Hasta la reciente llegada de las cámaras AVCHD o la compacta HV10 de Canon, la Sony HDR-HC3 era la única videocámara de alta definición realmente orientada al mercado doméstico, tanto por su facilidad de uso y tamaño como por su precio.
Su principal reclamo es, sin duda, su naturaleza HD. Y es que la HC3 es capaz de ofrecer secuencias de vídeo con 1080 líneas de resolución y una calidad de imagen realmente sorprendente. El resto de prestaciones son las habituales en los modelos más avanzados de la gama de productos para el público aficionado de la firma japonesa.
Sobrio diseño y excelente ergonomía
Cuando alguien invierte alrededor de 1.000 euros en una videocámara, lo primero que desea encontrar es una construcción sólida y resistente. La HC3 cumple claramente las expectativas en este sentido. A pesar de su pequeño tamaño y ajustado peso, la cámara se muestra robusta entre las manos, con un agarre cómodo y firme, y ello se debe en parte a la sabia combinación de materiales en su carcasa y a una estupenda ergonomía.
Todo ello no está en ningún caso reñido con la estética. La HC3, en efecto, es una cámara elegante y sobria que combina con acierto diferentes tonalidades de gris, desde uno muy claro para la óptica, hasta otro más oscuro y negro para el resto del cuerpo.
La cinta MiniDV reside en el punto de sujeción de la cámara. La pletina está adecuadamente recubierta de un plástico duro y adherente que permite sostener la HC3 con mucha seguridad.
Los botones y los controles está en general bien situados. La cámara se puede manejar cómodamente con una mano, al menos hasta que tenemos que configurar algún parámetro a través de la dichosa pantalla táctil, prestación inherente a las Handycam de Sony y que para muchos conlleva más desventajas que ventajas.
El anillo de enfoque de la HC1 se convierte en la HC3 en un pequeño control giratorio situado a la izquierda de la óptica. Este mando es configurable y permite, entre otras cosas, manipular manualmente el foco o la exposición.
El primer punto negativo de la HC3 es precisamente este mando, que resulta prácticamente inservible. De control rotatorio, es poco preciso, excesivamente pequeño y se mueve con demasiada suavidad, hasta el punto de que en ocasiones resulta difícil saber si lo estamos haciendo girar o no. Por si esto no fuera suficiente, el control queda en ocasiones bloqueado por el monitor LCD cuando éste permanece en según qué posición.
La pantalla, por cierto, tiene 2,7 pulgadas de diagonal y dispone de 211.200 píxeles de resolución. En general, goza de una buena calidad de imagen y su visibilidad es elevada en prácticamente cualquier situación.
Como alternativa al monitor LCD, el usuario dispone también de un visor electrónico que deja, sin embargo, mucho que desear.
Suponemos que para salvaguardar la línea compacta del aparato, el visor ha sido diseñado de tal manera que la inclusión de una batería más grande en la parte trasera de la cámara dificulta extremadamente su uso. Algo que, por cierto, podría haberse solucionado simplemente con un visor extensible como el que integran otros modelos de la marca.
Óptica Carl Zeiss y sensor CMOS
Sony y Carl Zeiss perpetúan su sólida relación en esta videocámara. La HC3, así es, llega armada con un objetivo Carl Zeiss Vario-Sonnar T* de gran calidad y rendimiento. Sin apenas aberraciones cromáticas, tan sólo unos pequeños halos púrpura que aparecen en las escenas con contraluces muy pronunciados consiguen manchar ligeramente el currículo de tan excelsa óptica.
Con una distancia focal equivalente de 37-370 milímetros -el zoom óptico, por tanto, es de 10 aumentos-, el objetivo cuenta con dos mandos para su desplazamiento: uno en la parte superior de la máquina, cerca de la zona de agarre, y otro en el marco del LCD. La transición del zoom es suave y dispone de varias velocidades.
En la parte superior del frontal del objetivo reposa una minúscula unidad de flash, que en la HC1 era de tipo pop-up y bastante más potente. El flash, por cierto, queda inutilizado cuando acoplamos lentes de conversión a la cámara, pues permanece totalmente tapado.
La aventura de la alta definición
El sensor de la HC3 es de tecnología CMOS y presenta unas dimensiones de 1/3 de pulgada. Su resolución total es de 2,1 megapíxeles, de los cuales utiliza 1,4 para la captura de vídeo.
Éste es el cuadro técnico con el que Sony ha decidido acercar la alta definición a todos los públicos. Y lo hace de la mano del formato HDV, con un flujo de vídeo comprimido en MPEG2 basado en el estándar de alta definición de 1080 líneas de resolución vertical y 50 fotogramas entrelazados.
Así las cosas, siempre podremos conectar la HC3 a nuestro adulado televisor plano de alta definición a través del puerto HDMI para disfrutar de la calidad que brinda la alta definición. Ahora bien, hay que tener en cuenta un par de consideraciones.
Aunque la alta definición se esté popularizando a pasos agigantados, sobre todo en lo que a televisores se refiere, debemos tener en cuenta que aún resulta una opción cara. Es evidente que los precios tienen tendencia a la baja, y el de la HC3 aún es elevado. Por menos dinero, podemos adquirir a día de hoy una MiniDV de definición estándar para aficionados mucho más completa.
El HDV, además, plantea el desafío de trabajar con un formato que a día de hoy es poco compatible y muy pesado: 2 minutos de vídeo ocupan 400 MB en nuestro ordenador.
Por otro lado, para reproducir las secuencias registradas sólo disponemos actualmente de dos opciones asequibles: desde la propia videocámara o almacenando el vídeo en el ordenador. Hasta la implantación del HD-DVD o el Blu-ray no podremos almacenar el vídeo de alta definición en discos ópticos.
A todo esto debemos añadir el dilema de la edición de vídeo en el ordenador, pues el HDV requiere de un procesador potente para trabajar de forma fluida y, además, algunos de los programas de edición más populares no aceptan este formato. A la espera de que el HDV se aposente en el mercado y se estandarice, podemos convertir nuestras grabaciones a definición estándar mientras las capturamos en nuestro ordenador a través de la conexión i-Link.
Aun así, no podemos negar la satisfacción visual que produce el vídeo de alta definición. La información contenida en una secuencia HDV es cuatro veces mayor que la de una grabación estándar, y eso se nota.
El más mínimo detalle
Cuando conectamos la HC3 a un televisor de alta definición y empezamos a reproducir las secuencias grabadas, la primera impresión es francamente espectacular. El nivel de detalle y nitidez de las imágenes HD se deja ver en todo su esplendor para deleite del usuario.
La HC3, así es, registra vídeo de gran calidad, con colores vivos y muy bien delimitados entre sí, aunque quizás también con una ligera tendencia a la sobresaturación. No en vano, el potencial comprador de este tipo de videocámaras suele decantarse por los colores más bien exagerados y, por tanto, poco reales.
Aunque el HDV es, en realidad, vídeo de alta definición comprimido con el algoritmo MPEG2, no hemos observado prácticamente ningún artefacto en las secuencias grabadas con la HC3. A lo sumo se intuye un sutil efecto dentado en las líneas curvas de alto contraste, producido, sin duda, por el complejo procesamiento de las imágenes.
También hemos podido constatar que la cámara dispone de un rango dinámico algo escaso, que se hace especialmente patente en las zonas sobreiluminadas. En esos casos, la HC3 es proclive a perder información.
Todo lo dicho hasta ahora es aplicable solamente cuando las condiciones de luz son favorables. Obviamente, cuando la luminosidad escasea, la calidad del vídeo tiende a degradarse.
A pesar del gran tamaño del sensor de captación, el ruido electrónico generado por la HC3 se hace rápidamente visible a medida que disminuye la luz solar o cuando grabamos en un interior medianamente iluminado.
Suponemos que el acentuado detalle del vídeo de alta definición también contribuye a que pequeños artefactos como el ruido puedan llegar a resultar molestos. De la misma manera, el compresor MPEG2 no funciona tan eficientemente con poca luz, y en ocasiones ensucia visiblemente la imagen.
Aun así, cabe destacar que la HC3 consigue en estas circunstancias mantener dignamente la viveza de los colores y la luminosidad de la escena.
Asequible
Como ya hemos comentado, la HC3 es un calco simplificado y más compacto de la HC1, también de alta definición y presentada a mediados de 2005.
Los pocos controles manuales y de índole profesional que incluía esta última se han borrado de un plumazo en esta nueva versión. Es el caso, por ejemplo, del anillo de enfoque, el control manual de la obturación, la entrada para micrófono y algunos accesos directos.
La nueva cámara ha mutado en una Handycam, y esto se traduce -ni más ni menos- en una rebaja en las posibilidades de control manual.
La incorporación de un botón para activar el modo "Easy" lo dice todo. En esta modalidad, la cámara funciona de forma totalmente automática, bloqueando cualquier posibilidad de ajuste manual. Incluso aumenta el tamaño de los caracteres que aparecen en el LCD para que resulte más cómodo de leer.
Efectivamente, la HC3 dispone exactamente de las mismas y escasas opciones de control que otras cámaras de su segmento. A excepción del ya mencionado dial ajustable, prácticamente todo su manejo pasa por la pantalla táctil.
Como novedad, esta Sony incorpora un par de controles que permiten ajustar el color. Es posible, por un lado, calibrar el balance de blancos para azular o enrojecer la imagen, y podemos además atenuar o acentuar la saturación de los colores.
Por otro lado, el usuario tiene a su disposición los clásicos controles de las Handycam: compensación de la exposición, enfoque puntual, medición selectiva y balance de blancos. Todo ello controlado -evidentemente- a través del LCD táctil.
La función de enfoque manual, por cierto, puede regularse a través del dial del objetivo. Es importante tener en cuenta que, por desgracia, cuando grabamos con el formato HDV cualquier defecto de foco resulta demasiado evidente por el elevado nivel de detalle de las imágenes. Afortunadamente, la pantalla de la HC3 disfruta de una muy buena resolución, lo que facilita que el usuario pueda ajustar con mayor precisión el foco.
Fotografías, sonido y otras prestaciones
La HC3 ofrece la posibilidad de tomar fotografías de hasta 4 megapíxeles en formato 4:3 y de 3 megapíxeles en formato panorámico. Las instantáneas no disfrutan de la misma luminosidad que las tomas de vídeo y su color es menos equilibrado. Aun así, muestran una calidad aceptable y su nitidez, al igual que en las secuencias de vídeo, es notable.
El principal problema de la toma de imágenes fijas con la HC3 está en la falta de control manual de la cámara, que limita mucho las posibilidades fotográficas.
Equipada con innumerables prestaciones y cercana a los 1.000 euros de precio, sorprende que la HC3 no disponga de ninguna entrada para conectar un micrófono externo. De hecho, esta ausencia es otra de las diferencias con su predecesora, la HC1. Incorpora, eso sí, un zapata para accesorios en la que podemos acoplar micrófonos o antorchas, siempre que sean de factura Sony.
La captación de sonido es francamente buena, y ello se debe -seguramente- a la acertada ubicación del micrófono integrado. El dispositivo está situado, concretamente, debajo del objetivo, localización que lo mantiene alejado de la mano y de la mayoría de los controles, así como de los mecanismos de arrastre de la cinta MiniDV.
La HC3 ofrece otras prestaciones interesantes, como la grabación en cámara súper lenta -eso sí, limitada a 12 segundos-, el histograma de exposición en la pantalla, la función zebra para remarcar las zonas sobreexpuestas de la imagen y el inamovible estabilizador electrónico SteadyShot de Sony.
Para quienes no quieran esperar
No cabe duda de que la Sony HDR-HC3 nace orientada al usuario aficionado. La ausencia de entrada para micrófono externo -por ejemplo- y las evidentes carencias en el control manual así lo demuestran.
En cualquier caso, también es evidente que este dispositivo calará hondo entre los amantes de la tecnología; aquellos que ya disponen en su hogar de una gran pantalla plana de alta definición y que, probablemente, ya estén pensando en adquirir un grabador Blu-ray o HD-DVD.
A estos usuarios, la inversión de alrededor de un millar de euros que requiere esta videocámara les reportará, sin duda, una excelente calidad de imagen y un dispositivo compacto y robusto. Quienes no tengan tanta prisa, sin embargo, harán bien en esperar a que bajen los precios y a que la alta definición se aposente un poco más en el mercado.
TEXTO Y FOTOS: Álvaro Méndez