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OpiniónContando píxeles

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NOV 2010

Paren las rotativas. Sony ha anunciado que abandona la producción de sus reproductores y grabadores de casete Walkman. ¿Pero todavía los seguían fabricando?, se habrá preguntado más de uno al ver repetida la misma noticia en centenares de medios a lo largo de la pasada semana.

Pues se ve que sí. O eso o los chicos de Sony han estado ágiles y, aprovechando que a los periodistas nos gusta más una efeméride que a Sánchez Drago las ficciones literarias, han conseguido colar la marca Walkman en todos los titulares. Oiga, que casetes de esos ya no tenemos pero Walkman sigue vivo en nuestros teléfonos móviles y reproductores mp3.

Las cintas ejercen de nexo generacional para los que andamos sobre la treintena. Como Espinete, pero en plan tecnológico

Sea como sea, el caso es que este anuncio ha producido la clásica y predecible ola de nostalgia: que si mi primer Walkman me lo regalaron en la Comunión, que si era un trasto enorme, que si te acuerdas cuando rebobinábamos las cintas con un lápiz para ahorrar pila, que si nosotros ya nos reíamos de la SGAE con lo de grabar canciones de la radio o pedirle copias al primero de la clase con un aparato de dos pletinas...

De acuerdo, como tecnología las cintas magnéticas son un poco birria. Nada que ver con el glamour de los vinilos, así que posiblemente están condenadas a perderse en los anales de la historia como el VHS o, como mucho, a decorar con su imagen camisetas y bolsos de diseño retro durante la próxima década.

Sin embargo, ejercen de nexo generacional para los que ahora andamos sobre la treintena. Como Espinete, pero en plan tecnológico. De hecho, está científicamente demostrado que tras pronunciar la palabra Walkman a los pocos minutos la conversación deriva en el 98% de los casos hacia los bocatas que nos merendábamos al salir del cole, a la mierda de televisión que se hace hoy en día para los críos -nada que ver con la modernísima Bola de Cristal de nuestra era- y, por supuesto, de lo mimados que están los niños de hoy en día.

Con 10 años tienen móvil, Tuenti y acciones de Microsoft, pero están más atontados que nunca, sentenciamos en pleno arrebato de nostálgia.

Pero volviendo al tema, la pregunta del millón es saber cuál será el siguiente en esta lista de aparatos en vías de extinción. O, dicho sin rodeos, ¿seguirá la película química este mismo camino y dentro de unos años estaremos comentando una nota de prensa similar de Kodak o Fujifilm anunciando que se acabó lo de los haluros de plata?

No se trata de buscar analogías entre dos tecnologías que ni por edad ni por consolidación en el mercado ni por repercusión cultural tienen nada que ver. Las cintas de casete ejercieron de mero sistema de transmisión y comercialización, mientras que la fotografía química es mucho más -al menos para la mayoría de los que vivimos su esplendor- que una forma de captar y plasmar imágenes.

Claro que tampoco es plan de ponerse en la orilla de quienes creen que con el daguerrotipo se vivía mejor, que el enfoque automático es para nenas, el color un invento del diablo y que el vídeo en las SLR debería ser anticonstitucional.

Las cámaras de un solo uso, y, sobre todo, el mundo del cine y los llamados mercados emergentes son los que hacen que sigan cuadrando las cuentas

Seguro que ellos están convencidos de que la película jamás desparecerá e incluso nunca quedará relegada a un plano meramente anecdótico, más vinculado a la expresión cultural que a la fotografía en su concepción más amplia y práctica.

Muy bonito. Pero si ponemos los pies en la tierra, no hace falta ser un experto en la materia para ver el paulatino retroceso de la fotografía química frente a la digital en la última década y el papel real que juega ahora mismo en el mercado.

Por mucho que la lomografía parezca estar más de moda que nunca o que haya algún millonario dispuesto a salvar la película Polaroid, no dejan de ser meras anécdotas. Sí, yo también este verano y con dos cámaras digitales en la mochila acabé comprando en el aeropuerto una de esas estenopeicas de cartón que uno puede montar en unos minutos, pero dudo mucho que estos tiernos arrebatos químicos sean capaces de sostener la producción de película.

A día de hoy, las cámaras de un solo uso -que por lo visto siguen teniendo bastante tirón- y, sobre todo, el mundo del cine y los llamados mercados emergentes son los que hacen que sigan cuadrando las cuentas. Veremos qué ocurre cuando esta situación cambie. Es sólo cuestión de años.

Tal vez ocurra como con las cintas, y los carretes acaben convirtiéndose en una especie de piezas de colección condenadas a vivir para siempre, ajenas al paso de los años y de la tecnología, en los expositores de las gasolineras.

En cualquier caso, y por si, como predicen algunos, la fotografía química acaba convertida en una suerte de lujo para creadores excéntricos, guardaré unos cuantos años más la caja de carretes que creo que todavía conservo en la nevera en casa de mis padres.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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