• Patrick Smith: “Se convirtió en una de mis fotos favoritas nada más verla”
  • Bernat Armangué : "Alguna vez me han preguntado si hay intención de ...
Con texto fotográfico

"Fue el momento más duro de cuantos viví" Wai Hnin Tun

1
20
FEB 2014
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Situada en una barriada del extrarradio de Málaga, La Casa de la Buena Vida acoge a quienes lo han perdido todo (o casi todo). Wai Hnin Tun, fotoperiodista birmana afincada en España, se adentró en esta residencia para personas a las que la vida parece haberles dado la espalda y salió de ahí con un documento cargado de bondad y esperanza. Un trabajo paciente, de imágenes íntimas y cercanas, que le ha permitido figurar entre los finalistas del reciente Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña.

Wai Hnin Tun

Me enteré de la existencia de La Casa de la Buena Vida a través de un artículo que leí en El Observador. Es un lugar inusual situado en Palma-Palmilla, en Málaga. Se trata de un centro de rehabilitación puesto en marcha por el Chule, un gitano que había pasado varios años en prisión por crímenes relacionados con la droga y que ahora intenta ayudar a gente que está en la misma situación que estuvo él.

Encontró una vieja finca en ruinas en las colinas de Palma-Palmilla y empezó a traer a gente de la calle con serios problemas relacionados con la droga y a familias de inmigrantes sin recursos, gente que venía de países subsaharianos. Cualquiera que necesitase ayuda y no tuviera donde ir. Incluso gente que había perdido su casa por culpa de la crisis.

En la casa viven entre 30 y 80 personas, dependiendo de la temporada. Hay reglas y todo el mundo tiene obligaciones y responsabilidades. La idea es que la gente que llega sin nada, habitualmente sin sentido del valor propio, encuentre su propia dignidad, se sienta querida e integrada en la comunidad.

"Los lugares con una reputación empañada siempre me han interesado porque la gente suele juzgarlos sin comprenderlos realmente"

Al principio fue curiosidad lo que me llevó a conocer al Chule. Supongo que me intrigaba que un lugar así fuese obra de una persona que había pasado por todo lo relacionado con las drogas. Era la respuesta de un hombre a los problemas emergentes en su barrio.

Palma-Palmilla es una barriada marginada, con mala reputación por las drogas, el crimen y otros problemas sociales. Además, la crisis se ha cebado con ella especialmente. Quería ver por mí misma por qué la gente siempre me había advertido de que no fuera. Los lugares con una reputación empañada siempre me han interesado porque la gente suele juzgarlos sin comprenderlos realmente.

Cuando el Chule entendió que estaba interesada en documentar la vida allí fue muy abierto y me ayudó muchísimo. Al inicio algunos no quisieron que les fotografiase para que sus familias no supiesen que se encontraban allí. Pero poco a poco la mayoría se fue involucrando para dar a conocer una comunidad que subsiste solamente gracias a donaciones privadas, sin ayudas del ayuntamiento.

No es que la vida [en la casa] sea sencilla. Cuando hay tanta gente con un trasfondo y una historia tan diversa, con muchos problemas personales, se dan momentos de tensión y afloran discusiones. Sin embargo predomina un gran espíritu de camaradería.

Esta imagen es muy especial para mí. El hombre en la cama es Juan, tiene 49 años y es seropositivo. Le dieron el alta en el hospital porque los doctores creían que no podían hacer nada más por él. Recuerdo que unos días antes el Chule me dijo que lo traerían de vuelta porque le quedaba muy poco de vida y que intentarían hacer que se sintiera lo más cómodo posible durante el tiempo que le quedase. Pidió a los demás residentes que hicieran turnos para que hubiese alguien que se hiciese cargo de él en todo momento.

"Me encontré a un hombre sin deseo por seguir viviendo. Me dijo que sabía que iba a morir. No tenía familia ni un lugar adonde ir"

Aquel día, cuando fui a ver a Juan, me encontré a un hombre sin deseo por seguir viviendo. Me dijo que sabía que iba a morir. No tenía familia ni un lugar adonde ir. Ni una sola motivación para vivir. Ana, la chica que aparece en la foto, era una de las residentes más jóvenes. Era su turno para cuidarle. Mientras les fotografiaba, ella le decía que le quería, que todo el mundo quería que se recuperase y que no era cierto que estuviese solo.

Fue un momento muy íntimo y también el más duro de cuantos viví en la casa. Siempre quedará grabado en mi mente. Sin embargo, me llena de felicidad añadir que tras esos días oscuros y difíciles, Juan ha sorprendido a todos al recuperarse en los últimos meses. Le vi recientemente y parecía contento, valiéndose por sí mismo, regando sus plantas y cuidando de su perro. Parece haberse aferrado a una segunda oportunidad.

En mi opinión lo que ocurrió con Juan resume lo que es realmente La Casa de la Buena Vida: el apoyo a un ser humano y la compasión por aquellos que no tienen absolutamente nada. Estoy muy contenta por la aceptación que he encontrado allí y por el privilegio de compartir las historias y las vidas de esta comunidad tan notable.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

Fuentes y más información
1
Comentarios
Cargando comentarios