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Con texto fotográfico

"Es naíf creer que tienes que pedir permiso para hacer la foto" Txema Salvans

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Foto: Txema Salvans
25
SEP 2014
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

“The waiting game” es un trabajo de largo recorrido –ocho años- sobre la prostitución en las carreteras de la costa mediterránea española. En su libro homónimo, Txema Salvans pone sobre el papel la realidad del oficio más viejo del mundo, pero el fotógrafo catalán va un paso más allá y nos muestra unas mujeres aguardando en un espacio degradado, inhóspito y a la vez reconocible. Una realidad que Salvans documentó con una cámara de placas y haciéndose pasar por topógrafo.

Txema Salvans

Hablar de una sola foto no es mi dinámica, porque para mí ser fotógrafo o autor es sobre todo tener un proyecto que consta de muchas imágenes. Pero esta foto me sirve para hablar de cómo he enfocado este proyecto sobre la prostitución. Es un tema sobre el que se ha fotografiado ya mucho porque es inherente a la condición humana a lo largo de todas las culturas y de la historia de la humanidad.

Mi proyecto surgió a partir de un encargo para el que tuve que hacer una imagen sobre las mujeres que se prostituyen en la carretera. [El proyecto] me llevó ocho años y está centrado en el litoral mediterráneo. Ahí es donde básicamente se concentra la prostitución de carretera porque hay un gran flujo de vehículos, suficiente para sustentar el negocio. Supongo que también el clima permite que se pueda ejercer al aire libre durante todo el año.

Las fotos de este libro [‘The waiting game’] reúnen tres elementos fundamentales para entender el proyecto. Uno es la distancia respecto al sujeto. El hecho de fotografiar con una cámara de placas te da mucho detalle, y la fotografía es muy lenta de trabajar. Estos inconvenientes se convirtieron en virtud para estas fotos, que al final acaban siendo fotos de paisaje con la calidad que ofrece el negativo de gran formato, que al copiarlo da mucho detalle. Se trata de otros niveles de lenguaje en los que se suman detalles.

La distancia también ayuda a proteger la identidad de los personajes. No es un libro de retratos, pues al final no te quedas con ninguna cara. No hablo de personas concretas, sino de una realidad que existe y a la que se ven forzadas muchas mujeres. Pero como no hablo de ningún caso en concreto, no me interesaba el retrato, sino que el paisaje muestra la crudeza del espacio donde se ven obligadas a trabajar.

"Si hubiese publicado 41 fotos en las que la mujer siempre está hablando con el cliente o tocándose los pechos, lo que vería el lector son prostitutas, no mujeres"

El segundo aspecto importante es la luz. Ésta es la última luz con la que te aconsejarían hacer paisaje. Yo no quería fotos bonitas de una luz de amanecer o de última hora de la tarde. A mí me interesaba esa luz que cae a plomo, que todo lo muestra. De alguna forma, da a entender que eso es algo que sucede a plena luz del día, no en la oscuridad o que no se pueda ver. Es algo con lo que todos convivimos.

El tercer factor importante -justamente esta foto es la única que no cumple el requisito, pero sirve para entender el porqué del resto de la selección- es el momento. Para la edición yo decidí mostrar a la mujer cuando no está en su rol de prostituta, cuando no está tocándose los pechos ni golpeándose las nalgas, que es lo que acostumbran a hacer para llamar la atención.

Si hubiese publicado 41 fotos en las que la mujer siempre está hablando con el cliente o tocándose los pechos, lo que vería el lector son prostitutas, no mujeres. Yo he intentado eliminar esos rastros de sexualidad para dejar solo la mujer.

Justamente esta foto hace de contrapunto: es la única en que la mujer se muestra como prostituta. Además, en la última foto del libro es la única en la que aparece el coche parado. Con lo cual lo que tienes es un grupo de mujeres en actitud de espera, en medio de la nada, en un espacio público muy degradado… Y todos sabemos que la responsabilidad de gestionar ese espacio es de los políticos. Así que de alguna forma lo que estoy diciendo es que quien tiene que solucionar esta problemática son ellos.

Las distancias a las que trabajo no las medito. Soy más intuitivo, pero básicamente lo que hago es convertir la foto en un paisaje y no en un retrato. En ocho años de trabajo podría haber hecho tres libros diferentes solo con la edición.

En fotografía quizás estamos más acostumbrados a buscar ese momento [de acción], aunque para mí el momento de la espera también es importante. Este trabajo fue más de quitar información, y al final lo que queda es el paisaje y la herida en él, que es la mujer. Hay incluso gente que no está familiarizada con estos paisajes -normalmente gente extranjera- y hasta la cuarta o quinta imagen no entienden lo que están viendo.

El fotógrafo documental nunca es un invitado a la fiesta, a lo que está sucediendo. Cuando haces fotografía de conflicto vas empotrado con los militares americanos; si tienes acceso a un campamento de refugiados es porque ACNUR te ha acreditado; si estás en un manicomio o una prisión en África es porque de alguna manera has compensado a quien te ha facilitado la entrada. Pero las personas que fotografías nunca están en disposición de pedir que no les hagas una foto, porque su realidad les apabulla.

"El fotógrafo documental nunca es un invitado a la fiesta, a lo que está sucediendo"

Un fotógrafo en un hospital en Gaza hace la foto porque sabe que está generando un documento, pero a la vez sabe que hay un abuso de poder por su parte: nunca es un invitado. Es naíf creer que tienes que pedir permiso: no se pide permiso.

En mi caso la estrategia para acceder a esta realidad fue disfrazarme de topógrafo. Usaba un trípode fluorescente, vestía un arnés fluorescente y una cámara de gran formato que me hacía visible a los coches.

La Guardia Civil ya me había parado alguna vez por un tema de seguridad vial. Pero las mujeres y los chulos me detectaban rápidamente y consideraban que yo estaba trabajando [como topógrafo], y simplemente pasaba a ser invisible. Es una estrategia de aproximación como otras muchas que hay en el mundo de la fotografía. Poder comprarte un billete de 1.000 euros a un país adonde sabes que vas y vuelves mientras ellos se quedan ahí es otro tipo de estrategia.

Siempre hay un problema ético con el que uno tiene que saber vivir. Si el que ve esas fotos se ofende por cómo trabaja el fotógrafo y no por lo que sucede en las fotos… Yo he dedicado mi vida a la fotografía. Tengo muy claro cómo lo hago y cuáles son mis procedimientos. Para mostrar una realidad y ser lo más honesto con el hecho fotográfico y no tocar ni una coma de esa realidad, he decidido adoptar esta estrategia para este proyecto. Por ejemplo, en mi trabajo sobre el Mediterráneo, simplemente fotografío sin pedir permiso. Es igual de criticable.

Además, conviene no ser cínico: son mujeres que se exponen en carreteras por las que cada hora pasan 2.000 vehículos, y en la metodología de mi trabajo ya he procurado que no sean retratos. No es un libro que vaya a arruinar la vida de nadie ni que descubra nada que no se vea a simple vista.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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