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jueves, 31 de mayo de 2007
Tecnologías de impresión
El de la reproducción de imágenes es un mundo que no deja de evolucionar. Hoy día es posible obtener copias de gran calidad mediante una variedad de tecnologías en las que renace lo mejor de los sistemas clásicos, desde la tipografía tradicional hasta las técnicas digitales, pasando por la impresión fotográfica y los recursos de las artes gráficas.
 
Paulo Porta.- Las cosas han cambiado mucho desde los primeros métodos de reproducción de imágenes en la antigua China y el empuje de Gutenberg con su sistema de tipos móviles. Las técnicas de impresión tradicionales pueden resumirse en cinco sistemas: tipografía, huecograbado, serigrafía, flexografía y litografía.

En ellas ya hay una buena variedad de tecnologías: desde la formación de un molde en relieve positivo (tipografía) o negativo (huecograbado), pasando por el enmascaramiento (serigrafía) o el ataque con ácidos (huecograbado), hasta el uso de procesos fotoquímicos (flexografía) y la repulsión de fluidos (litografía).

Lo que tienen en común todos estos sistemas es la aplicación de la tinta sobre el papel u otros soportes por procedimientos mecánicos, y en general por presión.

Por su parte, las técnicas fotográficas abrieron una nueva vía: la de las reacciones químicas y la sensibilidad a la luz. Su propiedad más interesante es que la imagen ya no se compone manualmente, sino controlando la luz que llega al soporte fotosensible.

Con la llegada de la electrónica y la tecnología digital, ambos mundos se ven hoy sacudidos por rápidas transformaciones y abocados -además- al mestizaje.

Impresión digital doméstica

En una primera fase, la electrónica de consumo impulsó la impresión doméstica. Las primeras impresoras matriciales y de agujas anunciaron la inminente extinción de las máquinas de escribir, pero sus sistemas de percusión mecánica pronto fueron barridos por otros mucho más flexibles para servir a la imagen digital.

Fueron éstos el chorro de tinta, la cera térmica, la sublimación y la impresión láser o xerografía, que introduce en la impresión doméstica los métodos ya desarrollados en las fotocopiadoras. Bien puede decirse que estas tecnologías han reinado en el período clásico de la imagen digital.

La impresión por chorro de tinta ha sido -y aún es- la más popular. También ha evolucionado ya de manera importante, dando lugar a diferentes sistemas.

En los años 60, la inyección de tinta líquida era continua. Se trataba de descomponer el chorro en gotas, algunas de las cuales eran desviadas por atracción electrostática y así no llegaban al papel, sino a un circuito de realimentación.

Con los sistemas de goteo discreto o bajo demanda se consiguió que el inyector expulsase solamente las gotas útiles. Los dos métodos principales son el piezoeléctrico y el térmico.

En el primero, aplicando impulsos eléctricos a un elemento cerámico, se logra que éste transmita al canal de tinta en la boquilla una onda de presión por deformación. Esta tecnología apareció a finales de los 70 y es propia de la marca Epson.

En los 80, Canon aporta la tecnología Bubble Jet (inyección por burbuja), primer sistema térmico para inyección de tinta, similar a otros posteriores de HP. Consiste en calentar una placa metálica en contacto con la tinta, que produce en ésta la formación de una burbuja que impulsa parte del fluido al exterior.

Cabezales piezoeléctrico ( a la izquierda) y de inyección térmica.

A priori, el sistema piezoeléctrico tiene dos importantes ventajas: regulando la duración y amplitud de la onda de presión se consiguen gotas de tamaño variable, y no hay que someter a la tinta a altas temperaturas. Por su parte, el sistema térmico es mucho menos costoso, con lo que frecuentemente las boquillas inyectoras se renuevan con el cartucho, eludiendo el problema de los atascos.

Las impresoras de cera térmica utilizan cuatro películas -amarilla, magenta, cian y negra- impregnadas de cera pigmentada. Se superponen una tras otra al papel, pasando ambos bajo unos calentadores que derriten la cera y hacen que manche el papel. Esto produce puntos opacos que se combinan según las técnicas de tramado, igual que la tinta líquida.

La sublimación de tinta es un proceso similar, pero a temperaturas más elevadas. El colorante se vaporiza y se condensa sobre el papel, sin pasar por estado líquido. La cantidad de colorante se regula con la temperatura de los calefactores, por lo que se consiguen distintas densidades y una impresión prácticamente continua.

Las impresoras de sublimación consiguen realmente millones de tonos diferentes en cada punto del papel, por lo que no recurren al tramado. Por esta razón, es adecuado que la resolución de imagen coincida con la resolución de la impresora, que a su vez depende del espaciado entre las agujas calefactoras. Estas impresoras no suelen utilizar colorante negro, ya que la capacidad de tintado de los pigmentos sólidos proporciona densidades razonablemente oscuras. Sí que es usual una cuarta pasada del papel en la que se aplica un barniz de acabado, con lo que el resultado está sin duda a la altura de un revelado químico corriente.

Impresora de sublimación, tras imprimir la capa amarilla y la magenta.

La electrografía o xerografía -popularmente impresión láser- utiliza una fila de emisores LED o un rayo láser para sensibilizar electrostáticamente determinados puntos de un tambor. Estos puntos atraen partículas de pigmento sólido (tóner) y las transfieren al papel por presión y calor.

Los resultados son consistentes y con un alto rango de densidades, por lo que es éste un sistema adecuado para textos e imágenes con formas geométricas o siluetas bien definidas, y también para tiradas numerosas, dada su rapidez. En cambio, su punto débil son las transparencias y los degradados sutiles.

Impresión profesional

La llegada de los minilabs, reveladoras, procesadoras o printers digitales ha evitado el desmoronamiento del negocio del revelado y el positivado fotográficos. El público en general sigue prefiriendo una buena copia argéntica a una impresión, aunque ello no ha impedido que las cámaras digitales hayan convertido a las de película en una especie en extinción.

La tabla de salvación para muchos negocios de fotografía ha sido ofrecer copias químicas a partir de imágenes digitales, al principio desde disquetes o CD, y ahora ya desde cualquier tipo de tarjeta de memoria flash.

Revelado químico de fotografías digitales

Es uno de los sistemas más extendidos en la actualidad, con dos variantes básicas. La primera es la exposición por láser, utilizada en reveladoras como Durst Lambda, Durst Theta o Laser Lab. El papel argéntico, ya cortado o en rollo, se desplaza verticalmente y es impresionado horizontalmente por un haz láser, pasando después a un compartimento donde se efectúa el revelado químico.

Exposición línea a línea con rayo láser.

La segunda variante es la exposición por diodos LED, bien por contacto o a través de un cono reductor de fibras ópticas que aumenta la resolución. Se utiliza en algún modelo Durst Theta, en Durst Epsilon y en Lumajet.

Sistema químico-digital-químico

Muchos minilabs integran la digitalización de negativos mediante un escáner incorporado. El objetivo: utilizar las ventajas de la salida química a partir de datos digitales.

Con este sistema podemos manipular fotografías tomadas en película con toda la flexibilidad y la reducción de costes y tiempo de proceso que proporciona el sistema híbrido. De todos modos, los minilabs suelen aceptar también la entrada directa de imágenes digitales mediante lectores y ranuras para tarjetas.

En este caso, los métodos de exposición son más variados, aunque también podemos diferenciar dos técnicas básicas.

La primera de ellas es la exposición por proyección RGB. Suele hacerse mediante tubo CRT, en tres exposiciones sucesivas correspondientes a los canales de la imagen, interponiendo en cada una de ellas un filtro coloreado. Es la técnica utilizada por las Fujifilm Frontier, Agfa d-lab o Noritsu QSS.

La otra técnica es la de exposición matricial: los sistemas más primarios creaban un negativo virtual LCD entre la fuente de luz y el papel, a imitación de una ampliadora de positivado tradicional.

Hoy, sin embargo, es más común proyectar la imagen tres veces. Se hace matricialmente, no por barrido como con el tubo CRT, y con los mismos filtros RGB. También se utiliza la proyección sintética o simultánea, mediante matrices de LED.

Exposición por matrices LED.

La proyección matricial tiene un tamaño en píxeles más limitado que otros sistemas. Se usa en los minilabs Kis DKS y Agfa d-lab1. Incluso algunos QSS realizan exposiciones matriciales mediante microespejos.

Impresión digital de fotografía química

Los sistemas de impresión digital evolucionan, por su parte, a un ritmo suficiente como para proporcionar copias en tinta de calidad y durabilidad comparable a las argénticas. Así pues, las impresoras de gran formato -Copal, Agfa, Fujifilm- son una opción igual de viable, tanto para imágenes digitales como para fotografías tomadas en película.

También es ésta una opción cada vez más extendida en los minilabs de autoservicio que encontramos en tiendas y centros comerciales. Muchas máquinas Kis o Kodak son realmente impresoras de sublimación.

Preparar las imágenes para revelar o imprimir

Para un fotógrafo exigente con la calidad de las copias, entenderse con un laboratorio es toda una aventura. Parece difícil encontrar un establecimiento fotográfico donde quien opera con la máquina demuestre la solvencia e interés que sí era frecuente entre los técnicos de un buen estudio fotográfico o taller de artes gráficas.

Hoy, la oferta está copada por cadenas de tiendas en las que la productividad es el criterio. Acostumbrados a automatizar todo lo posible el servicio, se ha descuidado demasiado factores importantes como la gestión del color.

Incluso los fabricantes han lanzado al mercado máquinas muy productivas, pero que no interpretan bien, que ignoran o incluso que rechazan las imágenes con perfil de color incrustado.

Este problema es usual en minilabs químico-digital-químico. Las máquinas vienen más o menos calibradas para interpretar el perfil de su propio escáner integrado, pero procesan igual las fotos que introducimos directamente de una tarjeta flash, que evidentemente pueden tener un perfil de color muy diferente.

A medida que el usuario exige y se crea entre ellos una competencia, los servicios fotográficos comienzan a tomarse en serio la gestión de color, dándonos información e instrucciones de cómo entregar las imágenes, e incluso proporcionando el perfil de salida de sus máquinas.

Disponer del perfil de la procesadora sirve para que nuestro ordenador pueda predecir la salida impresa -aproximadamente, ya que lo hace por pantalla- utilizando funciones de previsualización, como Ver colores de prueba en Photoshop.

Se dice que lo ideal es enviar los archivos convertidos al perfil de salida. Yo no lo creo. Lo que vemos en nuestro monitor no es la copia, y por otra parte el ritmo de producción obliga a perfilar las máquinas con frecuencia, desactualizando rápidamente los perfiles.

Parece más lógico enviar las imágenes convertidas a un espacio o perfil estándar como sRGB o AdobeRGB. De esta manera, podemos enviar el mismo archivo a cualquier tienda y en cualquier momento.

Con un estándar bueno para editar, como AdobeRGB, nosotros mismos nos encargamos de calibrar nuestro sistema y de entendernos con los perfiles de entrada. Es un espacio de trabajo que no desaprovecha prácticamente nada la gama de salida de la mayoría de las impresoras.

Al laboratorio le corresponde entenderse con su perfil de salida para que el resultado obedezca a la codificación estándar que le proporcionamos. Su perfil para nosotros es orientativo y sirve solamente para previsualizar el aspecto de la copia.

En el caso de que el establecimiento no haga -o no sepa hacer- una correcta gestión del color, lo que nos queda es convertir finalmente la imagen a sRGB para aproximarnos a una gama de salida probable, y enviarla sin incrustar el perfil. Pero esto, naturalmente, tiene que ir desapareciendo.

Reveladora láser químico-digital-químico.

Resolución y tamaño

Por último, cabe comentar que en el terreno dimensional también nos podemos llevar alguna sorpresa, dado que la mayoría de las procesadoras trabajan a una o dos resoluciones fijas y sobre unos pocos tamaños de copia.

Son resoluciones usuales 200, 280, 300, 320, 340 ó 400 puntos por pulgada. Es interesante conocer también, con exactitud, el tamaño de la copia que encargamos.

Con estos datos, lo ideal para cualquier sistema de salida basado en la exposición sobre papel argéntico o impresión de sublimación -es decir, técnicas sin tramado- es que preparemos las imágenes a la resolución -los puntos por pulgada- de salida, y a un tamaño superficial de entre 2 y 3 milímetros mayor que el de la copia en cada dimensión.

De esta manera, evitamos que el corte del papel produzca líneas blancas en los bordes. Por supuesto, habremos ajustado nuestra fotografía al formato o relación ancho-alto de la copia.

Con estas precauciones, aún no tendremos garantizado al cien por cien el resultado deseado, pero sí bastantes probabilidades de acierto. Para un mayor control, lo mejor es comparar copias reales de la misma muestra.

Esta muestra puede consistir en tres o cuatro archivos de referencia, que usaremos siempre para hacer el primer encargo a un nuevo laboratorio o con una nueva procesadora. Incluso probar un nuevo tipo de papel o acabado que nos ofrezcan.

Paulo Porta

Paulo Porta es profesor de instituto. Imparte plástica y fotografía digital y es autor del manual 'Fotografía e Imaxe Dixital'.

Los artículos de la serie "Mapa de bits" se publican, normalmente, los días 15 y 30 de cada mes.



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