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Diario de un fotógrafo nómada

Si las paredes hablaran, esto sería Sos del Rey Católico

 
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SEP 2007

Dos siglos antes de la llegada de la orden de los Caballeros Templarios, ya se erigía sobre una colina, en la frontera que delimitaba los reinos de Navarra y Aragón. Suspendida en el tiempo espera, somnolienta, la villa que fue cuna de reyes: Sos del Rey Católico, el lugar donde las paredes hablan.

Viajo por tierras navarras, tierras del Prepirineo que huelen a tomillo y espliego, con destino a la vieja villa aragonesa de la que se cuentan tantas maravillas.

Por el camino diviso en la lejanía, un quebrantahuesos que planea majestuoso sobre la silueta de un castillo. Es el castillo de Javier, fortaleza situada sobre las lindes de Navarra y Aragón, donde nació en el seno de una noble familia San Francisco Javier, viajero impenitente y misionero en India y Japón.

Foto: Nómada
El castillo de Javier, muy cerca de Sos.

Situada en una encrucijada de caminos, rodeada por los secanos de la comarca de las Cinco Villas y oculta entre verdes y umbríos valles, Sos del Rey Católico es una de esas localidades que, como Ainsa, Santillana del Mar, Albarracín o Ronda, ningún andarín debería perderse.

Foto: Nómada
Sos del Rey Católico.

Sobre un altozano, Sos del Rey Católico vigila silenciosa los fértiles valles que la rodean, con esa mirada vieja, de quien ha visto y vivido mucho, pues nació en los albores del siglo X para ser baluarte fronterizo del reino de Navarra frente a los árabes.

Foto: Nómada
Vista del valle desde lo alto del castillo de Sos.

Asciendo a pie hacia el centro, la Plaza de la Villa, de donde salen las callejuelas que llevan a cualquier parte de la localidad. Una de ellas sigue subiendo hasta el punto más alto del pueblo, donde se encuentran las dos construcciones más antiguas, el castillo y la iglesia de San Esteban.

Foto: Nómada
La plaza del ayuntamiento, y hacia arriba, la iglesia y el castillo.

El primero, con su espigada torre del homenaje, sirvió de bastión defensivo ante las tropas musulmanas. Pero 200 años más tarde, expulsado el Islam, las disputas territoriales por el control de Sos continuaron entre los reinos de Navarra y Aragón.

Finalmente, en el año 1254, tras un acuerdo entre Teobaldo I de Navarra y Jaime I de Aragón, Sos del Rey Católico pasó a depender definitivamente de este último reino.

Foto: Nómada
Una calle característica de Sos.

A la iglesia, que data del siglo XI, se accede a través de un túnel. Bajo ella se encuentra una magnífica cripta de paredes policromas en la que se celebró misa durante muchos años. También sirvió para esconder a muchas personas de sus enemigos políticos.

Foto: Nómada
La cripta de la Virgen del Perdón.

La portada románica de la iglesia se encuentra muy erosionada por estar expuesta al fuerte viento que la ha castigado durante siglos; un viento tan gélido que obligó a construir, 400 años más tarde, un pórtico gótico para proteger la entrada y las gentes que iban a misa, y que dieron en llamar a esta explanada "el Rechelao", es decir, "el rehelado".

Foto: Nómada
Portada de la iglesia.
Foto: Nómada
La zona más alta y expuesta al frío viento, la explanada del "Rechelao".

Sin duda, el edificio más emblemático de la villa es el palacio de Sada, la casa donde nació el Rey Católico.

Al estallar la guerra por el trono de Navarra, Doña Juana Enríquez se encontraba en Sangüesa, un cercano pueblo de Navarra, en avanzado estado de gestación del que sería Fernando, el futuro rey.

Foto: Nómada
Palacio de Sada, casa natal de Fernando el Católico.

Por razones de seguridad se decidió trasladar a Doña Juana a territorio aragonés, en concreto a la vecina villa fortificada de Sos. Se hospedaría en casa de los Sada, una familia de hidalgos que gozaban de gran prestigio y del favor de la Casa Real por haber arrebatado a los moros el castillo de Sada -del que tomaron el apellido- y el de Javier.

Poco después, el 10 de marzo de 1452, nacería en esta casa el infante Fernando. Ya en 1925, el palacio de Sada fue declarado monumento nacional por Alfonso XIII, y aceptada, a petición del ayuntamiento de Sos, la coletilla "del Rey Católico" para denominar y unir definitivamente el nombre de la villa con el acontecimiento.

Foto: Nómada
Vista del Palacio de Sada desde lo alto del castillo.

De nuevo, en la Plaza de la Villa, en un lateral, se observa el pórtico de dos arcos donde se montaba el mercado semanal durante la Edad Media y los siglos posteriores. El punto donde se unen ambos arcos era la zona más importante del mercado.

En el vano, el hueco triangular del soportal, se colgaba una balanza romana donde cualquiera podía verificar las pesas que usaban los comerciantes.

Ahí también se colocaba el "almutazaf" o "vigilante del mercado", encargado de vigilar la honradez de las transacciones y evitar que se produjeran altercados entre los asistentes a la feria.

Foto: Nómada
Dentro del pórtico se situaba el mercado semanal.

Por aquella época, el sistema métrico decimal todavía no había sido implantado, así que cada región tenía sus propias unidades de medida: cuartillos para el vino, fanegas para el grano o arrobas para el aceite.

En esta zona de Aragón, la longitud se medía por varas; concretamente, se usaba la vara jaquesa (de Jaca), que medía 772 milímetros. En el mismo lugar donde se colocaba la balanza, puede verse todavía hoy una piedra con la hendidura de la longitud de una vara jaquesa.

La huella tallada de la vara tenía por objeto evitar engaños, de tal forma que cualquier comprador pudiera verificar la longitud de las telas, los hilos o los bramantes que compraba.

Foto: Nómada
El catedrático Ibáñez nos enseña el vano del "almutazaf" y la vara jaquesa.

De los sillares que rematan el arco, hay dos diferentes y muy interesantes por las inscripciones que lucen. En uno, a la izquierda, se lee una fecha: 1339, tal vez el año en el que se construyó ese pórtico.

A la derecha del arco, en el otro sillar, puede leerse: "Anno Domini MCLIIII XVII die Septembris hora prima obscurauit sol" ("En el año del Señor de 1340, el 17 de septiembre se oscureció el sol), dando cuenta así de uno de los dos eclipses que, según la NASA, tuvieron lugar en aquel año.

Ambas piedras están colocadas al revés, es decir, boca abajo, lo que hace suponer que el arco se debió derrumbar y, al reconstruirlo, como los albañiles no sabían leer, las colocaron mal.

Foto: Nómada
La piedra colocada boca abajo en la que se cita el eclipse del año 1340. Habría que hacer el pino para leerla.

El descubrimiento y significado de estos textos ha sido obra de Loli Ibáñez, una joven historiadora enamorada de la villa, que ha publicado además un precioso libro primorosamente ilustrado por la pintora Pili Domínguez.

"Momentos en Sos", de obligada lectura para todo visitante, puede encontrarse en la tienda museo de la plaza de la villa.

Foto: Nómada
Un libro imprescindible para acompañarnos por Sos.

Después de toda una mañana de agradable caminata, cámara fotográfica en ristre y respirando un aire tan puro, mi estómago se encarga de recordarme que es mediodía.

Como dicen por aquí, "beber y comer son dos cosas que hay que hacer". En un pequeño pero encantador restaurante próximo doy cuenta de unas excelsas chuletillas al sarmiento acompañadas del siempre magnífico vino rosado navarro.

Foto: Nómada
Chuletillas al sarmiento, una de las especialidades de esta tierra.

Terminado el festín, salgo del restaurante y advierto de frente, en la fachada del ayuntamiento, dos nuevas inscripciones donde puede leerse: "La maldición de la madre arrasa y destruye de raíz hijos y casa" y "Dice Dios nuestro Señor: en la casa del que jura no faltará desventura."

Foto: Nómada
Inscripciones bíblicas en la piedra.

Sigo paseando por esta hermosa villa, disfrutando de la belleza de sus callejuelas y rincones.

La judería, la calle de Fernando el Católico, la casa de Luis de Santángel, gracias a cuya intercesión los Reyes Católicos aprobaron la expedición de Cristóbal Colón a las Indias.

Foto: Nómada
La judería.
Foto: Nómada
Casa de Luis de Santángel.

En cada recodo de Sos encontramos piedras que hablan de sucesos que ocurrieron a sus moradores, graffitis a la vieja usanza que nos cuentan mensajes de otros tiempos, como los escritos por soldados franceses acuartelados en Sos durante la Guerra de la Independencia.

En uno de ellos se lee: "Mierda para los voluntarios de Mina", haciendo referencia a las tropas de Espoz y Mina.

Foto: Nómada
En el sillar inferior: "Mierda para los voluntarios de Mina".

En otra piedra, bajo el matacanes del Portal de la Reina, puede leerse: "Veneno para Mina", escrito también por fuerzas francesas.

Foto: Nómada
La torre con el matacanes, el hueco por donde se tiraban flechas y piedras para defender la puerta de entrada.

Nadie diría que un lugar como Sos, recogido y repleto de rincones llenos de paz y armonía, hubiera tenido un pasado de invasiones, conquistas y reconquistas, una memoria regada por tanta sangre árabe y cristiana, navarra y aragonesa.

Foto: Nómada
Otro bello rincón de Sos.

Y entre las callejas, caminando casi de puntillas para no molestar al visitante, los habitantes de Sos, la mayoría ancianos, hombres y mujeres que saben de tierras antiguas y tiempos remotos.

Mujeres hospitalarias, generosas y escépticas, hombres forjados en el surco y la azada, de piel curtida, mirada observadora y verbo parco; gentes de bien, aragoneses.

Detrás del seudónimo Nómada se esconde un aficionado a la fotografía e inefable trotamundos.

Los artículos de la serie "Diario de un fotógrafo Nómada" se publican normalmente el primer miércoles de cada mes.

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