|
Paulo Porta.-
Para obtener una imagen a color a partir de una escala de grises, primero hay que cambiar el modo a RGB o a otro que admita una paleta de colores suficientemente amplia. Al cambiar el modo la imagen no sufre modificaciones aparentes, pero hace posible que le apliquemos diferentes tonos. Para alcanzar esta finalidad también hay varias opciones y técnicas.
Vamos a centrarnos, además, en lo que llamamos imágenes a todo color, dejando aparte aquellas posibilidades que no dejan de ser monocromas (virados a sepia y otros tonos, por ejemplo) y otras variantes (duotonos o tritonos).
Colorear a pelo
En la prehistoria del retoque fotográfico no había capas, ni transición, ni tampoco modos de fusión variados. Solamente había la posibilidad de retroceder un paso en el proceso, y las opciones eran, evidentemente, pocas.
La técnica más primitiva consistía en utilizar la opacidad del pincel para aplicar el color:
El principal inconveniente es que siempre conseguíamos un término medio entre lo que teníamos y el color que aplicábamos. Al insistir para ir aproximando el color final, el claroscuro original se iba perdiendo, sobre todo en los negros y en los brillos:
Matizar con Transición
Cuando el comando Transición de Photoshop, además de estar disponible para rectificar filtros, lo estuvo también para ajustes de tono y rellenos las cosas ya fueron más sencillas. Ya no hay que tantear de entrada la opacidad de la pincelada, y es más rápido rellenar primero con el color de referencia:
Se ajusta, a continuación, el porcentaje en la transición:
Otra ventaja añadida e importantísima consiste en utilizar el modo de fusión Color, que no altera la luminosidad original. Esto significa que se puede volver a rellenar con otro color diferente sin degradar los datos, o bien ajustar el tono con comandos como Tono-Saturación antes de desactivar la selección de la zona.
Canales y capas
El uso de canales y capas supuso otro paso adelante en cuanto a flexibilidad. Los canales pueden guardar las selecciones de cada zona para recuperarlas más tarde, mientras que las capas permiten separar las aportaciones de color, manteniendo intactos los datos de partida.
Seleccionando una zona concreta en una capa en el modo Color se puede rellenar, ajustar la opacidad, el tono, la saturación o incluso introducir con pinceladas matices de otras tonalidades, que es cuando realmente se puede aproximar un coloreado a una toma real en color. Además, podemos rectificar en cualquier momento, y la selección se puede asociar con la capa como máscara de visibilidad.
Una opción reciente que está dando muy buenos resultados son las Capas de ajuste asociadas a un ajuste tonal. Hay varios comandos muy interesantes para asignar y variar localmente el color de una fotografía, como Equilibrio de color, Tono-Saturación y Corrección selectiva. Para lograr ciertos efectos disponemos incluso de las opciones Relleno de color, Mapa de degradado o Filtro de fotografía.
El control sobre el tono que se puede conseguir combinando en una capa de ajuste la visibilidad (con la máscara de capa), la opacidad global, el modo de fusión de capa y los propios parámetros del ajuste es enorme en comparación con las técnicas anteriores.
En este caso hemos jugado un poco con todas las posibilidades para lograr un efecto menos uniforme:
La limitación que presentan las capas de ajuste es que, por definición, no guardan datos de imagen, sino datos de modificación. No podemos, por tanto, aplicar sobre ellas pinceladas de colores diversos. Para ello tendríamos que recurrir a otras capas ordinarias en el modo Color, Tono o Superponer.
Aunque se tiende a utilizar siempre el modo Color, los otros dos que citamos también son interesantes. Vamos a compararlos, superponiendo una capa rellena de cian a una foto:
Imagen original
Capa superpuesta
en el modo Color.
Capa superpuesta
en el modo Superponer.
Capa superpuesta
en el modo Tono.
En el modo Color se mantiene la luminosidad original, pero el tintado afecta visiblemente a toda la imagen. En el modo Superponer se conservan los valores originales cuanto más próximos estén a los extremos de la escala, en cada canal, por lo que el tintado afecta menos a las altas luces, los negros y los tonos intensos. El modo Tono, por último, mantiene la luminosidad y también la saturación del original, por lo que los cambios son menores en las zonas neutras y visibles en las intensas.
Escogeremos por tanto el modo de fusión idóneo para colorear, dependiendo de qué características del original queramos conservar o variar. En el próximo artículo, precisamente, detallaremos un proceso de coloreado por zonas combinando varias de estas técnicas.
Paulo Porta Paulo Porta es profesor de instituto. Imparte plástica y fotografía digital y es autor del manual 'Fotografía e Imaxe Dixital'.
Los artículos de la serie "Mapa de bits" se publican, normalmente, los días 15 y 30 de cada mes.

|