Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)
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Galgos en plata y píxel

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MAY 2016
Texto y fotos: Ivan Sánchez   |  Barcelona

A lo largo de 30 años Xavier Martí Alavedra ha fotografiado el antiguo canódromo del barrio del Congrés, en Barcelona. Convertido en libro, “El último canódromo. Barcelona 1980-2010” no solo documenta una de las actividades lúdicas de la ciudad en plena evolución, sino que también es un reflejo del paso del tiempo fotográfico y la transición del formato analógico al digital vivida en primera persona.

Levantado a pocos pasos de la avenida Meridiana por los arquitectos Antoni Bonet y Josep Puig en 1962, el Canódromo del Congrés es uno de los lugares más destacados del barrio de Xavier Martí Alavedra, que en 1980 comenzó a fotografiarlo. Pese a que por aquel entonces no podía imaginar la dirección que tomaría este trabajo personal, no tardó en darse cuenta de que aquellas imágenes acabarían por convertirse -tarde o temprano- en un documento importante de un lugar crucial para su barrio. Era un momento de grandes cambios en la ciudad condal.

Martí Alavedra quería hacer un trabajo documental de tintes humanistas, y con el paso del tiempo lo amplió a los perros y al propio canódromo, que se convertiría en un elemento aglutinador de la conciencia de barrio.

Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)
Martí Alavedra, junto a una Nikon D70 y una Canon F-1 de película, dos de las cámaras que ha usado a lo largo de estos últimos 30 años para documentar el canódromo de Barcelona.

Pero no fue tarea fácil. Ya desde los inicios tuvo que lidiar con la dificultad de acceso al lugar. Las apuestas y los cuidados de los perros eran temas sensibles. “La parte de las apuestas era la más delicada porque había que hacer fotos sin que se dieran cuenta”, nos explica.

Martí Alavedra tomó muchas de estas imágenes clandestinamente: “Entraba de forma discreta con la cámara escondida, pero cuando me vieron varias veces haciendo fotos me dieron el alto, y durante más o menos un año no pude acceder. Comencé a entrar con la cámara escondida; tomaba a lo mejor 20 fotos y me iba, para no quemar el tema.”

Cuando ya disponía de un trabajo documental sólido, presentó al gerente del canódromo una serie de fotografías, quien a regañadientes le permitió acceder a un par de sesiones de entrenamiento. “Así pude ver la parte interna, la de preparación de los perros.” Era el momento de granjearse la confianza de los cuidadores en los bares aledaños: “Les invitaba a carajillos y cervezas, y poco a poco me fui ganando su complicidad. Así conseguí acceder a las cuadras de Santa Coloma de Gramenet, una zona cerrada donde cuidaban y curaban a los perros.”

xavier martí alavedra
Foto: Xavier Martí Alavedra
xavier martí alavedra
Foto: Xavier Martí Alavedra
xavier martí alavedra
Foto: Xavier Martí Alavedra

Martí Alavedra encarna el prototipo de fotógrafo que ha tenido que adaptarse a la evolución tecnológica y a la progresiva pero rápida implementación de la fotografía digital. Desde la Canon AE-1 hasta la Nikon D800 que maneja a día de hoy, desde los carretes de 36 fotogramas a las tarjetas de memoria. El autor da cuenta de las vicisitudes de estos cambios.

“La tecnología te facilita mucho más el trabajo. La ráfaga es mucho mayor y te permite captar instantes que antes era más complicado captar, aunque luego hay un trabajo mayor de edición. Yo me había acostumbrado a trabajar disparando foto a foto, y continúo así, a no ser que resulte imprescindible usar el motor.” Mientras abre una maleta que contiene viejas cámaras de carrete, Martí Alavedra explica las virtudes de aquella forma de trabajar: “En analógico pensabas más la foto antes de hacerla, porque ibas con 36 fotos.”

Pero en todas las cosas hay una parte menos positiva: “En digital tienes que hacer una inversión constante, lo que representa que pagamos mucho más por la tecnología que antiguamente con la fotografía analógica. Por coste y mantenimiento se ha disparado el precio a nivel de producción”.

xavier martí alavedra
Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)
“Utilizo el archivo analógico cuando necesito fotos antiguas. Selecciono, escaneo y retoco el material. Por suerte lo tengo todo muy bien clasificado y organizado."

Martí Alavedra encarna al fotógrafo que ha tenido que adaptarse a la transición digital: desde la Canon AE-1 hasta la Nikon D800 que maneja hoy día

Martí Alavedra no ha perdido sin embargo el pragmatismo necesario para sobrevivir en esta profesión: “El analógico tiene su magia, de eso no cabe duda, pero hoy en día el coste de los materiales también sale muy caro y necesitas mucho tiempo. Además, está el tema del retoque: ahora puedes hacer tantas copias como quieras de la misma foto, pero cuando haces un tiraje manual, cada vez que expones te la juegas.”

También el tema de los objetivos ha cambiado: “Antes trabajaba con ópticas fijas: un 28, un 50, un 85 milímetros… Cuando me pasé a la Nikon F-801s adquirí un 200 y un 20 milímetros, pero con la digital me pasé al zoom, que no da tanta calidad y sin embargo va acorde con este tipo de cámara.”

Para un trabajo que ha combinado ambas tecnologías y que ha culminado con la publicación de un libro hace apenas medio año, la importancia del archivo es capital: “Utilizo el archivo analógico cuando necesito fotos antiguas. Selecciono, escaneo y retoco el material. Por suerte lo tengo todo muy bien clasificado y organizado.”

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Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)

El libro, editado por Montaber, es el formato ideal para un proyecto que ha tenido diferentes fases de producción y en el que se aprecian tanto aspectos sociales, de funcionamiento interno y de trabajo con los galgos como la evolución del canódromo con el paso del tiempo. “La propia sociedad en estos 30 años ha ido transformándose. La mentalidad ha ido cambiando, y lo que en su momento pareció un avance al final se convirtió en algo negativo porque los animales no tenían unas condiciones adecuadas.” En el libro se aprecia esa transformación.

En el último capítulo Martí Alavedra explica la evolución del barrio en torno al canódromo: “Ha sido una pieza socializadora entre los vecinos. La gente es más participativa, hay intereses comunes.” En cualquier caso, la evolución de la tecnología discurre paralela a la última época de estas instalaciones: “Ya había desarrollado la primera fase, y con el paso del tiempo y hacia el final, ya se trataba de una mirada distinta y había otra tecnología disponible que podía aplicarse.”

El espacio que Xavier Martí Alavedra fotografió durante tres décadas fue adquirido por el ayuntamiento de Barcelona. La pista es ahora un parque público por el que es común ver a gente pasear a sus perros. El edificio alberga el Parc de Recerca Creativa, un vivero para nuevas empresas que dio su pistoletazo de salida hace apenas dos meses.

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