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Ignacio Izquierdo.-
Enormes playas, paraísos privados bañados por transparentes aguas turquesas con sendas hamacas sobre sedosas arenas blancas a la sombra de las palmeras. Son éstas las primeras imágenes que le vienen a uno a la mente al hablar de Tailandia. El paraíso. Y lo cierto es que la imagen existe, pero con ligeros matices.
© Ignacio Izquierdo

 Las linternas de papel inundan el cielo en el Loi Kratong. |
Las playas no son tan sedosas como a uno le gustaría, y lo último que alguien debería esperar encontrar en Tailandia son playas desiertas. Tan cierto como que el título de isla relajada va pasando de isla en isla, siempre a alguna nueva, hasta que empieza a ser conocida por las hordas de turistas.
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 Aguas claras y turquesas en la isla de Ko Chang. |
Entonces se desvela el filón, y la economía local se da cuenta de que una playa semidesierta luce mucho en los panfletos publicitarios, pero que los bares a pie de playa mezclados con una pizca de exotismo atraen mucho más a Don Dinero.
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 La Full Moon Party de Ko Pha Ngan, todo un clásico turístico de fiesta desmadrada en la playa. |
Nada que objetar al respecto. Siempre y cuando se sepa a lo que se va. Pero no son pocos los que dicen, ligeramente decepcionados, que se esperaban otra cosa. No hay que desesperarse. Siguen quedando islas perdidas rodeadas de corales donde sólo se puede acceder en barca a pequeños "bungalows" sin demasiadas comodidades.
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 Un pasadizo de corales muertos mezclados con arena y rodeados de arrecifes en la diminuta Ko Nang Yuan, en el golfo de Tailandia. |
Es probable que esta oferta sólo se ajuste a los viajeros más Indiana Jones. Para el resto siempre hay estupendos "resorts" de lujo, aunque esto me temo que sólo se ajustará a los bolsillos menos ajustados.
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 Un pez payaso surge de entre las anémonas en los fondos marinos de Ko Tao, el principal centro de buceo tailandés. No es el mejor de todos ellos, pero sí el más barato. |
Además, no todo en esta vida es playa y mar. Los amantes de la montaña encontrarán en los montes de Chiang Mai y Chiang Rai preciosos paisajes para perderse en unos cuantos días de "trekking".
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 Lo más alto de Tailandia, en los montes de Chiang Mai. |
Tampoco esperen -a menos que busquen y rebusquen- una experiencia aislada del mundo, abriéndose paso con el machete y visitando aldeas en las que no saben qué es un occidental. Al contrario: el formato y los "trekkings" están generalmente tan estandarizados… ¡que incluso las aldeas de descanso son las mismas! No le resta belleza a la cosa, pero sí algo de encanto.
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 Una aldea en las proximidades de Pai, al norte de Chiang Mai. |
Si uno es un urbanita, encontrará en Bangkok una de las megaciudades más interesantes, agobiantes, frustrantes y divertidas que pueda imaginarse. Es tan apabullante y muchas veces -como su infame Khao San- tan a medida del turista que cuesta cogerle cariño.
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 Los ajetreados callejones plagados de tiendas y puestos callejeros de la Chinatown de Bangkok. |
Hay quienes la aman y la adoran, mientras una gran mayoría la odian o simplemente la consideran un mal menor, un punto de entrada a Asia, a mitad de camino entre Oriente y Occidente.
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 Bangkok: atrévete. |
¿Y qué hay de la historia? Es éste uno de los puntos fuertes de Tailandia. Primero, porque su historia antigua, plagada de imperios e invasiones, ha dejado su huella en innumerables monumentos y templos. Lugares como Chiang Mai tienen tantos templos que exigiría una dedicación casi imposible verlos todos.
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 Un enorme Buda guarda la entrada de un templo en Chiang Mai. |

 Monjes budistas alrededor del brillante Wat Chiang Man, el templo más antiguo de Chiang Mai. |
Pasen y piérdanse. Eso sí, con calma, o corren el riesgo de saturarse. Otros centros históricos como Sukothai y Ayuthaya conservan bastantes rastros -otros los llamarían ruinas- de lo que en su momento fueron los orígenes de Tailandia.
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 Atardece sobre los restos de Sukhothai. |
Para muchos, todo lo tradicional que lleve el sello tailandés es obligatorio en una visita. Boxeo tailandés, masaje tailandés, cocina tailandesa. La cocina tailandesa es probablemente una de las más interesantes, sabrosas, variadas y potentes de Asia. A todos nos gusta dar gusto al paladar, y en Tailandia uno puede disfrutar de miles de sabores tanto en lujosos restaurantes como en pequeños puestos callejeros. Y no, no toda la comida tailandesa es picante.
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 Los últimos momentos de sol según lo atestiguó la costa oeste de Ko Lanta. |

 Retrato de una fotogénica playa de Ko Tao, una de las islas del golfo de Tailandia. |
La lista sigue. ¿Qué más queremos hacer? Buceo, escalada, teatro, danza, música, pasear en bicicleta, en moto, en elefante. Hay para todos. Y efectivamente, todos van para allá. Eso no sólo tiene el inconveniente de la masificación turística; también añade, por el contrario, esa pizca de picaresca a la población local que no busca sino cómo sacar algún baht de más al viajero.
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 Buda en un árbol, en Ayuthaya. |
De nuevo, nada que objetar, salvo que las tan famosas, agradables y legendarias sonrisas tailandesas vienen en muchos de los casos promovidas por el peso de la cartera. El turista, presa fácil. Como casi siempre.
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Así que el paraíso no es tal. Pero da igual, porque lo seguiremos creyendo y disfrutando, seguiremos poniendo excusas y desafiando toda lógica. Y con semejante lista de quejas, seguiremos volviendo a Tailandia. Atentos, porque algo tendrá que atrapa. Lo confieso: de lo que llevo de viaje, es el lugar donde más tiempo he pasado.
Por algo será.
Ignacio Izquierdo explica que "comenzó recorriendo el mundo sin ser consciente de ello mientras seguía a su padre y su trabajo". Ahora, ha decidido dar la vuelta al mundo e inmortalizar el periplo con su buen ojo fotográfico. Su viaje se puede seguir en su blog, "Crónicas de una cámara", y en QUESABESDE.COM.
Los artículos de la serie "Las postales perdidas del tío Matt" (en homenaje al personaje de la serie "Fraggle Rock") se publican normalmente el tercer miércoles de cada mes.

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