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La vuelta al mundo en 3.650 días

Inventario para diez años de fotografía

 
21
MAR 2007

A comienzos de 1999, me despedí de los míos diciéndoles que iba a recorrer Europa en bicicleta durante cuatro meses. Volví cuatro años más tarde, después de dar la vuelta al mundo pedaleando. Y no llegaba solo: me acompañaba Miyuki, una joven descendiente de japoneses a quien había conocido en el sur de Brasil. Ahora nos hemos casado y hemos iniciado una nueva vuelta al mundo, esta vez en tándem y para diez años.

Miyuki y yo nos casamos y decidimos abordar juntos un ambicioso proyecto: aprovechar lo aprendido en nuestro primer viaje alrededor del mundo para emprender un nuevo periplo.

Aprovechando nuestros conocimientos -Miyuki es ingeniera en telecomunicaciones y yo soy fotógrafo- y los últimos avances tecnológicos, podíamos realizar una nueva vuelta al mundo, esta vez en tándem y durante diez largos años. Un viaje que no fuera sólo para disfrutar y aprender, sino que sirviera para comunicar la experiencia a otras personas a través de Internet.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
A comienzos de febrero de 2005 iniciábamos el viaje en Vitoria. Pedaleamos a Madrid, desde donde continuamos hacia Lisboa. En la foto, Miyuki sobre el "Victoria-Gasteiz", el primer tándem que utilizamos, con la Sierra de Guadarrama al fondo.

La instantaneidad y agilidad inherentes al binomio fotografía digital e Internet facilitarían mucho las cosas a la hora de emitir las imágenes poco después de ser capturadas.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Una imagen reciente en la costa del nordeste de Brasil sobre el "Beagle", el tándem reclinado en el que viajamos ahora.

Atrás quedaba el recuerdo de mi anterior travesía, durante la cual tenía que buscar los rollos de diapositivas, cargarlos en la bicicleta y, una vez expuesta la película, revelarla en algún lugar para digitalizarla y poder enviar las copias por e-mail a casa. Y todo ello en medio de -pongamos por caso- Pakistán. Una locura.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
La Patagonia: miles de kilómetros de llanuras vacías sin un triste árbol, y el fuerte viento soplando sin descanso.

Los preparativos para el viaje duraron casi dos años, y escoger el material electrónico fue una de nuestras principales ocupaciones. Capacidad, autonomía, robustez y portabilidad eran factores a tener en cuenta, dado el tipo de viaje -largo y en bicicleta- que íbamos a emprender.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Imagen nocturna del centro viejo de Lisboa desde lo alto del elevador de Santa Justa.

En el momento de escribir estas líneas, ya han transcurrido dos años de aventura, tiempo suficiente para recorrer la Península Ibérica y parte de Sudamérica, desde Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, hasta João Pessoa, la punta de Brasil más cercana a África.

El equipo
Con la parte fotográfica fuimos afortunados. Durante los preparativos, presentamos el proyecto a una conocida marca junto a una selección de las imágenes del anterior viaje.

Y decidieron apoyarnos, cediéndonos una réflex de gama media y tres objetivos (10-22 mm, 17-85 mm y 70-300 mm), además de una unidad de flash y de una cámara compacta de prestaciones avanzadas. Completaba el cuadro una pequeña cámara de vídeo.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
En las estribaciones de los Andes del noroeste argentino abundan los paisajes espectaculares, como éste de Quebrada de Cafayate.

Todo este material fotográfico tiene que ir bien organizado y protegido de golpes, suciedad y agua; es por ello que nos hicimos con una mochila especial. La cámara, los objetivos y el resto de accesorios -tarjetas, micrófonos, etcétera- irían en compartimentos individuales, separados por paredes acolchadas que uno mismo puede organizar.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

La mochila con el equipo pesa entre 6 y 7 kilos, y se ha convertido en una prolongación de la espalda: vamos a todos los lugares con ella. Por cuestiones de seguridad, es bueno que llame la atención lo menos posible, por lo que preferimos que tenga un aspecto viejo.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
No todo es bicicleta: también realizamos caminatas para visitar lugares inaccesibles sobre dos ruedas. En estos casos, las mochilas que contienen el ordenador y el material fotográfico son imprescindibles.

Por sistema, las imágenes realizadas con la réflex las almacenamos simultáneamente en dos formatos: JPEG y RAW. Las copias en JPEG, obtenidas con el mínimo tamaño posible, nos permiten visionar rápidamente la captura en el ordenador y -si lo creemos necesario- publicarla en Internet.

El peso total de cada fotografía es de aproximadamente 10 MB, de los cuales 9 corresponden al archivo RAW -sin compresión- y 1 al JPEG. Con el tiempo, hemos comprobado que en un solo día podemos realizar hasta 300 fotografías, por lo que siempre llevamos encima tres tarjetas de 1 GB.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Mientras pedaleamos, llevamos el equipamiento electrónico protegido y aislado dentro del remolque de fibra de vidrio. Imagen de un camino de Tierra del Fuego, Chile, en el extremo sur de América.

Existe una buena solución para poder almacenar más fotografías sin tener que encender el ordenador: un pequeño disco duro portátil con lector de tarjetas. El que usamos nosotros tiene una capacidad de 20 GB y su manejo es muy sencillo: tan sólo hay que meter la tarjeta en la ranura correspondiente y copiar la información.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Pero la herramienta realmente imprescindible en un viaje en el que la fotografía tenga un papel importante es el ordenador portátil.

Entre otras muchas cosas, nos permite preparar las imágenes, almacenarlas y hacer copias que enviamos a un lugar seguro cada cierto tiempo, tanto para liberar espacio como para no perder el material gráfico en caso de avería, virus o robo.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

A pesar de ser pequeño (la pantalla mide 10,6 pulgadas) y ligero (pesa unos 1,5 kilos), el portátil cuenta con un disco duro de 80 GB y es lo suficientemente potente para nuestras necesidades.

Estas copias de seguridad las hacemos en discos DVD y las enviamos a casa. Cuando nos avisan de que han llegado en perfectas condiciones, borramos del portátil las fotos en RAW (excepto las mejores) y dejamos sólo las copias en JPEG.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
En Río de Janeiro, Miyuki saca unas fotos con la cámara compacta desde el Pan de Azúcar. Al fondo a la izquierda, se aprecia el Corcovado.

De este modo, conservamos durante el viaje un archivo fotográfico que no pesa demasiado, apto para su uso inmediato en Internet, y que además resulta útil como referencia cuando tenemos que pedir -si es necesario- que nos reenvíen el archivo RAW original.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Cataratas de Iguazú, en la frontera entre Argentina y Brasil. En este caso, el vapor de agua podría perjudicar al equipo si no lo llevásemos protegido en la mochila.

El accesorio que utilizamos para subir a la red el trabajo realizado en el portátil es la llave USB, que sirve de puente para transmitir a un ordenador conectado a Internet -en un cibercafé, por ejemplo- las imágenes y los textos ya preparados.

Como complemento de bolsillo, nada más adecuado que un PDA, sustituto natural del portátil en muchos aspectos, sobre todo si está acompañado de un pequeño teclado.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

No nos olvidemos del sonido. Un grabador-reproductor de MP3 y otros formatos es una solución excelente para grabar -por ejemplo- una entrevista sin necesidad de un micrófono externo.

El paso del archivo en formato digital al ordenador es muy rápido. ¡Qué tiempos aquellos en los que había que pasar toda la cinta para copiar algo desde un casete!

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Viajar es siempre una oportunidad para conocer personas de otras culturas. Estos chavales brasileños viven en Salvador de Bahía, en Candeal, el barrio de Carlinhos Brown.

Para que todos estos pequeños instrumentos funcionen, es imprescindible tener a mano una fuente energética. Si el viaje transcurre por zonas civilizadas, no hay problema: cargamos las baterías en un enchufe, normalmente mientras dormimos.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Pero en aquellas etapas de viaje "off-road", un elemento de inestimable ayuda es la manta solar, que nos permite cargar las baterías durante el día. Otra alternativa plausible para un viaje en bicicleta sería colocar una dinamo en la rueda, posibilidad que tal vez experimentemos más adelante.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Empujando la bicicleta por una playa del sur de Brasil. Nuestra compañera mide 4 metros de largo, y con el equipaje pesa unos 100 kilos.

Acabamos de celebrar nuestro segundo aniversario de viaje y nos encontramos en el nordeste brasileño, pedaleando en dirección a la desembocadura del Amazonas.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
"Brasil sin prejuicios." El mundo no es sólo belleza y tiene sus serios problemas. En su viaje, Eneko y Miyuki colaboran con algunas organizaciones que intentan mejorar la situación del planeta, como la ONU y UNICEF, divulgando la Campaña del Milenio. Imagen de jóvenes del Proyecto Axé de Salvador de Bahía, que cuenta con el apoyo de UNICEF.

Sea como sea, nuestro trajín constante no nos impedirá que a partir de ahora compartamos con la audiencia de QUESABESDE.COM las vivencias de esta particular vuelta al mundo.

Los artículos de la serie "La vuelta al mundo en 3650 días" se publican, normalmente, el tercer miércoles de cada mes.

La travesía de Eneko y Miyuki nos brinda la posibilidad de conocer la diversidad cultural y las bellezas de nuestro planeta en esta serie de artículos y a través de su página web acercandoelmundo.com.

Su proyecto también tiene carácter humanitario. Colaboran con la ONU y UNICEF en la difusión de la Campaña del Milenio, en la cual también os invitamos a participar.

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