Desde el lanzamiento de la HDR-SR1 hace ya bastante más de un año, Sony ha demostrado con creces su confianza en el vídeo de alta definición y los soportes sólidos de almacenamiento. La HDR-SR8 corona el catálogo de videocámaras AVCHD de disco duro, con una capacidad para almacenar hasta 13 horas de vídeo HD.
Avalada por esta imponente cifra y por un diseño atractivo y de concepción inteligente, la SR8 seducirá a los que busquen una cámara sencilla y de buena calidad, y no le tengan miedo al problemático formato AVCHD.
Diseño equilibrado
Basta con sostener unos segundos la SR8 para constatar que es un dispositivo con una construcción y un diseño exquisitos. Se adapta con firmeza a la mano, y gracias a una distribución del peso casi perfecta, se mantiene estable y firme durante todo el tiempo de uso, incluso si éste es prolongado.
Parte de la buena estabilidad del aparato estriba en su peso, un tanto por encima de la media. De hecho, la SR8 aumenta su masa en 110 gramos respecto a la primera videocámara AVCHD con disco duro de la firma, la SR1. Su peso total, sin la batería, ronda los 640 gramos.
A pesar de este incremento, la SR8 reduce en algunos centímetros las dimensiones del modelo primogénito. El descomunal disco duro de 100 GB que alberga -el más grande a día de hoy en una videocámara- probablemente tenga algo que ver en estas cifras.
Aparte de la buena ergonomía del aparato, merece la pena destacar el inteligente posicionamiento de las conexiones. Todas ellas están situadas en las zonas delantera y trasera, de manera que en ningún momento resultan molestas mientras estamos operando con la cámara.
Cabe destacar, asimismo, que las conexiones están correctamente protegidas con tapas de plástico resistentes y de cierre seguro.
Sin embargo, no todo en este aparatado son puntos positivos. Y es que detectamos en la SR8 un error largamente perpetrado en otras videocámaras de la firma: la inexistencia de un puerto USB.
Necesario para transferir las secuencias de vídeo y las fotografías al ordenador, dicho puerto sólo está disponible en la base de conexión que Sony incluye con la cámara, denominada Handycam Station. Así las cosas, cada vez que tengamos previsto hacer uso del mismo, tendremos que echar mano de la base.
Aun así, la SR8 dispone de varias conexiones en su carcasa. En la parte trasera están localizadas las salidas de vídeo compuesto y por componentes, así como las conexiones para la red eléctrica y los controladores remotos. En la parte delantera conviven dos clavijas mini-jack para el micrófono externo y los auriculares, junto a una conexión HDMI mini.
Otra prestación que no da la talla en la SR8 es el visor electrónico (aunque es de justicia señalar que pocas videocámaras aprueban airosas esta asignatura). Una vez más, el visor es pequeño y su uso prolongado resulta incómodo debido al recubrimiento de plástico duro.
Carl Zeiss sin anillo de enfoque
Sony sigue retando fidelidad a su ya dilatado matrimonio con la firma de ópticas Carl Zeiss. Así, la SR8 equipa un objetivo Vario-Sonnar T*, con una distancia focal equivalente a 41,3-485 milímetros.
Tales cifras se traducen en un zoom de 20 aumentos, doblando -por tanto- la marca de su predecesora, la SR1.
Esta última, sin embargo, disponía de un anillo de enfoque en la óptica, y Sony parece empeñada en eliminar esta interesante prestación de sus camascopios para sustituirla por el poco práctico dial de ajuste, que podemos encontrar en todos sus modelos de gama alta para esta temporada.
Como ocurre en otras videocámaras de Sony, como la HDR-HC5, este dial es excesivamente pequeño para manipular aquellos parámetros -léase el enfoque, por ejemplo- que requieren de cierta precisión y tacto.
Todo lo contrario ocurre con la palanca del zoom. En este caso, el control disfruta de una construcción acertada y brinda un manejo excelente.
Aspectos ergonómicos aparte, el objetivo exhibe -por regla general- un buen rendimiento y mantiene a raya las aberraciones cromáticas y las luces parásitas.
¿Calidad? La esperada
La SR8 está armada -siguiendo la estela de los últimos dispositivos de la firma- con un sensor CMOS de 1/2,9 pulgadas y 3,2 megapíxeles de resolución, 2,28 de los cuales sirven para capturar vídeo de alta definición (1080i), comprimido posteriormente mediante el estándar AVCHD.
Fijándonos en las cifras de la citada SR1, observamos un aumento tanto en el tamaño del sensor como en la resolución del mismo. A pesar de estas sutiles variaciones, la calidad de imagen se mantiene, simple y llanamente, dentro de lo esperado para un dispositivo de estas características.
Como en toda buena cámara Sony que se precie, las imágenes generadas por la SR8 destacan por una notable reproducción del color, con tonalidades brillantes, bien definidas y con un ligera tendencia a la sobresaturación, detalle este último que a buen seguro atraerá la atención de sus potenciales compradores.
Como hemos comentado en tantas otras ocasiones, el formato AVCHD continúa condicionado por un flujo de datos limitado a un máximo de 15 Mbps, techo que lo sitúa en clara desventaja frente al HDV, con flujos sostenidos de 25 Mbps.
Aun así, la SR8 brinda con buenas condiciones lumínicas una excelente calidad de imagen y un nivel de detalle y nitidez francamente buenos.
Aunque, eso sí, el dúo formado por el sensor CMOS de notable resolución y el agresivo proceso de compresión pasa factura. La imagen, así es, se ve permanentemente afectada por una ligera presencia de ruido, y presenta artefactos de compresión y una cierta pérdida de nitidez allí donde los detalles son más sutiles.
En igualdad de condiciones, la Sony HDR-HC7, de formato HDV, ofrece una ligera mejora en lo tocante a calidad de imagen.
Si bien hemos notado en esta SR8 una mejora en el rendimiento de las grabaciones con poca luz, el ruido electrónico sigue haciendo acto de presencia de manera bastante acusada, especialmente en los tonos azulados. Aun así, la SR8 mantiene con mucha dignidad las tonalidades y el contraste de la escena.
Vocación automática
Definitivamente, Sony se ha asentado como la marca de referencia para el usuario que busque videocámaras fáciles de usar y con un modo automático de contrastada efectividad. No podía ser menos la SR8, que cuenta entre sus prestaciones con el archiconocido botón "Easy", omnipresente en los últimos modelos de la firma.
Escondido en la cavidad que protege el monitor cuando se encuentra plegado, este mando permite activar un modo íntegramente automático de funcionamiento que cubre cualquier operación que no sea la de detener la grabación o hacer zoom.
Una vez más, Sony no defrauda en la precisión de sus controles automáticos. Desde el enfoque hasta la exposición, pasando -muy especialmente- por el balance de blancos, todos los parámetros de la captura funcionan con solvencia y rapidez.
En cuanto al control manual, la SR8 se queda realmente corta. Y no sólo porque dispone de pocas opciones en este sentido, sino también porque cualquier ajuste ha de realizarse desde el monitor LCD táctil, cuyas 2,7 pulgadas de diagonal se nos antojan un poco pequeñas para operar con comodidad.
Así las cosas, en la SR8 podemos manipular básicamente el enfoque -a través del dial de ajuste-, el balance de blancos y la exposición (aunque sólo parcialmente, ya que no es posible actuar directamente sobre los valores de diafragma u obturación).
Sonido y otras prestaciones
La SR8 puede registrar sonido según el estándar Dolby Digital 5.1 gracias a cuatro pequeños micrófonos dispuestos en forma de cruceta. El audio goza de una calidad aceptable, aunque el supuesto efecto envolvente que parece prometer no es tan apreciable como sería -ciertamente- deseable.
El error, en este caso, lo encontramos en la localización del micrófono, situado en la parte superior del cuerpo, cerca del barrilete del objetivo.
Esta ubicación y la peculiar capacidad para captar el sonido proveniente desde cualquier dirección hacen que el ruido generado por el manejo de la palanca del zoom u otros controles de la cámara quede registrado en la banda sonora de la grabación.
Aun así, es de recibo destacar que, si tratamos la cámara con delicadeza, es especialmente silenciosa, mucho más que -por ejemplo- la gran mayoría de modelos de cinta del mercado.
La SR8 puede emplearse también como cámara fotográfica. Usando como soporte de almacenamiento el disco duro integrado o tarjetas MemoryStick, esta cámara es capaz de hacer fotografías de hasta 3,1 megapíxeles.
Una pegatina en el dispositivo publicita la capacidad de tomar instantáneas de hasta 6,1 megapíxeles, aunque cabría matizar -maldito marketing- que esta cifra sólo se alcanza a través de un proceso de interpolación. Y ello se traduce inevitablemente en un considerable deterioro de la imagen final.
La calidad de las fotografías es aceptable y destaca -principalmente- por la viveza de los colores. Aun así, y como ocurre con casi todas las videocámaras, la SR8 jamás saldrá airosa de un duelo con una cámara fotográfica de gama media.
Otra prestación destacable es la llamada Smooth Show Record, que permite grabar 3 segundos de vídeo cuadruplicando la velocidad de captura. El resultado de esta operación es una secuencia de 12 segundos a cámara lenta real, aunque la secuencia resultante sufre de una evidente pérdida de nitidez y resolución.
Para carteras holgadas
No cabe duda que la Sony HDR-SR8 es -en términos generales- una buena videocámara. Su acertada construcción, su elegancia y la excelente calidad de imagen que ofrece la avalan con creces.
A pesar de ello, no es menos cierto que esta videocámara AVCHD no es mejor que algunas de sus compañeras de gama ni que algunas de sus competidoras. Y el precio que hay que pagar por ella -unos 1.300 euros, en el momento de publicarse estas líneas- no acompaña precisamente.
En el sobreprecio incide determinantemente el generoso disco duro de 100 GB, que permite almacenar hasta 13 horas de vídeo en alta definición. Con una calidad de imagen que decepcionará a pocos, el potencial comprador de la SR8 deberá sopesar si merece la pena desembolsar unos euros de más para disfrutar de esa capacidad.
Otro momento de reflexión debería suscitar la elección del formato AVCHD, que aún plantea algunas dificultades de compatibilidad. Afortunadamente, cada vez son más los editores de vídeo que permiten trabajar con él.
TEXTO Y FOTOS: Álvaro Méndez