Opinión

Tragedias, fotos y demagogias

 
20
FEB 2006

¿Hartos ya de las dichosas caricaturas de Mahoma? Justo cuando el tema empezaba a decaer -no se crean, en los círculos fotográficos entre megapíxeles, haluros y números de serie, también se habla de lo divino y lo humano- el World Press Photo ha acudido afortunadamente a su cita anual.

Lo malo de este tipo de premios que se conceden cada año y en los que, casi siempre, la temática de las imágenes ganadoras suele estar entre lo cruento y lo trágico, es que las opiniones y debates que suscitan se repiten con cansina asiduidad. Cada doce meses toca escuchar las reflexiones de quienes se declaran hartos de tanta foto demagógica, tanta desgracia retratada y tanto recurso fácil en forma de niño, mujer o soldado armado.

Sinceramente, desconozco qué pasaba por la cabeza de Finbarr O'Reilly cuando disparó su cámara y captó la imagen que ha sido seleccionada como la mejor fotografía del año. No sé si estaba en Níger porque la agencia Reuters le había enviado a cubrir la información sobre la hambruna que padece la zona, si pasaba por allí en plan aventurero coronel Tapioca o si llegó hasta aquella zona movido por algún tipo de fin humanitario.

© Finbarr O'Reilly, Reuters
 © Finbarr O'Reilly, Reuters

La razón es lo de menos. Sea cual sea, cada año, nada más ver la foto premiada con el World Press Photo o el Pulitzer o cualquier otro galardón de este estilo siempre saltan los mismos para hablar sobre la falta de ética del fotógrafo, sobre su aprovechamiento del sufrimiento ajeno, sobre lo demagógico del discurso visual que se presenta. Etcétera, etcétera, etcétera.

Nada más ver la foto premiada con el World Press Photo o el Pulitzer siempre saltan los mismos para hablar sobre la falta de ética del fotógrafo

Ya saben. En realidad, al bueno de O'Reilly todo eso de la hambruna y la gente muriendo le importa un bledo y ahora su máxima preocupación posiblemente sea en qué gastarse los 10.000 euros que ha recibido como premio.

No es suficiente con saber que él, o Sven Torfinno, o David Guttenfelde o Mohamed Azakir, ganadores en otras categorías de World Press Photo, estaban en Iraq, Líbano, Níger o El Congo -lugares poco recomendables en la actualidad para el turismo y donde la vida de un reportero vale bien poco- y consiguieron unas excelentes fotografías.

Queremos saber más. Así que propongo que para la próxima edición se organice un interrogatorio y juicio público a los ganadores. Así, podríamos dejarnos de rodeos y preguntarles directamente si todo fue un montaje, si fue él quien colocó la mano del bebé sobre la boca de su madre, si no le da vergüenza aprovecharse de esta situación.

Fotógrafos como O'Reilly viajan a lugares donde la vida de un reportero vale bien poco para conseguir excelentes fotografías

Acusarles de ser ellos, un poderoso lobby de fotógrafos, periodistas y gente de baja calaña los responsables de toda esa injusticia y miseria humana que insisten en contarnos años tras año. Ellos, y no los mismos de siempre, empeñados en seguir jugando al Monopoly con el planeta.

Más allá de las acusaciones y de las dudas sobre las bondades de este tipo de reportajes, la frontera entre el reporterismo y el simple morbo es, para algunos, una delgada línea que se esfuma al mínimo descuido y que esconde tras de sí un viejo y conocido problema, cuyo equilibrio es realmente complejo.

Y, la verdad, puede que no les falte razón a quienes apuntan que las noticias que no vienen de los confines del mapa no tienen un tratamiento semejante en los medios de comunicación: también aquí hay sangre, muertos y desgracias, pero todos nos escandalizaríamos si osaran a mostrarnos una gota de sangre del vecino.

La frontera entre el reporterismo y el simple morbo es, para algunos, una delgada línea que se esfuma al mínimo descuido

Las mismas normas que sirven para fuera, parece que no son válidas dentro de las fronteras de occidente, donde lo políticamente correcto, la sutil delicadeza y agarrarse la cámara con papel de fumar parece la norma establecida. Un tema complejo, sin duda, el del equilibrio entre la información y la ética.

En cualquier caso, poner en duda las intenciones de los fotógrafos y periodistas que cubren estas noticias no parece un buen camino. Entre otras cosas porque, para ser justos, habría que aplicar ese tratamiento de forma retroactiva.

En ese caso, si los de este año son unos desalmados y aprovechados sin escrúpulos, habría que recordar que Robert Capa, por ejemplo, estuvo retratando la matanza del desembarco de Normandía, y que una de sus instantáneas más conocidas captura precisamente el momento en que un miliciano republicano español es abatido. Y sin preguntarle si quería convertirse en un icono. Indecente, ¿verdad?

Habría que recordar que Robert Capa estuvo retratando la matanza del desembarco de Normandía

Una actitud que recuerda a la que adoptan algunas ONG que no tienen otro remedio que recurrir al mensaje directo e impactante para captar nuestra atención durante unos segundos en la pantalla del televisor.

En este caso, puede que unas cuantas fotos no sólo hayan llenado la portada de un periódico o una revista, sino que también han contribuido a que alguien descubriera que Níger es un país y que -oh, sorpresa- hay gente que muere de hambre. O para que el telediario del mediodía le haya dedicado 15 segundos a la noticia, justo entre los sucesos, el desfile de ropa interior y los 20 minutos de deportes.

Qué quieren que les diga. Si hay que quedarse con una versión, entre el fotógrafo malvado y el que hace su trabajo y remueve algunas conciencias -aunque sólo sea de paso-, prefiero ser optimista y creerme la segunda. Decía Eugene Smith que "la fotografía es solamente una débil voz pero a veces, tan sólo a veces, una o varias fotografías pueden llevar nuestros sentidos hacia la conciencia". Otro demagogo, ¿no?

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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