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Las postales perdidas del tío Matt

Vietnam: un regalo de la naturaleza maltratado por la historia

 
21
OCT 2009

Una de las ventajas de visitar Vietnam es que, debido a la forma estrecha y rectangular de su geografía, no hay que hacer grandes cábalas para organizar el recorrido. O lo haces de Norte a Sur, o lo haces de Sur a Norte. Sea cual sea el sentido elegido, el viaje promete bastantes cambios y paisajes espectaculares aderezados con las más astutas de las picarescas "lazarillas" con los turistas.

La historia de Vietnam encumbra a sus habitantes como indomables supervivientes. Francia, Estados Unidos, Japón y China han intentado someterlos en unas cuantas guerras. A pesar de las invasiones sufridas, los vietnamitas, hijos de un dragón (cuenta la leyenda), siempre han luchado por recuperar su identidad. Y siempre han salido victoriosos.

Foto: Ignacio Izquierdo
Tienda de farolillos en Hoi An.

En las caóticas calles de Hanoi o la algo más occidentalizada Ho Chi Minh City, donde los ríos son de motos que se entremezclan entre sí y esquivan con inusual destreza a los azarosos peatones que se cruzan en su camino, no se insinúa el espíritu orgulloso de este país.

Foto: Ignacio Izquierdo
Olvídate de tu último Ferrari. En Vietnam se vive a dos ruedas.

Al visitante todo le parece -dentro del impacto que produce una ciudad asiática de estas características- bastante normal. Incluso me atrevería a decir que su cara más visible se encuentra cubierta de un aura de dejadez.

Foto: Ignacio Izquierdo
Las mágicas laderas de los montes de Sapa.

Muchas son las opiniones que generan sus dos principales ciudades, pero con una media de amor-odio del 50%, no dejan indiferente a nadie. El resto de Vietnam, en cambio, muestra sin reparos la generosidad y el mimo con que lo creó la madre naturaleza. Es, sin duda, un país precioso.

Foto: Ignacio Izquierdo
Barcos de turistas a la caza de una buena posición para ver el atardecer en la bahía de Halong.

¿Quién se atreve a perderse la bahía de Halong? Yo a lo que me atrevo es a perderme en ella. Me atrevo a navegar por sus aguas tranquilas ante miles de montañas calizas que surgen del fondo del mar.

Foto: Ignacio Izquierdo
Los impresionantes e infinitos penachos de roca caliza de Halong Bay.

Me atrevo a perderme entre los verdes arrozales escalonados de los montes de Sapa, hogar de tribus y minorías étnicas. Me atrevo a nadar y bucear en los azules de las playas de Nha Trang y a sorprenderme por la riqueza de sus fondos marinos.

Foto: Ignacio Izquierdo
Representante de los Hmong (Miao), habitantes del norte de Vietnam y el sur de China.

Me atrevo a atravesar los canales selváticos del Mekong, donde la barca es la casa, el hogar, la vida de pescadores y agricultores que se dan cita en mercados flotantes desde antes de que empiece a salir el sol.

Foto: Ignacio Izquierdo
"¡Trato hecho!"

La parte negativa -y generalmente comentada- viene de la excesiva picaresca para con los turistas. No pocos son los que se han quejado de sus timos y estafas, pero los vietnamitas siempre van por delante. Hay que reconocerles una audacia prodigiosa para copiar, falsificar y vender por más de diez veces su precio original cualquier cosa. Y no hablo sólo de arte, ropa o joyas. Hablo de copiar hoteles enteros, apoderándose del nombre de los más famosos para llevar ahí a los incautos. ¿Se imaginan acabar en el "otro" Ritz?

Foto: Ignacio Izquierdo
Anochece en las orillas de Hoi An, una maravillosa ciudad colonial cargada de colores y que lamentablemente ha sido arrasada recientemente por el tifón Ketsana.

No debería ser esto motivo de desánimo, sino de motivación para, una vez conocidas las reglas del juego, participar en él con una sonrisa. ¡Ay, pillín! Que esta ya me la sé.

La generalmente escasa paciencia occidental juega en nuestra contra a la hora negociar. Calma. Sonríe más. Envida. Que no, que no hay mus. A jugar. Aunque sería injusto negar que, sin dinero por medio, son gente absolutamente encantadora. Amables. Sonrientes, curiosos y dispuestos a ayudar al viajero.

Foto: Ignacio Izquierdo
Barquera remando por el Mekong.

Parece increíble que el último siglo haya sido escenario de los más cruentos combates repartidos en las Tres Guerras de Indochina. La primera, enfrentándose al colonialismo francés; la segunda, contra los Estados Unidos, y la tercera, contra sus vecinos camboyanos. Demasiada sangre en demasiado poco tiempo.

Foto: Ignacio Izquierdo
Templos chinos en el barrio de Cho-lon, en Ho Chi Minh City.

Aunque Vietnam mira hacia delante, las heridas tardarán en cicatrizar. Y no sólo por los bombardeos masivos que quisieron arrasar el país llevándolo a la Edad de Piedra, sino también por la utilización de elementos químicos como el infame napalm o el mucho más devastador Agente Naranja durante la Guerra de Vietnam.

Foto: Ignacio Izquierdo
Nubes sobre Sapa.

Malformaciones que desafían a la peor de las pesadillas, gente desmembrada que sigue y sigue naciendo incluso hoy en día. Vidas que son víctimas de una guerra sin sentido que con el paso de los años quedará como inútil, estéril, vergüenza del género humano.

Foto: Ignacio Izquierdo
Ceremonia en el templo de Cao Dai, cerca de Ho Chi Minh City.

Viajar por Vietnam es sumergirse en esa historia reciente. Aún quedan muchos rastros: bases, agujeros de bombas, montes pelados por el napalm, tanques destrozados y un complejo sistema de túneles bajo tierra que mantuvo a infinidad de vietnamitas vivos y que fueron un quebradero de cabeza para los ejércitos enemigos. Las claustrofóbicas condiciones en las que vivieron durante años pueden dar una idea de su determinación y coraje.

Foto: Ignacio Izquierdo
Pescadora en las orillas de la Isla de Cat Ba.

Es Vietnam un país de demasiadas capas para una única visita. Un país que merece la pena vivir. Un país cargado de historia, imparable, moviéndose a ritmo de "scooter", mirado con respeto por las superpotencias mundiales. Los hijos de los dragones.

Ignacio Izquierdo explica que "comenzó recorriendo el mundo sin ser consciente de ello mientras seguía a su padre y su trabajo". Ahora, ha decidido dar la vuelta al mundo e inmortalizar el periplo con su buen ojo fotográfico. Su viaje se puede seguir en su blog, "Crónicas de una cámara", y en QUESABESDE.COM.

Los artículos de la serie "Las postales perdidas del tío Matt" (en homenaje al personaje de la serie "Fraggle Rock") se publican normalmente el tercer miércoles de cada mes.

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