la mano derecha. Un concepto que facilita la grabación en automático con un único brazo.
En el momento de recurrir a algunos ajustes adicionales, la mano izquierda queda libre para manipular un nada mareante número de mandos, todos ellos dispuestos alrededor y por debajo de la modesta pantalla TFT de 2,5 pulgadas. Modesta, porque no destaca ni por resolución ni por su mediocre visibilidad en condiciones de intensa iluminación ambiente. Defectos, todos ellos, que la MV750i comparte con su predecesora.
Algo parecido sucede con el visor en color, que tampoco despunta por un excelso nivel de detalle. Para más inri, se hace imprescindible desplazarlo hacia arriba para poder sacar la batería de su alojamiento con facilidad.
Pero no todo son críticas. En comparación con la serie anterior, se nota la mejora del tacto y accionamiento del mando del zoom. Y es que los problemas para regular con precisión el rango útil de velocidades del motor del objetivo parecen haberse solventado con éxito.
Sin complicaciones
Al costado izquierdo de la máquina y discurriendo justo encima del monitor, se halla una fila superior de cuatro botones metálicos y redondos, de buen tamaño y fácil accionamiento. Característicos de esta saga de cámaras desde sus inicios, están destinados a la activación de las funciones de grabación nocturna, a la selección de la modalidad de enfoque (manual, infinito o automático) y a la búsqueda de la cola (REC SEARCH) de las últimas imágenes grabadas.
Cuando la cámara se halla en la modalidad de reproducción, la función de estos mandos pasa a convertirse en el control del transporte (avance, paro, rebobinado…) de las capturas.
En el lateral de la pantalla, a escasos centímetros del cierre de ésta y de la compuerta del compartimento de la tarjeta SD Card, se hallan un dial de variación de parámetros -con pulsador para la confirmación- y un botón para entrar en el menú principal de la máquina. También se encuentra en ese mismo lugar un led que indica el nivel de carga de la batería y el acceso a los datos contenidos en la tarjeta de memoria.
Bajo el monitor, se encuentran otros 5 pulsadores: dos para la activación y selección de los efectos digitales, uno para la conmutación entre los diferentes modos de visualización de datos o el acceso al disparador automático, otro para el control del traspaso de imágenes entre la cinta y la tarjeta, y el habitual mando para la variación manual del nivel de exposición. Un ajuste, este último, que conlleva obligatoriamente la apertura de la pantalla. Nada extraño, por otro lado, en una máquina destinada sobre todo a los usuarios ávidos de automatismos y del uso continuo del monitor TFT.
Sí es criticable, a nivel de diseño, la necesidad de desplegar el monitor TFT para poder abrir la tapa del compartimento de la tarjeta de memoria. Algo, sin duda, poco cuidado y perfectamente mejorable.
Cuestiones técnicas
El tamaño del sensor de la MV750i es de 1/6 de pulgada, un detalle que se mantiene invariable desde el ancestral eslabón MV500. Por el contrario, y a diferencia de los 540.000 puntos que brindaban aquellas videocámaras, la resolución de la serie MV700 -como la de la MV600- alcanza los 800.000 píxeles. Un mayor número de píxeles que responde a las necesidades de captura fotográfica implementadas ya en la anterior saga.
El diminuto tamaño del sensor de la MV750i tiene dos consecuencias claras: por un lado, facilita la tarea de construcción de un luminoso objetivo, de f1.6, que deslumbra con su tele de 22 aumentos (unos 1188 mm, en el formato de 35 mm). Pese a ello, muestra una escasez de angular aún más exagerada de lo habitual entre las cámaras domésticas: unos 54 mm, expresados en el formato de 35 mm. Por otro lado, surge el inevitable problema del ruido en la imagen cuando la luz de las escenas escasea.
Y es que el tamaño del sensor es uno de los dos puntos débiles de la serie básica de Canon. El CCD de 1/6 de pulgada de la MV750i, el tamaño estándar más pequeño dentro de las videocámaras de ámbito doméstico, rinde aceptablemente en condiciones de buena iluminación, mostrando una buena resolución y una correcta reproducción del color. Pese a ello, al grabar en interiores u otros lugares con niveles de iluminación reducidos, el nivel de ruido se desata visiblemente.
El ajuste manual del nivel de exposición, la velocidad de obturación y el balance de blancos pueden contribuir a matizar los resultados. Pero no se le pueden pedir peras al olmo: o se añade más luz a la escena -algo que no siempre es posible- o se aceptan las limitaciones. Es lo que hay.
El segundo punto débil es el sonido. Modelo tras modelo, Canon ha mejorado la calidad del audio grabado, pero la interferencia del motor del mecanismo de la cinta sigue siendo la asignatura pendiente. Es cierto que la MV750i pertenece a la gama económica de la marca, pero… ¿Cuándo se decidirá el fabricante a presumir de un audio más limpio? Interferencias aparte, la respuesta en las frecuencias del audio capturado es correcta y no plantea ningún problema.
Equipo completo
La ventaja de la MV750i respecto a sus hermanas de serie es su mayor nivel de equipamiento y su más amplia funcionalidad. Gracias a ello, puede jactarse de ser una de las videocámaras económicas mejor dotadas de su segmento, tanto por su elevado nivel de conectividad y funcionalidad, como por el grado de control sobre sus prestaciones.
Empezando por las cuestiones menos visibles, como son el estabilizador de imagen y el procesador DIGIC DV, la MV750i pasa el examen con buena nota. El primero, de tipo electrónico, cumple perfectamente. Basta desconectarlo un rato para comparar y valorar así su buen funcionamiento.
El procesador DIGIC DV consigue que la videocámara mejore notablemente la respuesta colorimétrica de las instantáneas capturadas. Las fotos capturadas que pueden pasar por otras tomadas con una máquina fotográfica, aunque -eso sí- de baja resolución. Al no llegar ni al millón de píxeles, el CCD de la MV750i no es capaz de ofrecer un resultado más brillante en este apartado.
La grabación de imágenes en formato panorámico cuenta con la misma solución que emplean algunos modelos pertenecientes al tope de gama de la marca (léase MVX3i y MVX10i). Se trata del sistema 16:9 anamórfico que, a diferencia de los basados en la técnica de enmascarado, conserva íntegra toda la resolución vertical de la imagen mediante un proceso electrónico de compresión horizontal.
Para lograr un mayor grado de cobertura en los planos con distancias focales cortas y aliviar así las discretas prestaciones del objetivo, el fabricante incluye de serie un conversor 0,6x para angular. Con ese factor de multiplicación, la distancia focal de la cámara baja hasta unos más dignos 32,4 mm (equivalente en 35 mm).
Los aficionados y entusiastas de las filmaciones en la oscuridad encontrarán en la MV750i todas las opciones presentadas por la marca en esta materia. Tres son las modalidades incorporadas: Modos Night, Night+ y Super Night, basadas todas ellas en la velocidad de obturación lenta. Se distinguen entre sí por el uso adicional de la lámpara LED auxiliar ubicada bajo el objetivo (fija en el modo Night+, automática en el Super Night), y por el control automático del nivel de ganancia en función del nivel de iluminación.
¿El resultado? dependiendo de la lentitud de la velocidad de obturación, puede pasarse de imágenes "movidas" de gran consistencia visual, a los más chapuceros pastiches en color.
Finalmente, cabe destacar que la MV750i ofrece la posibilidad de instalar una unidad de iluminación auxiliar en la zapata -que es pasiva- para los accesorios incluidos de serie. Es ésta la opción más recomendable para obtener unos buenos resultados allí donde no hay suficiente luz.
Representante de un concepto básico
Más allá de sus limitaciones en resolución y del rendimiento en condiciones de iluminación reducida, a la MV750i se le pueden achacar pocos defectos importantes. Entre éstos, podríamos criticar su justa autonomía -aunque mejorable con la adquisición de la típica segunda batería de mayor capacidad-, la incómoda necesidad de cargar forzosamente la batería en la propia cámara y la poco práctica carga inferior de la cinta. Nada más.
Y es que está claro que esta videocámara disfruta de una lograda combinación de ingredientes para agradar a muchos videoaficionados con presupuestos ajustados. Una solución calculada y conveniente para muchos (vídeo y foto en una sola máquina), excepto para los realmente exigentes con la calidad. Estos últimos usuarios no encontrarán la respuesta a sus necesidades en la gama MV700 de Canon: no hay euros a 20 céntimos.
El kit de serie de la Canon MV750i incluye una batería recargable (BP-508) de ión de litio -de autonomía bastante justa-, una tarjeta de memoria SD Card de 8 MB -sólo útil para almacenar instantáneas, pero insuficiente para la grabación de clips de vídeo-, un adaptador AC para la alimentación y recarga de la batería, un cable USB, un cable A/V, un adaptador para el euroconector, un mando a distancia, un conversor para angular (de 0,6x), una tapa para el objetivo y una correa para el hombro.
Xavier Tomàs