| Por Eduardo Parra.- Cuánto nos hemos reído los fotógrafos estos días de la hermana de la Princesa de Asturias. La inconcebible demanda que Telma Ortiz presentó contra un montón de medios de comunicación podría haber hecho tambalear los cimientos de la libertad de expresión (fotográfica), y en lugar de eso ha logrado reforzar a un segmento del periodismo que no pasaba por su mejor momento (gracias, entre otros, al pequeño gran hombre que es Ángel Martín y a sus envenenadas puyas hacia los periodistas del colorín).
Servidor, que se mueve en una línea difusa que separa al periodismo serio -entre comillas- del periodismo espectáculo, ha visto con mezcla de incredulidad y sonrojo cómo se utilizaba un argumento válido para hacer una petición absurda.
La demanda de Telma Ortiz
podía haberse convertido en un
ariete contra todos los fotógrafos,
incluso los aficionados
Si las peticiones de Telma Ortiz hubiesen sentado jurisprudencia, un problema serio -sufrir el acoso brutal de la prensa rosa- podría haberse convertido en un ariete contra el que golpear no sólo a todo el periodismo, sino a todos los aficionados a la fotografía.
He visto algunas de las imágenes utilizadas por Telma Ortiz en su demanda, y ciertamente son terribles. Tener a un fotógrafo pegado al culo cuando vas a comprar el pan debe ser una experiencia estresante, y no es menos cierto que algunos de mis compañeros de profesión no se ponen límite alguno si de conseguir "la imagen" se trata.
Aun así, pretender prohibir la toma de fotos en la calle es como matar una mosca usando un cañón: quizás resulte efectivo, pero a parte de ser del todo excesivo, los daños colaterales serían demoledores.
Tener a un fotógrafo
pegado al culo cuando vas
a comprar el pan debe ser una
experiencia estresante
Puede que la señora Ortiz tenga razón en el fondo, pero no en la forma, y sin duda lo que pedía era inviable.
Imaginemos por un momento que hubiese ganado su demanda. Desde mis limitados conocimientos jurídicos, me asaltan varias preguntas. Partiendo de la doctrina Telma, ¿podría una persona "no pública" exigir que no se tomasen fotos en la calle en las que ella apareciera?
Y si Telma Ortiz se fuese de visita a la catedral de Burgos, ¿tendríamos que dejar de hacer fotos en el templo hasta que lo abandonara? ¿Y si hiciéramos una foto y luego nos diésemos cuenta de que Telma Ortiz salía en ella?
Después de haber visto cómo un personaje denunciaba a la familia de la persona a la que había matado con un coche para que le pagase la reparación, ya me lo creo todo.
Algunos de mis compañeros
de profesión no se ponen límite
alguno si de conseguir
"la imagen" se trata
Los fotógrafos hemos sido siempre una especie incomprendida. ¿Cuántas veces nos han interrogado sobre lo que estábamos haciendo cuando hacíamos fotos en un parque con transeúntes? ¿Cuántas veces nos ha saltado el vigilante de seguridad de turno conminándonos a dejar de fotografiar porque en nuestra línea de tiro había un establecimiento comercial?
Si ya estábamos mal, Telma Ortiz estaba sentando las bases para que todos -aficionados y profesionales de la fotografía- estuviésemos peor.
La calle, a diferencia de lo que dijo una vez cierto gallego de verbo incomprensible, es de todos y no tiene dueño. Dentro de la legalidad, uno puede hacer lo que le venga en gana.
Partiendo de la doctrina Telma,
¿podría una persona "no pública"
exigir que no se tomasen fotos
en la calle en las que
ella apareciera?
Hoy por hoy, la ley dice que hacer fotos en la calle a un personaje público para su aparición en un medio es legal. No hay vuelta de hoja. Pretender cambiar esto es una lucha titánica con demasiados considerandos como para hacerlo a la ligera.
Al final, como de costumbre, las cosas siguen igual o peor. Los paparazzi harán la suya, echando basura encima de la profesión. Y darán tanta caña a la hermanísima que la siguiente denuncia -el recurso a la primera ya ha sido anunciado- no tardará en caer.
La columna de opinión "Enfoque diferencial" se publica, normalmente, el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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