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Con texto fotográfico

"Dejé aparcada esta foto mucho tiempo sin volverla a mirar" Xavier Aldekoa

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Foto: Xavier Aldekoa
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JUL 2016

En la biografía de Xavier Aldekoa aparecen muchos términos: periodismo, viajero, África, conflictos, televisión. También cargos, como corresponsal de La Vanguardia en África o cofundador de la revista 5W. Lo que no hay son palabras como cámara u objetivo, y aun así este periodista ha tomado una de las fotografías más dolorosamente realistas de los últimos tiempos. No se trata de composición, profundidad de campo o nitidez. Se trata, simplemente, de la realidad.

Xavier Aldekoa

La foto está tomada desde la escalera de emergencia de un apartamento de Yeoville, uno de los barrios del centro de Johannesburgo que, con el fin del apartheid, vivieron un cambio radical.

En 1994 la igualdad de derechos y la libertad de movimiento de todas las personas sin distinción por su color de piel llevaron a muchos negros a buscar oportunidades en el corazón de la gran ciudad. Miles de blancos huyeron en desbandada, y la dejadez y la criminalidad crecieron de la mano en el centro de la principal urbe sudafricana.

De hecho, se construyó un nuevo centro financiero —Sandton— en el norte de la ciudad, mientras el antiguo quedó semiabandonado y con decenas de edificios ocupados por personas con pocos recursos o que llegaban de zonas rurales. Yeoville dejó pronto de ser un barrio blanco y se convirtió en un África en miniatura. Sus calles, quizás no demasiado aconsejables de noche, fueron un imán para miles de inmigrantes africanos de todo el continente.

"Cuando anocheció, los tipos incluso grabaron bailes entre la basura y los chicos dormidos bajo sus mantas mugrientas"

En aquella época [2014] estaba escribiendo un libro [‘Océano África’, editado por Península], y una amiga me prestó durante unas semanas su apartamento en la colina de Yeoville. Es un lugar apartado, con unas vistas espectaculares, y me ofrecía la tranquilidad necesaria para escribir. Cerca hay una explanada verde justo enfrente de un rascacielos circular donde rezan los domingos algunas sectas religiosas.

El edificio junto a mi apartamento estaba abandonado y apenas habían construido los cimientos y la estructura del primer piso. Allí vivía en mitad de montones de basura el grupo de sintecho de la foto. Son chicos de Sudáfrica, Zimbabue y Mozambique enganchados al pegamento y el alcohol. Tipos al margen del sistema y olvidados por la sociedad. La policía no suele acercarse a la zona.

Una tarde vi cómo un grupo de bailarines, cámaras y seguratas se acercó hasta el edificio para grabar un videoclip, así que la foto se vistió delante de mí. Estuvieron bailando durante horas frente a las cámaras en la parte superior del edificio mientras los sintecho permanecían ajenos a la escena en el piso inferior. Cuando anocheció, los tipos incluso grabaron bailes entre la basura y los chicos dormidos bajo sus mantas mugrientas. Llevaban una máquina de humo para dar un ambiente aún más tétrico a la escena.

Recuerdo que me quedé mucho rato viendo la escena e hice pocas fotos. Oupa, uno de los sintecho, me había dicho el día antes que odiaba que les hicieran fotos, y se enfadó cuando me vio allí arriba apuntándoles con la cámara. La imagen no es perfecta ni su composición o color están del todo afinados, pero creo que refleja bien las cicatrices aún por cerrar de Sudáfrica. Al verla pensé que estaba bien, pero me provocó una sensación de amargura. De hecho, la dejé aparcada mucho tiempo sin volverla a mirar.

Fue un milagro que Sudáfrica no se desvaneciera en una guerra civil a principios de los 90, pero aunque la nación es indiscutiblemente un mejor lugar que hace 25 años, hoy es uno de los países más desiguales del mundo. No solo es que los hogares negros ganen seis veces menos que los hogares blancos, es que el desempleo entre los primeros roza el 40% mientras que el de los segundos es del 7%. Las diferencias económicas son una herida abierta y de color: la mayoría de pobres sigue siendo negra.

La foto no refleja solo la imagen de esa desigualdad: refleja también el desinterés de la parte rica de la sociedad por los menos afortunados. Esa desidia, esa sensación de que dos mundos paralelos conviven uno junto a otro sin apenas tocarse es constante en Sudáfrica. Los ricos a un lado, los pobres a otro. Unos arriba. Los otros abajo.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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