| Perpiñán. Ivan Sánchez.- AFP entró en el panorama internacional en 1985 y desde entonces ha sido una de las agencias de referencia mundial. Los visitantes a esta edición de Visa pour l'Image, que permanecerá abierta hasta el próximo día 17, pueden contemplar exposiciones individuales del trabajo de algunos de sus fotógrafos a lo largo de los últimos 20 años.
Como no podía ser de otra manera, la muestra puede verse en un lugar privilegiado: el Convento de las Mínimas de Perpiñán.
AFP es también una de las agencias fijas en el Palacio de Congresos de la ciudad francesa, y en su stand se dejan ver fotoperiodistas y editores que evalúan el porfolio de jóvenes autores.
Imaginario colectivo
Presentes por todo el mundo, los fotógrafos de AFP han colaborado en la creación de un imaginario colectivo de actualidad. El rumor de los visitantes al ver algunas de las fotografías expuestas, recordando la noticia a la que hace referencia cada una de ellas, está servido.
Algunas de estas fotografías ya famosas son, por ejemplo, el cabezazo de Zidane a Materazzi en la final del Mundial de fútbol de 2006, de John Macdougall; el rostro de Teresa de Calcuta durante su entierro en 1997, fotografiada por Arko Datta, o el joven manifestante alcanzado por una bola de goma disparada por la policía antidisturbios, obra de Awad Awad.
No lo son menos el rostro perplejo de George W. Bush al conocer la noticia del atentado del 11 de septiembre de 2001, fotografiado por Paul J. Richards, o la imagen del papa Juan Pablo II durante la beatificación de un santo en Eslovenia, de Gabriel Bouys.
Polémica candente
Internet y la fotografía digital han facilitado la democratización de las comunicaciones y abierto nuevos horizontes. El debate está servido, ya que al margen de determinados eventos de máxima relevancia, son las grandes agencias las que deciden a qué conflictos interesa dar cobertura, dejando otros tantos fuera del alcance del público.
La controversia no pasa inadvertida para los patrocinadores del festival, que lejos de aludir estos temas, hablan abiertamente de ello en la presentación de la exposición.
La polémica sobre lo que se debe mostrar y lo que no se acrecentó tras el atentado de 2001 en Nueva York, en que se practicó la censura unánimemente.

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