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Una propuesta de ley en Texas convierte en delito fotografiar a la policía a menos de ocho metros

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La legislación penaliza a los ciudadanos no acreditados como periodistas con el objetivo de garantizar -aseguran- la seguridad del cuerpo policial

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
17
MAR 2015

Las difíciles relaciones entre policía y prensa pero también en ocasiones con el ciudadano de a pie han dado con un nuevo escollo en Texas. La Cámara de Representantes del estado sureño ha recibido una propuesta de ley mediante la cual se propone convertir en delito inmortalizar a los agentes del orden dentro de un perímetro de 25 pies, algo más de 7,5 metros de distancia.

La propuesta, redactada por el congresista del Partido Republicano Jason Villalba, criminaliza la captura de fotografías y vídeo de los agentes de la ley durante el cumplimiento de sus funciones al convertirlo en un delito menor. Si la persona que toma dicho material está en posesión de un arma de fuego, el perímetro de seguridad se amplía hasta los 100 pies, algo más de 30 metros.

Según el lenguaje utilizado en la propuesta, fotografiar o grabar en vídeo a los agentes de la policía puede constituir una "interrupción, alteración, impedimento o interferencia". Las únicas personas que podrían fotografiar a un agente serían profesionales adscritos a un medio de comunicación registrado como tal ante las autoridades federales de Estados Unidos o aquellos que trabajen para la propia policía.

De acuerdo con Villalba, el objetivo de esta propuesta no es censurar a los ciudadanos, sino salvaguardar a la policía al crear un cordón de seguridad que les permita ejercer su actividad sin más riesgos. "Concebí [este texto] porque mis hermanos/hermanas de azul pidieron mi ayuda para protegerles", ha señalado el congresista a través de su cuenta en Twitter.

Leyes absurdas contra la fotografía

Aunque la propuesta presentada en Texas resulta controvertida y recupera el debate sobre quién vigila a los vigilantes, Estados Unidos dista de ser el único país donde las leyes locales persiguen a los fotógrafos. Un reciente caso esperpéntico es el de Hampstead Heath, un parque de Londres donde un periodista del diario británico The Guardian se enfrentó a la policía por utilizar un trípode.

Alan Rusbridger, que se encontraba acompañado por el fotógrafo David Levene realizando un reportaje sobre el cambio climático, tomó una fotografía de una persona corriendo en el parque con su teléfono móvil. Uno de los agentes que patrullan por el parque se aproximó para conminarle a eliminar la fotografía, a lo que Rusbridger se negó.

El policía pidió refuerzos y le extendió una advertencia, pero no por rechazar sus órdenes, sino porque Levene estaba utilizando un trípode en el parque. Según una ley de 1932 que prohíbe -entre otras cosas- las peleas y el uso de lenguaje poco adecuado en el parque, ninguno de los visitantes de Hampstead Heath puede utilizar "aparatos de apoyo para fotografías".

La situación se solucionó después de que el supervisor que acudió como refuerzo resolviera que podían utilizar el trípode durante cinco minutos tras pagar 60 libras.

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