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OpiniónContando píxeles

¡Viva Rusia!

 
7
MAR 2011

Mi abuelo era cocinero en un barco. Las paellas de mi padre en el campo eran memorables y mi hermana hace unos "pintxos" que ríete tú de las mejores barras de Donosti. Así que, además de nacer en el mismo centro de Bilbao (que también cuenta, claro), igual sí hay por ahí suelto un gen familiar que le predispone a uno a atrincherarse en la cocina.

Por eso, cuando las puñeteras novedades fotográficas y la penúltima prueba urgente de esa revolucionaria compacta lo permiten, se hace lo que se puede con las cacerolas para llenar los "tuppers" diarios y para lucirse un poco más cuando toca cena con amigos.

La fotografía se resiste a convertirse en un segmento más dentro del frío mundo de la electrónica de consumo

En esa inagotable búsqueda de recetas y trucos que todos los cocinillas perpetramos, hace tiempo apareció el bueno de David de Jorge Eceizabarrena. Aunque con ese apellido parece un personaje sacado del típico chiste de vascos, este "cachalote" (como él mismo se define) conduce en ETB (la televisión autonómica vasca) "Robin Food", posiblemente el mejor y más irreverente programa de cocina del mundo.

Si les gusta el tema culinario, merece la pena echarle un vistazo. Lejos de ser un programa al uso y en plan fino, aquí se mete el dedo en la salsa para probar, las raciones son para glotones, la pimienta se mide en kilos, el vocabulario es de ese que espanta a las madres y, en definitiva, se cocina sin tonterías y con mucha pasión.

Esa es la clave: la pasión por la comida traducida en el grito de guerra del programa, que no es otro que "¡Viva Rusia!". Quien después de ver esos 25 minutos de "atracón a mano armada" no tenga ganas de cocinar o engullir un buen plato de algo consistente, debería hacérselo mirar.

Y ahí es donde quería llegar tras este monólogo culinario. No a que el mundo de la fotografía necesite un programa de televisión diario (que también, pero descuiden, que ya estoy en conversaciones con Telecinco, aunque lo de Belén Esteban de copresentadora... no sé yo), sino a la importancia de recordar que es la pasión de los aficionados lo que mueve y mantiene vivo este mercado.

Sólo así se entiende que, pese a los cambios que estos últimos años han puesto patas arriba este sector, la fotografía se resista a convertirse en un segmento más dentro del frío mundo de la electrónica de consumo.

Cierto que las cámaras tienen más botoncitos y chorradas que nunca -también son mejores, ojo- y han adquirido muchas malas costumbres en los últimos años. Pero, pese a todo ello, se resisten a regirse por las mismas normas que otros cacharros con batería.

Algunas compañías parece que no lo acaban de entender. Esto no es un móvil ni una puñetera tele, les decíamos hace tiempo a nuestros amigos de Samsung al ver con cierta pena cómo excelentes cámaras firmadas por ellos pasaban por el escaparate sin pena ni gloria.

Por eso, no basta con sacar un producto que sea una auténtica virguería. Eso, a día de hoy, ya casi no tiene ni mérito. Hay que saber comunicarlo y venderlo. Y apelar a lo que mueve este segmento. ¡El dinero!, gritan a coro los de marketing recién salidos de un máster de ESADE. También, pero me refería a la pasión, maldita sea.

¿Acaso alguien cree que todo el revuelo que se está formando en torno a la Fuji X100 es sólo porque es buena? Cámaras estupendas hay un montón, y también de esas que juegan con el diseño retro para enamorar a primera vista.

El truco está en hablarle al fotógrafo en su mismo lenguaje. "Eh, que soy una cámara de verdad, como las de toda la vida, con ruedas, visor... y sé lo que realmente es importante", parece querer decir. Y la verdad es que por 1.000 euros ya podría hablar, estará pensando más de uno.

Para entender que haya quienes sueñen toda su vida con una Leica o un objetivo pata negra hay que ser de los nuestros

Visto desde fuera parece una locura o un simple capricho. Pero para entender que haya quienes sueñen toda su vida con una Leica o arañen cada mes algo de lo que queda después de pagar la hipoteca para comprarse un objetivo pata negra hay que ser de los nuestros, ¿verdad?

Ya se sabe que éste nunca fue un vicio barato. Pero no es sólo cosa del vil metal, sino de eso que hace que un sábado a las ocho de la mañana haya grupos de amigos que se junten para ir por ahí a sacar fotos. O que algunos tengan la galería de Flickr más ordenada que su propia casa mientras otros se resisten a clausurar el cuarto de revelado que improvisaron hace años en una habitación de casa.

Si han presenciado alguna vez una charla de horas sobre los últimos rumores del sector o sobre lo divino y lo humano de pasarse con la saturación o el retoque en una fotografía entenderán a qué pasión me refiero.

Por eso, cuando se vuelven insoportables las gráficas de ventas y las cotizaciones en bolsa de tal o cual firma, la cansina sucesión de megapíxeles, el humo conceptual de algunos artistas que llevan décadas viviendo del cuento y los medios en manos de comerciales e informáticos, necesitamos pronunciar nuestro propio grito de guerra que nos recuerda lo que realmente importa.

Un par de bofetadas -con la mano abierta, si fuera preciso- de contagiosa pasión fotográfica para salir ahí fuera con la cámara al grito de "¡Viva Rusia!". O viva Zenit, por aquello de la adaptación temática.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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