La misma filosofía que la HDC-SD100, pero con una mejor tecnología. Ésta es la fórmula del éxito de Panasonic con esta HDC-TM300.
La primera destacaba por albergar en un cuerpo ligero y muy compacto todo lo que un usuario avanzado le reclama a una videocámara, pero lamentablemente la calidad de imagen no estaba a la altura de las circunstancias.
Aprendida la lección, Panasonic reedita con la TM300 los logros de la SD100 y mejora sensiblemente la calidad de imagen en alta definición, dando lugar a la que sin duda es una de las videocámaras más redondas de los últimos años.
Anillo, visor y zapata
Uno de los logros de Panasonic con esta TM300 es la concentración de numerosos controles y prestaciones sin que ello comprometa en demasía el tamaño y el peso del conjunto. Algo que deja en mal lugar a ciertas cámaras de la competencia, que renuncian a prestaciones importantes con el pretexto de ofrecer un tamaño comedido en sus productos.
Así, la TM300 aloja en su ajustada superficie características de gran utilidad, como un anillo de control en la óptica, un visor electrónico y una zapata para accesorios.
La zapata es precisamente lo primero que ha llamado nuestra atención. Panasonic ha optado en este caso por una solución muy original: situar la zapata en una pequeña pieza independiente que puede acoplarse y desacoplarse de la cámara según las necesidades de cada usuario.
El anillo de control, por su parte, repite los éxitos y fracasos que ya vimos en su primera incursión en la SD100. Así, brinda un tacto suave y preciso y resulta especialmente agradable para tareas como el enfoque manual o el desplazamiento del zoom.
Lamentablemente, las dimensiones de la cámara no dan mucho margen de maniobra, y tanto el monitor LCD cuando está desplegado como el flash dificultan el uso del anillo, condicionando parte de su utilidad.
Como ocurre con los últimos modelos de la firma, la TM300 viene equipada con un monitor de control táctil que -en este caso- cuenta con una diagonal de 2,7 pulgadas y 230.400 píxeles de resolución.
En este sentido, y teniendo en cuenta que se trata del modelo más avanzado del catálogo no profesional de Panasonic, la TM300 queda por detrás de algunas de las propuestas de Sony para esta temporada, que arman potentes pantallas de 3,2 pulgadas y 921.000 puntos.
Una vez más, eso sí, valoramos positivamente la incorporación de un visor electrónico, que aunque no es una maravilla, puede ser muy útil en determinadas circunstancias.
Zoom por varias vías
Panasonic sigue echando mano de las prestigiosas ópticas Leica para armar sus videocámaras más potentes. La TM300 cuenta de este modo con un objetivo Leica Dicomar con un zoom de 12 aumentos y unas focales equivalentes de 45–539 milímetros.
La cámara ofrece además tres maneras distintitas de hacer zoom: con el anillo de la óptica, con la palanca de la parte superior de la cámara y a través de unos botones de membrana situados en el marco del monitor LCD.
Tanto el anillo como la palanca de control proporcionan una experiencia de uso correcta y precisa. Los botones, no obstante, representan uno de los pocos aspectos criticables de esta videocámara, ya que son difíciles de pulsar y tienen un tacto excesivamente rígido.
A todo color (incluso a oscuras)
Pero por encima de estos detalles, la TM300 aventaja a sus predecesoras gracias a un importante salto evolutivo a nivel técnico.
La cámara cuenta ahora con tres sensores MOS de 1/4,1 de pulgada, un tamaño sensiblemente mayor que el de modelos anteriores. Responsables en gran parte de la excelente calidad de imagen que ofrece la TM300, cada sensor cuenta además con 3,05 millones de píxeles, lo que suma un total de 9,15 megapíxeles de resolución total.
Este aumento en la superficie útil del sensor y en su resolución se deja notar, y la TM300 supera con creces el rendimiento de cualquiera de los modelos que Panasonic lanzó al mercado la pasada temporada.
Para empezar, la TM300 abandona esa marcada tendencia que tenía Panasonic a sobresaturar los colores, mostrando esta vez unas tonalidades mucho más suaves y equilibradas y tremendamente fieles a la realidad. (Quien guste más de esos colores más vivos puede conseguirlo mediante los ajustes de imagen que ofrece la clamara.)
Del mismo modo, la imagen gana en nitidez y disfruta de unos contornos y unas superficies mucho más detalladas y limpias. El ruido electrónico, cuando contamos con buena luz, desaparece casi por completo.
Sólo podemos destacar negativamente la presencia del algún que otro artefacto de compresión, consecuencia de combinar el códec AVCHD con movimientos rápidos en algunas escenas con detalles finos. En todo caso, este inconveniente raras veces resulta claramente visible o molesto.
Cuando la luz empieza a escasear la TM300 se revela como una plusmarquista en esta categoría, y es que necesita realmente poca luz para obtener imágenes perfectamente utilizables. Las tonalidades se mantienen saturadas y vivas en condiciones en las que otras cámaras –entre ellas de la propia Panasonic– pierden casi toda la información del color.
Y todo esto teniendo en cuenta que la TM300 ofrece en su ajuste AVCHD de máxima calidad un flujo de datos de 17 Mbps, por debajo de los 24 Mbps que podemos encontrar en los camascopios de Canon.
Amplio control, y táctil
Aunque no es ni mucho menos el aspecto más destacado de esta videocámara, Panasonic ha publicitado a bombo y platillo el manejo táctil de su última generación de cámaras HD. Así, al igual que sus compañeras HDC-SD20 y HS300, la TM300 renuncia al clásico joystick en la parte posterior que tanto nos gustaba para centrar el control del dispositivo en el monitor táctil.
Por desgracia, esta decisión limita el uso del amplio elenco de controles manuales que ofrece la cámara. Y es que la pantalla táctil no es, ni mucho menos, el medio más indicado para ajustar algunas opciones como la obturación, el diafragma o la ganancia.
De hecho, si decidimos usar el visor electrónico, perdemos consecuentemente la principal vía de control de la cámara.
En este caso, Panasonic ofrece la posibilidad de ajustar estos parámetros mediante el anillo en la óptica, aunque antes debemos configurarlo a través del menú de opciones. En este sentido, se echa de menos algún acceso directo que facilite la asignación de funciones al añillo de control de una forma más rápida y práctica.
La existencia de la pantalla táctil, sin embargo, encuentra parte de su razón de ser en una curiosa funcionalidad bautizada como AF/AE Tracking.
Esta función permite al usuario escoger el elemento de la escena a partir del cual la cámara realizará los ajustes de foco y exposición con sólo señalarlo en la pantalla. Con la peculiaridad, además, de que permanecerá seleccionado aunque éste se mueva o salga momentáneamente del encuadre.
Además de los mencionados controles manuales, la TM300 puede presumir de unos ajustes automáticos rápidos y precisos. Aglutinados en el ya clásico modo Ai (o “automático inteligente”), el enfoque, el balance de blancos y la exposición ofrecen unos resultados realmente buenos.
Merece la pena destacar, además, la posibilidad de grabar vídeos con intervalómetro para generar películas al estilo lapso de tiempo, más conocido por su denominación en inglés “time-lapse”.
Fotografía y sonido
Aunque un vistoso letrero en la carcasa de la cámara promete fotografías de hasta 10,6 megapíxeles, el mayor tamaño de imagen que podemos conseguir con la TM300 -sin recurrir, eso sí, a la molesta interpolación- es de 3520 x 2640 píxeles, es decir, unos 9 megapíxeles.
Un tamaño realmente impresionante para una cámara de vídeo que, además, puede presumir de obtener instantáneas bastante decentes. Las fotos obtenidas con la TM300 son de bastante calidad y ofrecen unas tonalidades saturadas y una buena nitidez.
Aun así, la casi omnipresente presencia de ruido electrónico marca aún las diferencias entre las videocámaras y las cámaras fotográficas un poco decentes. Y es que no debemos olvidar que hablamos de sensores de imagen muy pequeños y repletos de píxeles.
La TM300 cuenta con conexión para micrófono y auriculares, así como con un captador propio compatible con Dolby 5.1. Desgraciadamente, ninguno de estos tres elementos está bien posicionado. El micro está demasiado expuesto a rozaduras y las conexiones permanecen excesivamente cerca de la correa de mano.
La cámara permite ajustar el nivel de entrada tanto del micrófono integrado como de un posible externo, y ofrece además un filtro que permite levantar los tonos graves del sonido con unos valores de 0, 3 y 6 decibelios.
Panasonic en cabeza
Con una cantidad innumerable de aciertos y con tan sólo unos pocos -y no muy notorios- tropiezos, la Panasonic HDC-TM300 es una de las cámaras más interesantes de esta temporada.
Quienes estén dispuestos a asumir su elevado -aunque justificado- precio, sean aficionados recién iniciados o usuarios más avanzados, encontrarán en esta cámara una perfecta aliada para sus grabaciones, con una calidad de imagen excelente y una funcionalidad a prueba de bombas.
TEXTO Y FOTOS: Álvaro Méndez