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El universo mágico de Vari Caramés

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La Fábrica recoge las series más representativas -y desenfocadas y torcidas- de la obra del autor gallego en la colección de monográficos "El ojo que ves"

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MAR 2016

"Cuando iba a recoger las fotos me daban dos sobres. Uno contenía las fotografías que pensaban que no eran válidas para que aprendiese aquello que no se podía hacer. Curiosamente esas imágenes descartadas, con sus supuestos errores y defectos, quedaron grabadas en mi subconsciente." Con esta declaración de intereses responde Vari Caramés a su hija Ánxela en una entrevista que hace las veces de prólogo al séptimo libro de la colección "El ojo que ves", de la editorial La Fábrica, que en esta ocasión firma el autor gallego.

Basta una primera ojeada al libro para entender que su obra se alimenta de esos supuestos errores. Desenfoques, imágenes movidas, horizontes aleatorios y grano visible por doquier son algo más que un recurso habitual para Caramés. Más bien son la gramática de su lenguaje visual, la materia prima de su fotografía.

A través de sus 300 páginas -y otras tantas instantáneas- el libro es una exhaustiva recopilación de la obra de Caramés contada a través de 14 series y dos misceláneas. "Escenarios" es una de las más intrigantes, con esa mujer -o niña- a punto de entrar -o salir- entre dos grandes cortinas rojas de un teatro o la trastienda de un local cualquiera. O el coche que se acerca en mitad de una noche de lluvia, los faros deslumbrantes y la atmósfera que parece presagiar el desenlace trágico de una novela negra.

Desenfoques, imágenes movidas, horizontes aleatorios y grano visible por doquier son algo más que un recurso habitual para Caramés

El agua y las ventanas son elementos esenciales es sus fotografías. En no pocas ocasiones Caramés se sitúa en un interior oscuro, generalmente un bar, y retrata el frío escenario exterior, a menudo un día lluvioso y distorsionado por la humedad que empapa el ambiente.

En color o blanco y negro, el universo particular de Caramés es envolvente, atmosférico y onírico. Sus fotografías callan tanto como cuentan, y al espectador le queda el papel de interpretarlas y cerrarlas… o dejarlas aún más abiertas. O como propone Miguel Fernández-Cid en su texto "Imágenes cercanas" al inicio del libro: "Al espectador no le pide que reconozca una certeza sino que le acompañe e imagine el resto de una historia que siempre tiende a bifurcarse."

Se podría decir que son incluso fotografías que recuerdan la reducida visión de alguien con ceguera parcial: de formas más intuitivas que descriptivas, pero capaces de captar la esencia del sujeto. Como ese pequeño perro completamente desenfocado que abre la serie "Visión animal".

Algo hay de improvisación también en sus imágenes, como si cada clic del obturador fuera la nota de una melodía de jazz. "Me identifico mucho con esta música, me gusta ir desarrollando las cosas según voy avanzando", dice el autor. "También me encanta la improvisación, ya que no soy una persona demasiado metódica." Ahí quedan esas escaleras oscuras que parecen subir a un cielo quemado, extraídas de la serie "Compostela".

Acompañan las fotografías el citado texto de Fernández-Cid, la extensa entrevista que le hace su hija y un tercer escrito que firma Alfonso de la Torre, director de la colección, y que cita a Kafka: "Mis historias son una forma de cerrar los ojos."

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