• "Si las grandes firmas abandonan la película es por su mala gestión, no ...
  • "En la fotografía de moda tendría que haber un límite en cuanto al retoque"
Entrevista
XULIO VILLARINO, FOTóGRAFO

"Hoy día fotógrafo lo es casi cualquiera; lo difícil es vivir de ello"

 
9
ENE 2013

Recientemente Xulio Villarino presentaba "Finisterraes", un libro intimista de fotografías que nos habla de los faros de Galicia, de la costa gallega y de su propio autor. Villarino, que ha documentado con su cámara incontables y muy variopintas historias por todo el planeta, fue galardonado en 2000 con el Ortega y Gasset de fotografía por su trabajo en Kosovo. Al regresar de su periplo balcánico comprendió que su carrera pasaba por su Galicia natal y por un tipo de fotoperiodismo más elaborado y personal. Un fotoperiodismo que le permitiera disfrutar de cada reportaje.

Dices ser autodidacta en esto de la fotografía. ¿Cómo recalaste en el fotoperiodismo?

Con 16 o 17 años tenía unos amigos con los que salíamos a hacer fotos con las cámaras compactas que había por aquel entonces. Ya con 20 años cayó en mis manos una réflex, una Nikon FM2, y vi que tenía posibilidades, que podía jugar con objetivos y encuadres distintos, controlar más parámetros.

Fue como una adicción rápida: empecé a leer mucho y me empecé a enganchar. Con dos amigos a los que les gustaba mucho la fotografía cogíamos el coche, íbamos a diferentes lugares de Galicia a hacer una especie de safaris fotográficos, volvíamos con las fotos, las editábamos y las copiábamos en un laboratorio pequeño que habíamos montado. Aquello me gustaba muchísimo. Me pasaba muchas noches en el laboratorio, a veces hasta las cinco o las seis de la mañana.

Me presenté a un par de concursos locales en plan aficionado, me dieron un premio, alguien de prensa que vino a cubrir el acto me hizo una entrevista y me propuso que hiciera alguna colaboración con ellos cuando necesitaran un fotógrafo. Y yo, encantado.

Foto: Xulio Villarino
Villarino, en una imagen de archivo cedida a QUESABESDE.COM.

Poco a poco empezaron a llamarme para cubrir diferentes noticias. Un día podía ser una manifestación en no sé dónde, y allá que me iba. Recuerdo que el periodismo me pareció muy fácil porque yo estaba acostumbrado a hacer un tipo de fotografía más elaborada, más conceptual... Hacer fotoperiodismo era como mucho más sencillo, venía todo como dado. Simplemente tenía que situarme en la escena.

El fotoperiodismo me servía también para relacionarme con otras personas, porque me daba un argumento. [El fotoperiodismo] es como una excusa que te permite entrar en situaciones en las que de otro modo no entras. Una excusa perfecta para relacionarte con el mundo.

Galicia es el tema central de tu trabajo. ¿Qué aspectos te atraen más de tu tierra en el plano fotográfico?

Al principio, como parte de mi evolución, me gustaba fotografiar fuera. Quizás porque necesitaba experiencias nuevas. Me estaba formando como persona y necesitaba conocer un paisaje, tanto físico como humano, distinto al espacio en el que me movía. Te vas a lugares como África -continente que me gusta mucho- a Sudamérica o Centroamérica para tomarte el pulso a ti mismo, para estimularte a contar cosas nuevas.

Pero llegó un momento en que me di cuenta de que era muy feliz viviendo en el lugar en el que vivo, porque me aporta prácticamente todo lo que necesito. A esto llegas a raíz de viajar. Para qué necesito venirme aquí si esto lo tengo ya en Galicia, me decía a mí mismo.

Foto: Xulio Villarino
Foto: Xulio Villarino

Llega un momento en el que empiezas a pensar que tú también tienes unas peculiaridades como individuo: tu cultura, tu tierra, el sitio en el que vives. Empecé a darle vueltas, y me di cuenta de que al lugar donde vivo también hay que ponerle una voz para que tenga eco fuera. Es aquello de "cuenta tu aldea para ser universal", que dijo Tolstoi. ¿Quién mejor que yo, que conoce bien de lo que habla, puede contar esto?

También es verdad que a veces te vas a hacer trabajos fuera durante 15 días y realmente tienes la sensación de que pasas muy de puntillas. Cuentas tus impresiones, pero a veces son muy superficiales, mientras que eso aquí [en Galicia] no me ocurre. Cuando hablo de algo tengo mucha consciencia de lo que estoy hablando.

Te ocurre lo contrario que a aquellos fotoperiodistas que afirman tener dificultades para encontrar temas en su propio entorno.

No es que haya sólo una razón para ello. Desde hace dos años hay más situaciones, y una de ellas obviamente es la coyuntura económica en la que estamos. Ahora tienes menos proyectos para trabajar fuera de los que tenías antes; hay menos financiación y menos encargos.

Foto: Xulio Villarino

Además, tampoco se trata de hacer temas de Galicia que sean súper interesantes para el resto del mundo. Yo lo que intento sobre todo es conseguir que el tema sea interesante para mí y luego para el resto, pero no al revés. Yo quiero hacer un tema con el que sea muy feliz haciéndolo, y si después a alguien le resulta interesante, estupendo. Y si no, no pasa nada. Es un punto de vista un poco modesto, pero es lo que me hace estar bien conmigo mismo.

Tratas temas tan diversos como los "percebeiros" que se juegan la vida en Cabo Ortegal o el cerdo Antón en Espasante. ¿Qué tipo de historias son las que más te gusta fotografiar?

Es una pregunta difícil. Yo me siento fotoperiodista, aunque en algún momento haya pasado por otra etapa, pero lo que me gusta fotografiar es gente haciendo cosas en su entorno de trabajo. En el caso de los "percebeiros" me gusta mucho todo lo que está vinculado al mar. Lo llevo en el ADN: nací al lado del mar, vivo en la playa, me encantan los deportes acuáticos...

Foto: Xulio Villarino
Foto: Xulio Villarino

De los "percebeiros" me gusta la épica de ese trabajo tan arriesgado, tan duro, tan mal pagado. He buscado muchas veces una estética asociada a ello. Lo del cerdo Antón, que comentamos en otra entrevista, me pareció un tema particular, y lo hice dándole un enfoque divertido. No es que en Galicia yo busque un tema determinado, es que para mí Galicia es como un caldo en el que metes la cuchara y siempre sacas algo. Al final no es tanto cada tema aislado, sino la suma de cada cucharada que vas sacando.

Foto: Xulio Villarino

Tu archivo incluye imágenes de las principales ciudades gallegas vistas con un prisma menos social. ¿Cómo compaginas el trabajo de fotoperiodista con ese que tiene más que ver con la fotografía de "stock"?

Si de algo se tiene que distinguir un fotógrafo profesional a día de hoy, es de poder vivir de su trabajo. Porque hoy día fotógrafo lo es casi cualquiera; lo difícil es vivir de ello. Si quieres vivir de tu trabajo vas a tener que hacer determinadas cosas. Mi página web funciona también como banco de imágenes, y hay muchas publicaciones que quieren ese tipo de imágenes. Y tienes que tenerlas, porque si no estás dejando de recibir unos ingresos que te van a permitir hacer también el otro trabajo.

En ese sentido yo soy muy profesional: pongo la misma pasión en hacer una foto de las que me gustan, bien hecha, que en hacer igual de bien ese otro tipo de fotos que me gustan menos. Escojo la luz y los momentos de la misma forma y procuro sobre todo pasármelo igual de bien haciéndolas.

No soy de los que van diciendo "esto es para comer". Los encargos no son sólo para comer. Hay que ser profesional y hacerlos bien. Si no, te estás engañando a ti mismo. O no lo hagas o hazlo bien. Ésa es la política que aplico. No hay unos trabajos de primera y otros de segunda: para mí el trabajo siempre es de primera.

Foto: Xulio Villarino
Foto: Xulio Villarino

¿Haces simultáneamente temas de archivo y personales cuando vas a un lugar?

"Galicia es como un caldo en el que metes la cuchara y siempre sacas algo"

No. De hecho cuando hacía periodismo diario había una expresión que yo odiaba y que me la dijeron mil veces: "De paso". Me decían: "Ve a fotografiar tal historia y de paso cuando vuelvas haces esta otra." Y yo con eso siempre me he llevado fatal. Cuando lo oigo siempre respondo que yo "de paso" no trabajo. Porque lo que no puedo hacer es ir pensando en otro tema.

Si voy por ejemplo a Arousa a hacer un tema, todo mi esfuerzo mental lo dedico a eso. No puedo ir pensando en una cosa y de paso hacer la otra, porque al final yo no tengo capacidad suficiente como para centrar mis esfuerzos en tantas cosas a la vez.

Has sido testigo de varios incendios y sus labores de extinción. ¿Cómo se fotografía en estas situaciones?

Mi experiencia se reduce a un verano, hace seis o siete años, en el que hubo muchos incendios aquí en Galicia. De entrada necesitas muy buenos contactos, porque como en cualquier otra situación periodística son ellos los que en un momento dado te van a permitir llegar hasta el incendio, ya que las carreteras acostumbran a estar cortadas. Es peligroso meterse a machamartillo en un incendio porque te puedes encontrar rodeado.

Foto: Xulio Villarino

Partiendo de que tienes unos buenos contactos -y si no los tienes, no lo hagas porque te la estás jugando a lo tonto-, lo mejor es hacer un poco de piña en una brigada de extinción. Si conoces a alguien que trabaja en uno de esos grupos y se adapta a ti, no vas a tener problema, porque son gente a quienes no les gusta que pase eso y por tanto no tienen problema en darle voz a su forma de trabajo. Hoy desgraciadamente todo está más politizado y eso significa que está más censurado, con lo cual es más difícil trabajar, porque muchas veces a las cuadrillas les dicen que no hablen o no den datos.

Foto: Xulio Villarino

Por lo demás, se trata de acompañarles, pero el método de trabajo es el normal. Tienes que tener cuidado de no dispersarte, y tienes que llevar agua para ponerla en un pañuelo y poder respirar mejor. A veces te metes porque no ves fuego, pero hay mucho humo y puedes llegar a pasarlo mal... Yo nunca me he visto en una vaguada rodeado por fuego.

Y en la parte técnica, ¿cambia algo?

Tienes que ver que el humo está por todos lados: o lo integras en las fotos o intentas evitarlo. Se crea una especie de velo que puede ser un problema, pero muchas veces es un recurso para contar el incendio. No cambia mucho mi manera de trabajar [en estas situaciones]. Prácticamente en el 95% de los casos trabajo con prioridad al diafragma. Y ahí hice lo mismo.

En el año 2000 ganaste el Ortega y Gasset por tu trabajo en Kosovo.

Yo tenía 27 o 28 años y hacía prensa diaria. Es un momento en el que te apetece hacer muchas cosas pero sientes las ataduras del periódico y quieres algo nuevo. Salvamos trabas administrativas y económicas, conseguimos que nos desplazaran a Kosovo, estuvimos 20 días allí y mandamos información diaria al periódico, que era lo que interesaba en aquel momento. Nos dejaron básicamente porque era un tema que estaba muy caliente; era muy cercano y les costaba poco.

Una vez allí trabajamos sobre la marcha. Como no me cuesta mucho relacionarme con la gente, llegaba a una situación en la que acababa desenvolviéndome pese a las limitaciones propias del idioma. Al no tener mucha pasta, teníamos un profesor joven que nos hacía de intérprete.

Foto: Xulio Villarino

Nos movíamos como buenamente podíamos. Las noticias a veces nos llegaban desde la redacción, porque allí no teníamos tantos contactos. Íbamos a lugares en los que sabíamos que podían estar pasando cosas. Fue complicado también técnicamente porque todavía llevábamos cámaras de negativo y había que revelar, transmitir...

Pero los premios son casualidades de la vida; no tienen ninguna importancia. Eso sí, trabajamos con todas las ganas del mundo y poniendo todo de nuestra parte: fuimos porque queríamos, trabajamos muchas horas al día y estuvimos muy metidos.

¿Hubo algo que te marcara especialmente de esta experiencia en Kosovo?

"Cuando volví de Kosovo la preocupación más grande que había en el diario era que el Celta había empatado"

Un par de cosas. La primera es que cuando estábamos en el paso fronterizo con Albania, en Kukës, veía a la gente exiliada al otro país y sentía que eso podía estar pasando en Galicia. Veía pasar a algunos niños y pensaba: "Esta niña podría ser mi hija." Este sentimiento me acompañó todo el tiempo que estuvimos allí.

La otra cosa que me marcó mucho fue al regresar de Kosovo. Yo llegaba tras 20 días de enviar fotografías a diario, con todas esas experiencias y un fuerte subidón, y recuerdo que al volver a la redacción de Vigo un lunes por la mañana la preocupación más grande allí era que el Celta había empatado el día anterior. De repente te sacan de un sitio y te ponen en el otro... y la preocupación era el fútbol. Me quedé pensando: "Pero, ¿qué hago yo aquí?"

Foto: Xulio Villarino

Y llegamos a un punto de inflexión en tu carrera.

A partir de ese momento tomé mucha más conciencia. Hay gente a la que están sacando de su casa, a la que están aniquilando... y eso te hace pensar muchas cosas. Te planteas cosas a todos los niveles. No me gustó esa sensación, y ahí empezó una deriva en el sentido contrario. Fue un punto de inflexión en el que yo cada vez tenía más claro que quería aislarme un poco de la prensa diaria. No sólo por los temas que contábamos, sino también por la capacidad que teníamos para contar historias más o menos completas, porque en el diario cuentas historias con una foto, o dos si tienes suerte.

Pero sientes que quieres otra cosa, que las historias sean un poquito más largas, que tengan una estructura con comienzo, desarrollo y desenlace. Y para eso necesitas más fotos. Empecé a pensar que quizás lo mejor era hacer historias más elaboradas para revistas mensuales, y por ahí empecé a tirar. Busqué la posibilidad de colaborar con algún dominical, hasta que decidí después de 13 años de trabajo perder la seguridad de una nómina y cuatro pagas extra: dejé la prensa diaria con una excedencia de cinco años. Y ya no me reincorporé. Se trataba de vivir más pendiente del tiempo que del dinero.

Foto: Xulio Villarino
Foto: Xulio Villarino

Cuando trabajas para un semanario cuentas el encargo a tu modo y pasas de una foto [en la prensa diaria] a siete u ocho. Es mejor así, pero en cierto modo haces lo que te dicen, y a largo plazo ésa no es mi meta. Si haces lo que estoy haciendo ahora, ya no tienes esa sensación. Ahora hago lo que yo quiero hacer. Que quiero hacer un libro, pues lo hago. ¡En un libro tú lo decides todo!

Para mí hay una cosa que rige por encima de todas, y es que lo único que no vuelve es el tiempo. Bajo esa premisa me muevo. Tienes que intentar pasártelo muy bien haciendo lo que quieres hacer. Yo he encontrado mi vía para hacerlo, con proyectos más grandes. En su momento estaban financiados por la empresa pública o alguna privada, cuando las cosas marchaban mejor, y ahora tienes que buscar financiación o hacerlo tú mismo, pero siendo consciente de que lo vas a tener que vender. Tienes que conseguir venderlos: ésa es la historia.

Foto: Xulio Villarino

Volvamos a Galicia, donde recientemente has publicado un libro. Cuéntanos cómo nace "Finisterraes. Los faros de Galicia" y la historia que hay detrás de él.

Todos los libros guardan un secreto, y los secretos no se pueden contar. Dicho esto, desde hace cinco o seis años vengo trabajando en proyectos más vinculados a instituciones o a proyectos personales que después vendo.

El año pasado presentamos un libro que se titulaba "A Mariña, 43º Norte" que hice hace dos años y que financió la diputación de Lugo. Fue un proyecto en el que estuve trabajando algo más de un año, y al terminar me pregunté: "¿Qué te apetece hacer ahora, Villarino?". Y hay un tema que siempre me ha apasionado -a mí y a mucha otra gente- que son los faros. Un poco porque vivo al lado de la playa, a dos kilómetros de un faro que hay en una isla. Aquí los días de temporal en invierno, cuando el cielo está lleno de nubes, desde casa ves pasar todo el rato una luz proyectada en el cielo que es el faro que está detrás de la montaña. El faro, para una persona como yo tan vinculada al mar, es una presencia casi constante.

Sobre los faros se han hecho cosas siempre y se seguirán haciendo, porque son sitios emblemáticos. Pero yo quería fotografiar no tanto los faros, sino los paisajes que los acogen. Esos paisajes sólo los ha ido alterando la naturaleza con su evolución durante cuatro mil millones de años. Y en esos paisajes tan inhóspitos y tan salvajes de repente va el hombre y coloca allí su huella. Ésta no sólo era mi idea, sino también el carácter que le di al libro, con mucho de introspección, buscando la luz que contara mi estado de ánimo en aquel momento.

Portada del último libro de Xulio Villarino, editado por Primerapersona.

Muchas de las fotografías que ilustran el libro son vistas aéreas.

Como comentaba antes, cuando hago un trabajo siempre procuro pasármelo bien. Hace dos años, para hacer "A Mariña, 43º Norte", necesitaba volar, así que me saqué el título de piloto de ultraligero. Y descubrí que me gustaba mucho.

Para hacer "Finisterraes" pensé que quería fotografiar los faros de forma que al cabo de un par de años no pudiese lamentar no haber hecho según qué fotos. Me lo curraba mucho por tierra, así que también los quería fotografiar volando, y pensé que podría abarcar la perspectiva de los faros desde el aire. Y ésa fue la razón que me llevó a fotografiar los faros desde arriba, para poder ofrecer otra perspectiva.

¿Qué dificultades técnicas entraña este tipo de fotografía?

Los protocolos de trabajo son bastante sencillos. En Galicia tenemos la web MeteoGalicia, que hace una predicción meteorológica muy buena. Si quiero ir a Costa da Morte, en función de la luz que quiero -nublado, sol o lo que sea-, veo la meteorología y escojo cuándo voy. Aparte de eso tengo una aplicación en el iPad, LightTrac, que es un seguidor de luz para cualquier punto del planeta. Centrándome en un faro, veo a qué hora le empieza a dar el sol y a qué hora y con qué altura le está dando en una determinada cara. De esta manera sé cuándo tengo que fotografiar un faro. Si quiero hacerlo desde el aire y las condiciones son buenas, hago vuelo libre. Si no, contrato a un piloto para volar sobre la zona.

Con respecto al equipo, depende de qué tipo de vuelo haga. Si es vuelo libre con el parapente, llevo un 24-70 milímetros, y si voy en ultraligero o en avioneta, llevo además el 70-200 milímetros. Y se acabó. De todas formas hay grandes fotógrafos de fotografía aérea. Yo soy un aprendiz; lo hago porque me lo paso bien.

Foto: Xulio Villarino
Foto: Xulio Villarino

Mi forma de trabajar es bastante sencilla; en digital siempre trabajo con el ISO más bajo posible. Casi nunca subo de 100 ISO. Es muy, muy raro que me vaya a 400 ISO. Para "Finisterraes" he utilizado muchísimo el trípode, con lo cual no he tenido problemas de tiempo y he podido usar diafragmas cerrados cuando necesitaba mucha profundidad de campo.

Te referías antes a la relación entre la luz y tu estado de ánimo. ¿Qué sensaciones experimentabas mientras hacías este trabajo?

Yo todo el rato me iba a los faros y procuraba no relacionarme con nadie, porque lo que iba buscando era mi estado de ánimo en el sitio. Esa búsqueda del silencio, sólo con el sonido del mar, del viento... Es esa misma sensación de paz que tengo cuando hago vuelo libre: sólo percibes el sonido de las olas rompiendo en los acantilados ahí abajo. Es una sensación de brutalidad natural, de majestuosidad... y yo ahí tan pequeñito intentando contarlo. Eso es lo que he buscado.

¿Habla este reportaje más de ti que de los propios faros?

Yo creo que trasciende un poco el concepto de reportaje. Es un trabajo muy intimista, como si buscara en los faros algo de mí. Yo creo que con este trabajo, en cierto modo, todo el rato me iba buscando a mí mismo. Me he llegado a conocer un poco más, porque a fin de cuentas cada vez que reflexionas sobre ti llegas a cosas nuevas.

Lo que sí he conseguido durante un año y medio ha sido pasármelo infinitamente bien. No te puedes ni imaginar lo feliz que he sido haciendo este trabajo. Quizás es con el que más feliz he sido. Si el que lo ve disfruta un 10% de lo que yo he disfrutado, ya estoy contento.

Etiquetas
Fuentes y más información
Artículos relacionados (1)
0
Comentarios


  • Comenta este artículo

    No estás identificado

    Entrar