Cada vez es más evidente que el soporte de grabación en cinta pasará a la historia y que su testigo lo asumirán los soportes sólidos. De éstos, el que más números tiene para desbancar a los ya históricos MiniDV y DV son las tarjetas de memoria flash.Mientras éstas aumentan cada año un poquito más su capacidad y permiten albergar vídeos de cada vez mayor duración, las cámaras de disco duro, como la JVC Everio GZ-MG77, representan el estadio de transición entre los dos formatos.
Se trata de cámaras que están preparadas para albergar grandes cantidades de información, pero que al mismo tiempo sufren las consecuencias de la lenta velocidad de acceso al disco duro: una tasa de bits muy baja, cuyo eco retumba en la calidad final de imagen.
Pequeña y ligera
Sin llegar a ser -ni mucho menos- la videocámara más pequeña de su categoría, la MG77 en seguida llama la atención por sus reducidas dimensiones. Realmente sorprende que una cámara de este tamaño y 370 gramos de peso pueda albergar en su interior un disco duro de 30 GB capaz de almacenar 7 horas de de vídeo de máxima calidad, con los mismos parámetros de compresión empleados por los discos DVD.
El diseño de la MG77 no es -para qué nos vamos a engañar- especialmente atractivo, aunque cabe decir que la ausencia de partes salientes (la cámara carece de visor) y sus comedidas dimensiones le confieren un aspecto sólido y compacto.
El fuselaje de la cámara combina los grises claro y oscuro mate con el negro brillante del reverso. Los acabados y la forma son más bien tirando a clásicos.
La primera exploración visual de la cámara deja al descubierto muy pocos botones y controles, concretamente tres: el botón de captura, la palanca del zoom y el interruptor de encendido, que también permite acceder al modo de reproducción.
Cuando desplegamos el monitor LCD de 2,7 pulgadas nos encontramos con el resto de los botones. Por un lado, en el hueco de la pantalla, tenemos un botón para los modos de disparo fotográfico con flash y para visualizar información general; otro para activar el modo automático de funcionamiento; otro para borrar fotos y clips de vídeo, y un último botón para entrar en los menús de pantalla. También encontramos un interruptor para alternar entre el modo de captura de vídeo y fotografía.
En el extremo exterior del marco del monitor LCD se sitúa un pequeño control de tipo joystick que nos permite navegar por el menú y las opciones manuales, y un botón que nos muestra información sobre el estado de la batería y el disco duro.
El citado joystick, por cierto, es innecesariamente diminuto, cosa que dificulta su uso llegando -en ocasiones- a ser desesperante. No hace falta decir que la disposición de este controlador dinamita la posibilidad de usar cómodamente la MG77 con una sola mano.
Como punto negativo en este primer apartado hay que reseñar la baja resolución del monitor LCD, de sólo 112.000 píxels, una cifra propia de cámaras de anteriores generaciones y menor coste. El monitor, además, padece el clásico efecto de "solarización" cuando se contempla desde determinados ángulos.
Óptica limitada
Las ópticas de fabricación propia con las que JVC equipa a sus videocámaras de consumo no tienen, precisamente, la mejor reputación del mercado. No es de extrañar, así pues, que la MG77 no ofrezca un excelente rendimiento en este sentido. Su objetivo deja bastante que desear y tiene tendencia al "blooming" y a generar aberraciones cromáticas y luces parasitas.
El objetivo tiene un diámetro de rosca de 30,5 milímetros y ofrece una distancia focal de 3,8 a 38 milímetros, lo que se traduce en un zoom óptico de 10 aumentos. A quienes conozcan otros modelos Everio de gamas inferiores llamará la atención que está cámara tenga tan poco zoom. Sin ir más lejos, su hermana pequeña, la GZ-MG21, ofrece 32 aumentos.
La palanca del zoom, por su parte, está muy bien situada y es de accionamiento suave y preciso.
Ni manual ni automático
La MG77 no destaca especialmente por su control manual, ni tampoco por su funcionamiento automático. Así como las cámaras de Sony constan de unos excelentes ajustes automáticos y las de Panasonic destacan por la versatilidad de sus controles manuales, la MG77 se queda a medio camino.
El modo automático es, en la MG77, totalmente automático: no da opción a ningún tipo de control y deja todas las operaciones en manos de la cámara, que reacciona con resultados dispares.
En general, el modo automático es bastante lento. Los ajustes automáticos de la exposición, por ejemplo, tardan en reaccionar a los cambios de intensidad lumínica, aunque no se trate de luces radicalmente distintas. El autofoco, por su lado, muestra un funcionamiento bastante veloz cuando grabamos en angular y con buena luz, pero se resiente cuando empleamos el teleobjetivo.
Sin duda, el peor de los ajustes de esta JVC es el del balance de blancos, tanto en su modo automático como en los modos prefijados para días soleados o nublados y para luces alógenas.
El balance automático, más concretamente, en seguida confunde y manipula los colores a su antojo, especialmente en situaciones un poco especiales, como en el ocaso del día o durante el amanecer, y escenas en las que conviven distintas dominantes de color. Los preajustes, por su lado, extrañamente dan el resultado esperado.
En cualquier caso, siempre es recomendable usar el balance de blancos manual, que afortunadamente sí cumple las expectativas.
En cuanto al control manual, la MG77 cuenta con bastantes opciones que operan con mayor y menor fortuna y que son accesibles a través del joystick situado en el marco de la pantalla.
Para empezar, podemos compensar la exposición con valores de 6 pasos negativos y positivos, en el modo de grabación de vídeo, y de -2 a +2 EV en pasos de 1/3, en el de captura fotográfica.
El rango de velocidades de obturación manual, por otro lado, es de 1/2 a 1/2000 segundos, un rango sin duda muy generoso. Disponemos asimismo de los típicos programas de exposición, además de algún efecto digital y dos sensibilidades para el modo de captura fotográfica: 100 y 200 ISO, además de una opción de selección automática.
A merced de la compresión
Como ocurre con otras videocámaras basadas en la grabación en DVD o disco duro, la calidad final de las secuencias de vídeo está totalmente subordinada a la compresión. Las 7 horas de captura continuada que promete la MG77 sólo son posibles tras aplicar el estándar de compresión MPEG2-SD, y esto se traduce irremediablemente en una palpable pérdida de calidad de imagen.
El usuario puede escoger entre cuatro calidades distintas de vídeo: ultrafina, con una tasa de bits de 8,5 Mbps (equivalente a la que se emplea en los discos DVD); fina, de 5,5 Mbps, y normal, de 4,2 Mbps. Todas estas opciones son de "bitrate" variable (VBR) y cuadro completo (720 x 576 píxeles).
Una cuarta opción, denominada económica, emplea una tasa de bits de 1,5 Mbps y un tamaño de cuadro de 352 x 288 píxeles, y está pensada especialmente para la transmisión de vídeo por Internet.
Merece la pena hacer una pausa para reseñar la poca autonomía de la batería de serie de la MG77. Difícilmente podremos aprovechar la gran capacidad de almacenaje de su disco duro con una batería que dura poco más de una hora.
Incluso en la mejor de las opciones de calidad, la llamada ultrafina, la imagen resultante deja mucho que desear. Los artefactos producidos por la compresión y el ruido, sobre todo en zonas más azuladas, son perfectamente visibles en cualquier toma de vídeo.
La cámara también acusa por este mismo motivo -suponemos- una cierta pérdida de nitidez. Así es, las zonas de color carecen en muchas ocasiones de detalles y de una delimitación clara.
Paradójicamente, la MG77 muestra un rendimiento más que aceptable en condiciones de poca luminosidad, superior a algunas cámaras de su segmento. El sensor CCD de 1/3,9 de pulgada y 2 megapíxeles de resolución hace su trabajo especialmente bien en este tipo de situaciones.
Cuando la luz empieza a desaparecer, surge el evidente e inevitable ruido en la imagen, pero sin llegar a ser desastroso; las imágenes conservan un brillo poderoso y los colores no parecen sufrir especialmente.
En buena parte, el responsable de estos resultados es el control automático de la ganancia (AGC, de Automatic Gain Controller), que aumenta el brillo de las imágenes cuando la luz escasea. Y lo hace a costa, claro, de aumentar el ruido. Si desconectamos el AGC desde el menú, las imágenes se apagan como si apagáramos la luz.
El sonido, por su parte, se registra con la calidad habitual -bastante buena- de las cámaras de este segmento. De hecho, al eliminar las partes mecánicas del arrastre de la cinta también se elimina parte del ruido de fondo que generan algunas cámaras MiniDV.
Edición complicada
Para aquellos que quieran editar sus vídeos en el ordenador, la MG77 no es ciertamente la mejor opción. Toda la gama Everio de JVC guarda las secuencias de vídeo en archivos con extensión MOD, y ninguno de los clásicos programas de edición (Premiere, Pinnacle Studio, Final Cut…) soporta este tipo de archivos.
Esta circunstancia sólo nos deja dos opciones: editar con el software incluido con la cámara o renombrar todos los archivos con la extensión MPG para que puedan abrirse con otras aplicaciones.
La primera opción es muy limitada, ya que el programa en cuestión es excesivamente sencillo. La segunda nos puede ayudar a salir del paso, pero cuando tenemos 80 archivos de vídeo resulta muy tedioso tener que renombrarlos uno por uno. Además, al salir de la cámara ya comprimidos con MPEG2-SD, se reduce ostensiblemente el rendimiento de los editores de vídeo.
Los archivos se descargan rápidamente al ordenador a través del puerto USB 2.0 de la cámara. Además de este conector, también disponemos de una salida de vídeo compuesto y audio.
Infinita cámara de fotos
Según el propio manual de instrucciones, la MG77 puede albergar en su disco duro más de 9.999 fotografías de 1632 x 1224 píxeles. Esta cifra la convierte en una cámara de fotos de enorme capacidad, sobre todo si sólo la usamos en ese modo.
Las capturas fotográficas pueden almacenarse también en tarjetas SD Card. Sorprende que JVC haya añadido esta opción, teniendo un disco duro de 30 GB disponible. Aun así, se agradece el detalle.
Como cámara fotográfica, la MG77 hereda todos los controles manuales de la grabación de vídeo y añade alguna opción interesante, como la posibilidad de disparar ráfagas. La velocidad de disparo en esta última modalidad es de una foto por cada 0,3 segundos, aproximadamente, muy aceptable para una cámara de vídeo.
Para la toma de fotografías también contamos con la ayuda de un pequeño flash situado en el frontal de la cámara y que ofrece cuatro modos de funcionamiento: automático, forzado, con reducción del efecto de los ojos rojos y con sincronización lenta. Aunque en ocasiones se agradece esta prestación, el destello del flash resulta casi siempre insuficiente por el pequeño tamaño de la lámpara.
A pesar de todas las posibilidades que ofrece el modo de captura fotográfica, el resultado no es para tirar cohetes. Las imágenes tienen poca nitidez y una falta de contraste muy molesta. Los colores son planos, poco definidos y -en general- muy apagados.
¿Una opción de futuro?
A día de hoy está ya muy claro que el futuro de las videocámaras digitales se encuentra en los modos de almacenamiento sólidos, y que las cintas van a desaparecer tarde o temprano. Sistemas como el reciente P2 de Panasonic así lo sugieren.
Una de las alternativas es la que proponen cámaras como la JVC Everio GZ-MG77, de disco duro y que tiene en la portabilidad y la inmediatez sus principales bazas. Y es que no se les puede negar a las HDD Cam la enorme practicidad que ofrecen a la hora de pasar los vídeos al ordenador o reproducirlos en la propia cámara, donde el acceso a cualquier momento de la grabación es prácticamente instantáneo.
Desafortunadamente, la limitada velocidad de escritura de los microdiscos que integran estas videocámaras las alejan del usuario avanzado, para quien prima -entre otras cosas- la calidad de imagen.
TEXTO: Álvaro Méndez
FOTOS: Iker Morán