• Leica, no somos tontos (vale, en realidad sí)
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OpiniónContando píxeles

Sonydependencia

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MAY 2016

Prepárate para ver retrasos y falta de stock en muchos modelos durante los próximos meses, nos avisan quienes conocen muy bien el sector desde dentro. No parece un farol ni el viejo truco para crear más ganas de comprar ya mismo a quienes andan pensando en cambiar de cámara, sino la consecuencia del terremoto que hace un mes afectó a la región de Kumamoto, en Japón.

Pero, un momento… ¿acaso están justo en esta zona todas las fábricas de las principales firmas? ¿No producen la mayoría de ellas muchos de sus modelos en factorías fuera de Japón por aquello de reducir costes? Correcto. Los retrasos que se avecinan no son solo un efecto colateral del citado terremoto, sino más bien la consecuencia directa de la dependencia que ahora mismo tiene gran parte del sector de los sensores de Sony. ¿Y dónde está uno de los principales centros de producción de captores de Sony? Efectivamente, en Kumamoto.

Los retrasos que se avecinan son fruto de la dependencia que ahora mismo tiene gran parte del sector fotográfico de los sensores de Sony

En realidad, aunque pretendamos hacernos los interesantes y presumir de información de primera mano, eso no es ningún secreto. Sony emitió en su momento un comunicado sobre las consecuencias del terremoto para la compañía, y desde entonces el goteo de avisos sobre retrasos no se ha hecho esperar.

Nikon, por ejemplo, ya ha comunicado de forma oficial que habrá que esperar para la llegada de sus nuevas compactas DL en los escaparates. Modelos que incorporan ese ya famoso sensor de una pulgada y 20 megapíxeles que –ahora está claro- sale de las factorías de Sony. En el otro extremo del escaparate, desde Hasselblad nos confirmaban hace unos días que su nueva H6D 100c de 100 megapíxeles también se retrasa hasta septiembre, por lo menos. Su enorme CMOS de formato medio también es obra de Sony, claro.

Pero más allá de los comunicados oficiales en los que se cita o se insinúa el origen del problema de abastecimiento de componentes que se avecina, en realidad prácticamente todas las compañías se van a ver afectadas de uno u otro modo. Incluso firmas que trabajan con sus propios sensores (Canon, Panasonic, etcétera) también tienen en su catálogo modelos compactos que recurren a los de Sony.

¿Las Micro Cuatro Tercios de Olympus? ¿Los respaldos de Phase One? ¿Las réflex de Pentax y Nikon? ¿Las PowerShot G de Canon? ¿Las compactas de Panasonic? ¿La cámara de los smartphones de gama alta? En mayor o menor medida, los sensores de Sony andan por ahí.

Y en las Sony A7 y RX, claro. Cabe suponer, eso sí, que ante la escasez de material de los próximos meses la compañía dará prioridad a sus propios productos y a sus principales clientes, creando una curiosa lista de espera que nos ayudará a tener más claro quién pinta algo y quién no en el segmento.

Aunque esta especie de efecto dominó y los lazos entre las firmas que comparten escaparate no es nada extraño, sorprende ver el grado de sonydependencia que padece ahora mismo esta industria. Algo que da a la multinacional una curiosa posición de poder en los componentes que sin duda le encantaría saber y poder trasladar al producto final y a los gráficos de ventas.

Y es que mientras las A7 mantienen su intensa lucha por derribar el eterno bipartidismo fotográfico, resulta que si nos asomamos a las fábricas, en muchos casos Sony tiene a sus competidores agarrados por los sensores, por explicarlo con elegancia.

Por supuesto que no es un caso aislado. Fujifilm fabrica objetivos para Hasselblad, Tamron para Pentax, los visores electrónicos de muchas cámaras son obra de Epson, y Leica hace la cámara del Huawei P9. Bueno, tampoco nos pasemos. Pero Leica es un gran ejemplo de cómo combinar componentes de uno y otro, ensamblarlos con mucha elegancia, ponerles tu logotipo y triunfar.

Pero, sin duda, la lección más bonita de esta historia sobre sensores y terremotos se entiende al recordar cómo tenemos ahí fuera el panorama de marquistas confesos. Usuarios convencidos de que su cámara –o la que esperan poder comprarse- es la mejor del mundo y el resto no tiene ni idea. Aspirantes a embajadores de tal o cual marca que están convencidos de que quitar o dejar el espejo o apostar por un logotipo en lugar de otros es el camino más fácil hacia la felicidad fotográfica.

Hooligans que igual están descubriendo ahora que la cámara de sus amores es prima por parte de sensor de esa de la odiada competencia. Por cierto, posiblemente las dos lleguen igual de tarde a los escaparates este verano.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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