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Con texto fotográfico

"Las mafias que controlan el opio en Afganistán atacan habitualmente a la policía" Véronique de Viguerie

 
Foto: Véronique de Viguerie
30
ABR 2009
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Los más de cuatro años de continuos viajes a Afganistán avalan la experiencia de Véronique de Viguerie en uno de los países más conflictivos del planeta. Su gran conocimiento del terreno, sus valiosos contactos y la calidad de sus fotografías hacen que los reportajes de esta fotoperiodista francesa conformen uno de los más valiosos documentos para conocer la frágil realidad de este país asiático.

Véronique de Viguerie

En 2003 varias organizaciones internacionales comenzaron a presionar al gobierno afgano para que erradicase el cultivo del opio. Tres cuartas partes de la producción mundial ilegal de esta planta provienen de Afganistán.

En muchas zonas rurales del país el suelo y el clima a duras penas dejan otra opción. Esto, unido a las escasas infraestructuras -no hay apenas carreteras ni electricidad- y al hecho que el opio se transforma en una pasta que puede durar varios meses o años y es muy fácil de transportar, hace que los agricultores continúen con este cultivo.

La policía afgana controla algunas zonas rurales para erradicar las plantaciones ilegales. A pesar de ello, el gobierno no ofrece a los agricultores otras alternativas y el cultivo de la adormidera [la planta de la que se extrae el opio] está muy arraigado: encuentras plantaciones en casi cualquier lugar.

En la foto aparecen dos de estos policías patrullando en una zona de plantaciones en Miwan, al sur de Kandahar, en abril de 2006. Vigilan que no haya plantaciones ilegales, pero van armados porque las mafias que controlan el tráfico de opio en la zona atacan a la policía habitualmente.

No fue un reportaje especialmente peligroso. Aun así, para estar diez días con ellos era necesario conocer a gente previamente y eso fue sólo posible porque ya había trabajado antes en Afganistán y tenía muchos contactos. La confianza que tenían en mí fue imprescindible.

Aunque en algunas zonas el ejército británico ha erradicado las plantaciones ilegales, la mayor parte de estas tierras acostumbran a ser de un solo propietario que paga poquísimo a los agricultores para que cultiven lo que él quiere y se encarga luego del transporte, que resulta muy barato. Estos grupos mafiosos son muy grandes, pero muy difíciles de contactar.

A estos agricultores no les supone un problema moral el cultivo del opio porque entre ellos no se da un índice de adicción importante.

En Kabul sí existen zonas muy afectadas [por el consumo del opio], pero ellos lo cultivan con total normalidad porque saben que gran parte de la culpa está en la demanda que viene de Occidente y porque no pueden hacer otra cosa para subsistir.

Así pues, es un problema básicamente de oportunidad y pobreza. El 60% del PIB del país asiático proviene del cultivo del opio.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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