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OpiniónEnfoque diferencial

Fotogracólitos

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SEP 2015

Comentaba uno de nuestros lectores a propósito de la crónica sobre la exposición del World Press Photo que había acudido a esta y las otras dos muestras del momento en Madrid, una de ellas la pequeña selección de retratos de Vivian Maier. Apuntaba este comentarista que había detectado notables diferencias entre el tipo de público de ambas: mientras que en la primera se veían más visitantes al uso, en la segunda abundaban los modernitos o hipsters. He tenido ocasión de visitar las dos exposiciones, y confirmo el diagnóstico.

Pero más allá de este improvisado estudio sociológico hecho a ojímetro, lo que realmente me sorprendió fue la forma en que los responsables de la Bernal Espacio Galería donde se exhibe (hasta mañana, por cierto) el trabajo de Vivian Maier se esforzaban en animar a la gente no solo a que fotografiasen la colección, sino también a compartir las fotos en las redes sociales y por supuesto a hacerlo con la etiqueta creada ad hoc para la exhibición. Concluía nuestro lector diciendo que le parecía que el personaje era más interesante que su obra.

Ahora tenemos seguidores de barro, lacayos lamebotas que idolatran a alguien que sin duda se lo merece, pero lo hacen no por su obra, sino para poder presumir de ello

He hablado de Vivian Maier estos días con mucha gente. También he leído mucho sobre esta gran fotógrafa felizmente descubierta por casualidad. Una fotógrafa que es adorada y que cuenta con infinidad de seguidores. Seguidores que (uno tiene esta sensación) en muchos casos no son ni fotógrafos ni amantes de la fotografía, sino simples esbirros que necesitan de alguien a quien adorar.

Es la nueva moda: adorar a Vivian Maier como antes se adoró a Terry Richardson (salvando las distancias entre ambos). Al personaje antes que a su obra.

El hipsterismo fotográfico crece a pasos de gigante. Primero te encuentras a un tipo que no distingue entre flash y objetivo que se presenta con una tarjeta en la que hay escrito “fotógrafo” y cuya principal virtud fotográfica (según aparece indicado en su propia web) es tener 15.000 seguidores en Instagram (fotos de comida mediante). Luego te encuentras a tu vecino pegando el logo de Vivitar en su Vespa. Y al final la vieja loca de los gatos sale a pasear con una Leica de carrete (vacía) colgada de la muñeca porque dice que es trendy.

Y entonces llega Vivian Maier. Y mientras los auténticos amantes de la fotografía disfrutan del trabajo de la niñera que no quiso mostrarlo con vida, esos nuevos fotogracólitos comparten en sus cuentas de Twitter lo genial que es la exposición, replican en Instagram las mejores fotos tomadas por la difunta y hacen saber a todos que asistirán, que están y que han estado en la exposición de Vivian Maier en Madrid. Y luego les enseñas una Rolleiflex y te preguntan dónde se mete ahí la tarjeta.

Ha habido muchos dioses de barro a lo largo de las historia. Seres imaginarios que movían a riadas de gente cada vez que subían las mareas o había un eclipse. Ahora tenemos seguidores de barro, lacayos lamebotas que idolatran a alguien que sin duda se lo merece, pero lo hacen no por su obra, sino para poder presumir de ello. Ser seguidor es ahora tendencia, y ya se sabe que seguir una tendencia está de moda.

La obra de Vivian Maier me gusta, pero ya me gustaba antes y sobre todo me gustará después, cuando los modernos hayan dejado de adorar al personaje

Y al final pasa que acabamos hasta ahí mismo del asunto. Ocurrió con Terry Richardson, que al principio era graciosillo y daban ganas de tirarle un cacahuete, pero que con el paso de los años (de los muy cansinos y repetitivos años) se ha vuelto ya no soez, porque seguramente ya lo era, sino aburrido hasta la náusea (a diferencia del fenómeno Maier). Si no se le hubiera dado tanta cancha por parte de esos fotogracólitos, igual hasta habríamos tenido un buen fotógrafo.

Vivian Maier falleció en 2009, poco después de que John Maloof se hiciera por 400 dólares con el tesoro de sus negativos en una subasta. Descanse en paz. Por lo menos se ha librado de tener que ver cómo hablan de ella un puñado de insulsos que no habrían visto ni una de sus fotos en vida, y aun así seguramente las habrían criticado con desdén.

Las redes sociales, qué paradoja, han hecho que perdamos la capacidad para decidir lo que nos gusta. Hoy son otros los que se encargan de elegir nuestras preferencias porque vivimos en un mundo donde seguir la corriente es la única forma de no vernos arrastrados por ella. La obra de Vivian Maier me gusta, pero ya me gustaba antes y sobre todo me gustará después, cuando los modernos hayan dejado de adorar al personaje.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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