Panasonic prosigue su andadura en el segmento del disco duro, iniciado en 2007 con las SDR-H250 y H20. La SDR-H40 conserva algunos de los rasgos diferenciales de la firma, como el amplio control manual y la naturaleza híbrida, es decir, la posibilidad de usar como soporte de grabación de vídeo el propio disco duro de la cámara y tarjetas de memoria SD Card.
Este modelo, eso sí, se apunta a la reciente moda de los zooms extremos (42 aumentos nada más y nada menos) y apuesta por la sencillez, tanto en sus prestaciones como en su cuestionable diseño.
Discreto envoltorio
La H40 no destaca precisamente por un diseño estiloso, y menos aún dentro del catálogo de Panasonic, en el que cohabitan cámaras tan sumamente elegantes como la HDR-SD9 o la SDR-SW20. Lo cierto es que esta cámara tiene cierto aire antiguo, como si se tratara de un modelo de hace algunos años.
Al margen de consideraciones estéticas, la H40 es bastante cómoda, quizá un poco gruesa para personas con manos pequeñas, pero bien equilibrada y ligera.
A pesar de que a primera vista parece un tanto abultada, sus dimensiones de 70 x 67 x 116 milímetros demuestran que tiene un volumen bastante comedido, sobre todo teniendo en cuenta que alberga un disco duro de 40 GB en su interior.
Se maneja -eso sí- con mucha solvencia, gracias a la buena disposición de los controles. Y en especial, gracias al joystick multidireccional situado en la parte trasera, cerca del pulgar, que ya es una seña de identidad de las videocámaras de Panasonic.
De la misma manera, la palanca de zoom es bastante grande y cómoda, y permite usar con facilidad las tres velocidades distintas de desplazamiento de foco que ofrece la H40.
Hay que destacar también la incorporación en este modelo de algunos accesos directos a funciones interesantes, como el estabilizador de imagen o la llamada Power LCD Plus, que incrementa progresivamente el brillo del monitor para mejorar su visibilidad.
El LCD, que tiene por cierto una diagonal de 2,7 pulgadas y 123.200 píxeles de resolución, goza de una visibilidad por encima de lo habitual que facilita su uso en entornos de luminosidad extrema. Hemos detectado, eso sí, una ligera tendencia a falsear la imagen, especialmente notoria en las tonalidades de color.
Otro aspecto controvertido del diseño de esta videocámara lo encontramos en la posición de la batería. Ésta se aloja en un hueco situado en la base de la cámara y únicamente se sujeta con un pequeño resorte. Si accionamos -o se acciona por accidente- el resorte, la batería sale despedida hacia el suelo.
Francamente, consideramos más inteligente la ubicación de la batería en la parte posterior de la cámara, o en todo caso protegida por una tapa algo más segura. Esta disposición imposibilita además el uso de pilas de mayor tamaño y capacidad, así como acciones tan normales como cambiar la batería mientras la cámara está anclada en un trípode.
Otro zoom estratosférico
La moda de los zooms largos parece haber calado fuerte entre las videocámaras de gama baja, y el objetivo de 42 aumentos de la H40 no es una excepción. Ahora bien, esta videocámara cuenta con una prestación que la hace destacar entre sus coetáneas de zoom estratosférico que hemos probado: el afamado estabilizador óptico Mega O.I.S.
Y es que este estabilizador de probada solvencia permite utilizar con cierta dignidad las focales más extremas de la óptica, cosa que en otras cámaras resultaba prácticamente imposible a causa de la inevitable trepidación.
Con todo, y aun valorando muy positivamente la incorporación del estabilizador óptico en esta gama de cámaras, un zoom de 42 aumentos nos sigue pareciendo excesivo. Y es que el objetivo de la H40, manufacturado por cierto por la propia Panasonic, arma una focal equivalente de 33,4-1403 milímetros cuando grabamos en formato panorámico.
Afortunadamente, en este caso el brutal teleobjetivo no parece producir consecuencias serias en la nitidez de la imagen, problema que sí hemos detectado en otros dispositivos de similares características.
Sin embargo, a medida que nos acercamos a las focales largas, las aberraciones cromáticas en forma de halo violeta se hacen más que evidentes a lo largo y ancho de la toma, así como la pérdida de luminosidad en los bordes de la misma.
Luz, por favor
Estamos en un momento en que, excepto contadas ocasiones, todas las videocámaras del mercado son capaces de ofrecer una calidad de imagen aceptable siempre y cuando, eso sí, las condiciones de luz acompañen.
La H40, con su CCD de 1/6 de pulgada y 800.000 píxeles de resolución, es otro ejemplo paradigmático de este principio. En un día soleado, ofrece una calidad que no defraudará a la mayoría de usuarios, con unos colores vivos y saturados -especialmente en los tonos verdes-, un equilibrado contraste y un decente nivel de detalle.
Cuando la luz empieza a atenuarse, el escaso tamaño del captor se deja notar y la cámara pierde paulatinamente el brillo y el color, a la vez que el ruido electrónico invade la imagen.
Cabe destacar, eso sí, el buen trabajo que hace esta cámara con la compresión MPEG-2, que alcanza un flujo de datos variable de hasta 10 Mbps. En las pruebas realizadas, el proceso de compresión cumple con solvencia sin ensuciar la imagen ni cometer errores evidentes.
Controles manuales asegurados
Si hay algo en lo que Panasonic nunca decepciona es en el generoso elenco de controles manuales que ofrecen todas sus videocámaras, de la más cara a la más asequible. Así, la H40 permite gestionar manualmente la velocidad de obturación, la abertura del diafragma, el enfoque, el balance de blancos e incluso la ganancia de vídeo.
Todos estos controles, así como la navegación y las opciones de menú, se manejan mediante el joystick trasero con mucha facilidad.
Evidentemente, la H40 también puede funcionar de forma totalmente automática, y lo hace además con solvencia. La cámara enfoca con bastante precisión y rapidez, incluso en las focales largas, y responde con agilidad a los cambios bruscos de luz y temperatura de color.
Fotografía, sonido y conexiones
Si en general no podemos esperar un gran rendimiento fotográfico de una cámara de vídeo, de la H40 todavía menos, y es que su sensor de 800.000 píxeles augura malos resultados en este terreno. Así, permite capturar instantáneas de 640 x 480 y 640 x 360 píxeles, este último tamaño correspondiente a un formato panorámico con proporción de 16:9.
Las fotografías resultantes tienen una calidad francamente pobre, parecida de hecho a la que podemos obtener con un teléfono móvil, y sufren principalmente de una ausencia de nitidez y detalle muy molesta.
Resulta curioso además que la cámara no permita tomar fotografías mientras estamos capturando vídeo. De hecho, el botón es el mismo para ambas operaciones, algo que no se estila mucho actualmente.
En lo tocante a la grabación de sonido, la H40 cumple con las expectativas propias de un modelo de estas características. El audio se captura con normalidad mediante un captador estéreo situado en la parte frontal de la cámara, que cuenta además con las funciones de filtro de viento y zoom de micrófono.
La H40 es, por otra parte, parca en conexiones: un puerto USB 2.0 y un conector compartido por vídeo compuesto y audio estéreo es todo lo que podemos encontrar en la carcasa de esta videocámara. Para conectarla a la red eléctrica, está provista de un cable específico con un terminal que encaja perfectamente en el hueco de la batería.
Para videógrafos poco exigentes
Llegados a este punto, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la Panasonic SDR-H40 no decepcionará a aquéllos que busquen una cámara sencilla, relativamente pequeña y con calidad suficiente.
A todo esto tenemos que añadir el aliciente de un zoom de 42 aumentos, un generoso elenco de controles manuales y la posibilidad de combinar el almacenamiento en su disco duro de 40 GB con el de tarjetas SD Card.
Ahora bien, los usuarios un poco más exigentes seguramente prefieran la primera videocámara de disco duro de Panasonic, la SDR-H250, más asequible que la H40 y equipada con tres sensores y una óptica Leica Dicomar.
TEXTO Y FOTOS: Álvaro Méndez