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Con texto fotográfico

"El cerdo Antón andaba con la gente, los niños jugaban con él... era muy sociable" Xulio Villarino

 
Foto: Xulio Villarino
3
FEB 2011
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Fotografiar disfrutando de la fotografía. Suena a obviedad, pero éste es el prisma a través del cual Xulio Villarino ve su trabajo. Ganador en el año 2000 del premio Ortega y Gasset de Periodismo Gráfico, reconoce que fotografía para su propio disfrute y no tanto para buscar la complicidad o apelar a la conciencia del espectador. Villarino combina la fotografía de viaje con reportajes en su Galicia natal con un denominador común: el dominio exquisito de la luz. En esta ocasión, nos presenta el lado más cómico de un particular habitante de un pueblo de la costa gallega.

Xulio Villarino

En la localidad de Espasante, en A Coruña, tienen una singular forma de recaudar fondos para las fiestas patronales de San Antón: compran un lechón y lo crían durante un año, y en las siguientes fiestas lo sortean. Cada año una persona de la comisión de fiestas se encarga de cuidar al cerdo, aunque en realidad éste corre a sus anchas por el pueblo y se alimenta de lo que mucha gente le da de comer. Lo bautizan siempre como Antón.

Evidentemente, el sorteo se hace entre personas de fuera del pueblo, ya que muchos le cogen cariño. Yo vivo bastante cerca de Espasante, y en el año 2004 me decidí a hacer un reportaje porque la historia me parecía muy interesante.

Durante aproximadamente un mes y medio fui con mucha frecuencia a Espasante a fotografiar a Antón. El cerdo andaba suelto, y como no es un pueblo muy pequeño, podía resultar difícil encontrarlo. A veces incluso tenías que ir preguntando a la gente hasta que dabas con él. Otras veces le delataba el cencerro que llevaba colgado al cuello.

Aquel año lo cuidaba Caridad, la tía de un miembro de la comisión de fiestas, y yo solía dirigirme a su casa, donde le habían montado un pequeño corral para que durmiera la siesta después de comer. Le compraba golosinas, y así conseguía que me siguiera mientras le iba fotografiando. A pesar de que un cerdo te hace mucho menos caso que un perro, Antón andaba con la gente, los niños jugaban con él y era muy sociable.

Este reportaje me lo planteé como si siguiese a una persona, pero dándole un carácter cómico, buscando escenas divertidas. Esta fotografía es un guiño más en este sentido dentro del reportaje. Los dos animales me recordaron una escena vivida hacía algunos años: paseando por las dunas de la playa mi perro vio un caballo y le dio varias vueltas, hasta que se paró justo debajo de él para olerle. El caballo hizo lo mismo. Estaban tan cerca que se tocaron con el hocico.

En aquel momento yo no llevaba la cámara, pero esta vez sí pude retratar a Petra -así se llamaba la perra- y Antón a medida que se iban acercando y mirando con curiosidad. Para evitar elementos que distrajesen la atención, me agaché y encuadré de tal forma que en el fondo sólo apareciera la calle desierta y desenfocada.

Me lo pasé realmente bien haciendo este trabajo. Las fotos las hice con el mismo cariño que les tengo a los animales. Sinceramente, no pensé que este reportaje podía ayudar a concienciar a la gente respecto a la importancia de cuidar a los animales. No creo que podamos cambiar algo con la fotografía. Es cierto que algunas fotos pueden cambiar cosas, pero me parece más honrado pensar en mí que en el espectador, porque sólo siendo fiel a mi modo de fotografiar puedo serlo también con quien ve la foto.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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