Dossier

Vivitar: breve y tortuosa historia de una marca

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JUL 2013

Las marcas ya no son lo que eran. Excepto un puñado escaso de grandes referencias (que todos tenemos en mente), con el paso de los años muchos de los iconos del imaginario fotográfico han perdido cualquier vínculo con lo que fueron en su momento reduciéndose a una mera fachada tras la cual puede ocultarse cualquier cosa, desde un fondo de inversión a un conglomerado industrial de infinitos tentáculos.

Si una marca destaca entre todas por su capacidad de metamorfosearse por dentro sin modificar su logotipo comercial, su imagen corporativa, ésta es Vivitar. Puede que cuando uno acude a una tienda con la intención de adquirir una cámara digital compacta, un objetivo manual o un flash Vivitar sienta la tentación de hacer memoria y evocar aquellos aparatos dotados incluso de una montura propia. O la mítica Serie 1, o los primeros flashes Thrystor. Se equivocaría. Este Vivitar no tiene nada que ver con aquel Vivitar.

Muchas marcas fotográficas se han reducido a una fachada tras la cual puede ocultarse desde un fondo de inversión a un conglomerado industrial de infinitos tentáculos

El origen de Vivitar se remonta a finales de la década de los treinta del siglo pasado, cuando Max Ponder y John C. Best, dos emigrantes alemanes, decidieron fundar en Santa Mónica (California) una compañía de distribución de artículos fotográficos. Hay que ubicarse en el tiempo y el espacio: la Gran Depresión, Hollywood a un tiro de piedra. Tras la Segunda Guerra Mundial, Ponder y Best asumieron la distribución de equipos fabricados por Mamiya, Olympus, Rollei, Voigtländer, o Petri, pero no fue hasta 1964 cuando, tras perder los derechos comerciales sobre algunas de ellas, Ponder & Best decidió impulsar su propia marca: Vivitar.

Durante la década de los sesenta Vivitar consiguió ir ganando cuota de mercado gracias a la eclosión de las cámaras réflex de objetivo intercambiable, dado que ofrecía productos de calidad a unos precios más competitivos que las primeras marcas. Si hasta entonces Ponder & Best se había limitado a rotular con su marca los modelos concebidos y fabricados íntegramente por proveedores externos, pronto creó sus propios objetivos de acuerdo con parámetros ideados por su equipo interno de ingenieros ópticos. El resultado de esta apuesta fue una de las gamas más reputadas -unas veces con justicia, otras no tanto- de la historia de la fotografía del siglo XX: la célebre Serie 1.

Para implementar sus novedosos diseños, Vivitar se hizo con los servicios adicionales de Opcon, una empresa de Connecticut que utilizaba tecnología computarizada para optimizar el rendimiento óptico de los objetivos fotográficos, especialmente de los primeros zooms. Reduciendo el aire entre las lentes, consiguieron que estos parientes pobres del equipo fotográfico dejasen atrás los recelos de los usuarios con sus buenos resultados y excelente usabilidad. Uno de los más prestigiosos fue -y sigue siendo- el telezoom de 70-210 milímetros, que conoció diversas versiones pero que, en su conjunto, sigue considerándose una de las joyas de la corona.

Uno de los secretos mejor guardados de Vivitar en esa época era el responsable último de la fabricación de sus objetivos, ya que en su sede norteamericana únicamente se encargaban del diseño óptico. No fue hasta hace unos años que un exempleado de la casa filtró un dato que ha permitido, al fin, conocer la paternidad material de muchos de los mejores objetivos de Vivitar.

El Vivitar 200 mm f3 perteneciente a la Serie 1. | Foto: Ashley Pomeroy

Según esta información, el número de serie impreso en el frontal nos permite saber cuál es el fabricante del objetivo en cuestión. Así, Kiron sería el de los empezados por 22; Komine, por 28; Tokina, 37; Cosina, 9... y así hasta una veintena de referencias distintas, cada una con sus propias características y desde luego calidades.

Es decir, que no cabría hablar de un objetivo Vivitar, sino del Vivitar de Kiron, del Vivitar de Konime... cada uno con sus pros y sus contras, cada uno con su personalidad. Incluso se dio el caso de que alguno de estos fabricantes, japoneses en su inmensa mayoría, acabaron plagiando de una manera indisimulada los mismos diseños que habían fabricado para Vivitar. Esto Tokina lo hizo con especial ahínco.

Es opinión común de sus usuarios que los mejores objetivos de marca Vivitar fueron los fabricados por Kiron (o Kino Precision), una empresa compuesta por ingenieros formados en la factoría de Nikon. Estos modelos permitían la captura de imágenes de una nitidez y un contraste muy buenos, todo ello con un tamaño contenido, excelente calidad de construcción y algunas prestaciones adicionales que en aquella época eran muy valoradas. Es el caso del modo macro, en realidad "close focusing", una distancia mínima de enfoque bastante reducida, pero que en ningún caso permitía alcanzar la ratio 1:1 del auténtico macro.

Ahora bien, como contrapartida hay que decir que algunos de ellos no eran perfectamente "parfocales", sino que había que enfocarlos de nuevo tras girar el anillo del zoom. Asimismo, con el tiempo se ha evidenciado un problema en los aceites utilizados para engrasar la helicoidal, con tendencia a salirse de las guías e impregnar las lentes o incluso las aspas del diafragma.

Anuncio de Vivitar de finales de los años sesenta.

Aparte de sus zooms, una de las especialidades de Vivitar en esa época fue ofrecer focales fijas muy luminosas y a un precio comparativamente asequible, en especial angulares. Cabe mencionar el 35 mm f1.9 de Komine, el 28 mm f1.9 de Tokina, o el 24 mm f2 de Kiron. En cuanto a otras focales, cabe citar el espléndido 200 mm f3 de Komine, o los magníficos macros 55 mm f2.8, también de Komine, y el 90 mm f 2.5 de Tokina, conocido como Tokina Bokina por su delicioso "bokeh".

El propio éxito de los objetivos Vivitar, así como su política de cambiar de fabricante con cierta premura, todo ello unido a la propia evolución del mercado fotográfico, cada vez más maduro y exigente, redundó en una serie de pleitos comerciales y problemas legales que presagiaron el principio del fin de la época dorada de la marca. A principios de los ochenta los modelos que se comercializaban bajo la marca Vivitar ya no tenían nada que ver con sus míticos ancestros: construcción económica y elemental, rendimiento óptico poco más que correcto...

El final del periplo de Vivitar como marca dotada de un perfil claro y definido se produjo en 1985, cuando fue adquirida por la compañía australiana Hanimex. Ese mismo año Vivitar había perdido cinco millones de dólares.

Aun así, a finales de los ochenta Vivitar presentó un curioso modelo de objetivo con autofoco destinado a cámaras réflex manuales. Estaba dotado de un mecanismo alojado en el tubo del propio objetivo que se accionaba mediante una batería independiente. No prosperó y fue rápidamente olvidado. La empresa cambió de nuevo de titularidad y pasó a manos de la británica Gestetner PLC, del grupo Ricoh.

Publicidad de la serie TX de Vivitar de finales de los setenta.

Empezó entonces una tortuosa singladura, con algunos episodios bastante señalados (como la destrucción en 1994 de una gran parte del "stock" de su almacén en San Fernando por culpa de un terremoto) que redirigieron a la compañía hacia nuevos segmentos, como los flashes, los complementos fotográficos o las cámaras compactas. Atrás quedaban los mejores años de Vivitar, con bastantes de los mejores zooms de gama media de la historia e incluso alguna que otra excelente focal fija de gama alta.

Para consuelo de los curiosos impenitentes, los coleccionistas insaciables e incluso de los usuarios avanzados que conservan el gusto por los objetivos manuales (esos curiosos cacharritos que te obligan nada menos que a toquetearlos para sacarles un mínimo partido), el mercado de ocasión brinda una oportunidad bastante asequible de acceder a algunos de los mejores objetivos Vivitar de la llamada "época clásica", con un rango de precios que oscila entre los 50 y los 250 euros.

(En 2009 aparecieron con el sello Vivitar algunos objetivos de enfoque manual destinados a cámaras réflex digitales que no son más que modelos de diseño y fabricación totalmente externa. Se han comercializado bajo otras marcas como Samyang, Bower o Falcon.)

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