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Prueba de producto
MONóPODE DE BOLSILLO

SteadePod: análisis

 
12
ENE 2011

En nuestra incansable búsqueda de un trípode pequeño y solvente, el SteadePod merece unos minutos de atención. Convertido en uno de los más originales y minúsculos de su clase que han pasado por nuestras manos, su ingenioso mecanismo produce esa mezcla entre curiosidad y escepticismo que suelen generar los aparatos que parecen recién sacados de un programa de teletienda. Útil en ciertos momentos -casi más para vídeos que para fotos-, el ajustado precio y el reducido volumen son los mejores argumentos de este singular monópode retráctil para hacerle un hueco en nuestro bolsillo.

Amarrar una cuerda a la cámara, sujetarla con el pie y tensionarla empujando hacia arriba, aprovechando esa fuerza para conseguir un plus de estabilidad en el momento del disparo. La propuesta del SteadePod no es nueva, y de hecho, hace ya tiempo que circula por Internet un vídeo en el que se explica cómo construirse uno mismo esta especie de estabilizador universal y casero. Y muy barato, claro.

SteadePod
SteadePod
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

De todos modos, quienes no tengan tiempo o ganas de liarse con el bricolaje casero pueden optar por el SteadePod, que eleva la factura a algo más de 20 euros y nos sirve el invento ya montado y con unos acabados más finos.

Originario de Estados Unidos y firmado por Cameron Products, la firma madrileña Rodolfo Biber se ha encargado de acercarlo al mercado español.

Realmente de bolsillo
Aunque al hablar de los conocidos GorillaPod de Joby o del Tamrac ZipShot también destacábamos su tamaño compacto, el SteadePod responde como ninguno a la idea de trípode de bolsillo, y lo hace en el sentido más literal de la descripción.

SteadePod
SteadePod
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Diminuto y ligero, no se nos ocurre ningún argumento para no llevarlo siempre encima o en cualquier rincón de la bolsa de material fotográfico.

SteadePod
SteadePod
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)
SteadePod
SteadePod
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Su construcción de plástico es correcta, aunque tampoco invita a probar su resistencia dejando caer el accesorio al suelo o maltratándolo. Sólo la rosca para el trípode y la cuerda metálica desplegable -las dos partes vitales de este invento- inspiran un poco más de confianza.

SteadePod
SteadePod
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Justo lo contrario ocurre con el conmutador lateral que encargado de gestionar el despliegue y la recogida de la cuerda escondida en el interior del SteadePod (o, llegado el momento, de fijar su posición), de aspecto frágil y funcionamiento algo tosco.

Cómo funciona
El mecanismo de estabilización del SteadePod no tiene ningún misterio. Basta con enganchar la cámara a la rosca estándar para trípode -después de girarla de su posición de plegado, claro-, estirar la cuerda metálica hasta conseguir pisar la base de plástico, situar la cámara a la altura deseada, fijar la citada cuerda, y listo.

SteadePod
SteadePod
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)
SteadePod
SteadePod
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

El movimiento de este cable se controla desde el antes mencionado mando lateral, que ofrece tres posiciones: extender, recoger y fijar. ¿Cuál es la diferencia entre la primera y la segunda? Más allá del sonido del mecanismo, la opción de recoger el cable queda totalmente libre (si lo soltamos se recoge), mientras en que en la posición de extender el retroceso está bloqueado.

SteadePod
SteadePod
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Puesto que, al fin y al cabo, la cámara la sujetamos nosotros y el soporte no tiene que aguantar ningún peso, no hay límite de tamaño para la cámara usada. Hemos probada tanto con compactas como con modelos de óptica intercambiable y mayor envergadura, y en ambos casos no ha habido ningún problema.

SteadePod
SteadePod
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)
SteadePod
SteadePod
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

La cosa se complica un poco si queremos encuadrar en formato vertical. De todos modos, el cabezal giratorio del SteadePod nos da cierto margen para cambiar la posición natural de este original sistema de estabilización y trabajar con la cámara en vertical.

Pero, ¿funciona?
Hablar de unos resultados correctos o decepcionantes dependerá, sobre todo, de las expectativas que hayamos depositado en este invento. Y por si a estas alturas aún no había quedado suficientemente claro, no está de más recordar que no tiene nada que ver con un trípode convencional.

De hecho, no sustituye a los habituales sistemas de sujeción de la cámara. Y pensar en el SteadePod como ayuda para exposiciones nocturnas o de varios segundos sería ridículo.

SteadePod
SteadePod
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)
SteadePod
SteadePod
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Mucho más parecido a un monópode -en los que nuestra participación es también imprescindible-, la ventaja respecto a otros trípode portátiles que hemos visto es que no hace falta un punto de apoyo, de agarre o un soporte que nos dé la altura deseada. Sólo necesitamos el pie para sujetar el cable y las manos para hacer fuerza con la cámara.

Dicho esto, la verdad es que los resultados son bastante modestos. Tras un poco de práctica en la sujeción y la aplicación de fuerza podremos conseguir una mejora que rondará un paso. Es decir, si con nuestra cámara antes conseguíamos fotos nítidas disparando a pulso hasta a 1/30 de segundo, ahora podremos intentarlo a 1/15 de segundo con una tasa de acierto bastante elevada.

SteadePod
SteadePod
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)
SteadePod
SteadePod
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

El tema de la práctica es importante porque en los primeros intentos es posible que nos topemos con un problema: conseguimos estabilizar el conjunto y todo parece que va a salir a la perfección, pero el invento se va al garete al mover una mano para apretar el disparador. En cualquier caso, nada que un poco de paciencia y experiencia -el agarre de cada cámara es un mundo- no pueda conseguir.

El SteadePod resulta también muy interesante a la hora de grabar vídeos. Es más, en las pruebas que hemos realizado durante estos días casi nos han convencido más los resultados en este terreno que en el fotográfico.

SteadePod
SteadePod
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Tampoco cabe esperar milagros ni un rendimiento similar al de un sistema steadicam, pero sí es cierto que, a la hora de grabar secuencias con focales largas o realizar una panorámica, el SteadePod aporta un plus de estabilidad que nuestros vídeos van agradecerán.

Un refuerzo para el estabilizador
Aunque posiblemente no pasará a la historia como el mejor invento jamás concebido para un fotógrafo, hay que reconocer que el SteadePod tiene su utilidad.

Lejos de ser un trípode -o monópode, mejor dicho- al uso, su función es más bien la de una especie de estabilizador. Si nuestra cámara u óptica carece de él (algo cada vez más extraño), perfecto. Si ya lo tiene, puede ser un interesante refuerzo para las situaciones más críticas.

Aunque su manejo no tiene ningún misterio, sí que hace falta algo de práctica para exprimir al máximo su rendimiento y sacarle todo el partido. Útil para instantáneas (aunque con alguna que otra reserva), nos ha gustado más su función a la hora de grabar vídeo o incluso realizar imágenes panorámicas.

SteadePod
SteadePod
Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)

Pese a su ajustado precio, es cierto que hay algún detalle que se debería haber cuidado mejor. Por ejemplo, el extremo del cable que tiene que ser sujetado con el pie es inexplicablemente pequeño y puede dificultar uno de los momentos clave del proceso. Tampoco el interruptor lateral para controlar el despliegue y la recogida del hilo nos ha convencido demasiado.

Por lo demás, y teniendo muy en cuenta lo que es -y lo que no-, tenerlo siempre a mano en el bolsillo nos podrá servir de ayuda en más de una ocasión. Si merece la pena pagar por él esos 20 euros o es mejor tirar de bricolaje casero, ya es una decisión muy personal.

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