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Con texto fotográfico

"Que un niño venda opio puro en un mercado es de lo más habitual en Afganistán" Yannis Kontos

 
Foto: Yannis Kontos
17
JUN 2010
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Ni un premio World Press Photo cae del cielo ni si la revista Stern te propone un encargo en Afganistán éste llega por casualidad. El fotoperiodista griego Yannis Kontos, que inauguró la serie "Con texto fotográfico" en julio de 2008, se presta a relatar para QUESABESDE.COM el trasfondo de la imagen 101 de esta prolífica sección. La instantánea de un niño de cinco años aprendiendo el oficio de su padre -la venta de opio- es una representativa muestra del brillante trabajo de Kontos en territorio talibán.

Yannis Kontos

En verano de 2002 hice un viaje a Afganistán para la revista Stern. Viajé con un periodista, y realizamos varios temas: deportes afganos; americanos viviendo en Afganistán; políticos como Karzai [presidente del país] y éste sobre el opio. Incluso hice fotografías en una boda que acabó con un balance de 80 muertos porque los soldados americanos respondieron a los disparos de salvas que realizaban los asistentes, algo muy común en las bodas afganas.

Afganistán es el mayor productor de opio mundial. Aporta al mercado de los opiáceos un 70% de la materia prima. De éste, el 70% de la producción afgana proviene de Helmand, una provincia que se extiende de centro a sur del país. Esto implica que aproximadamente la mitad del opio mundial tiene su origen en esta provincia, que es además un bastión talibán.

El cultivo del opio está extendido por todo el país, y no es de extrañar, teniendo en cuenta que en los yermos campos afganos el cultivo de la adormidera es el único viable. En esta tierra montañosa y cerrada al mar, el opio tiene un componente cultural muy importante, ya que es la única forma de vida para muchos campesinos, que no lo ven como una droga. De hecho, el consumo de sus derivados es muy bajo en Afganistán.

Esta instantánea que tomé en un mercado de opio al aire libre es de lo más habitual. Aunque a ojos de un occidental pueda parecernos una barbaridad ver al joven niño vendiendo opio puro, simplemente está aprendiendo el negocio de su padre.

Me agaché y esperé a que sucediera algo que aportara más interés a la composición. Fue entonces cuando apareció el brazo del comprador lleno de tatuajes que nos lleva hacia la mercancía y el otro chico. La mirada del chaval, que no debía tener más de cinco años, también ayuda a dar fuerza a la fotografía.

En el mercado, los vendedores van vestidos de negro y los compradores pagan 400 dólares por cada kilogramo de opio, un precio muy barato teniendo en cuenta lo que cuesta un gramo de heroína para consumo en los mercados occidentales.

Trabajar en Afganistán fue muy complicado, especialmente en las zonas rurales. Allí no están acostumbrados a ver extranjeros. La presencia de dos periodistas occidentales, uno de ellos cargado con un equipo fotográfico, hubiese sido demasiado evidente si no hubiéramos hecho lo posible para mimetizarnos con ellos. Vistiendo como ellos consigues evitar ciertas miradas que, por otra parte, podrían estropear una foto.

Otro de los inconvenientes fue la temperatura: en el coche estábamos a unos 45 grados, pero fuera rondábamos los 55. Nos movíamos y hablábamos lo mínimo posible.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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