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OpiniónContando píxeles

Sonidos en peligro de extinción

 
20
OCT 2008

Se llama Gala, y el primer sonido que oyó cuando se asomó a este mundo fue el espejo de una cámara réflex golpeando arriba y abajo mientras el obturador se abría una fracción de segundo (1/60 tal vez), perfectamente sincronizado con el destello del flash.

Y durante muchos meses ese mismo clic de la cámara, reproducido acompasadamente, era lo único que conseguía calmar su llanto por las noches. Será fotógrafa, claro, y esa historia del primer sonido que escuchó en su vida le servirá, delante de un café, para que unos cuantos caigan rendidos.

Es más que probable que dentro de unos años el contundente sonido del espejo réflex sea una especie de reliquia

Es un buen comienzo para una novela, pero es real. Al menos la primera parte, porque ella acaba de cumplir dos meses y por ahora no ha llorado lo suficiente por las noches como para que sus padres, en plena desesperación noctámbula, prueben incluso lo del sonido de la cámara para calmarla.

Aun así, estoy convencido de que en estas ocho semanas que lleva ya por este mundo poco a poco se ha ido acostumbrando a tener delante un objetivo y ver -de vez en cuando- un par de flashes de estudio a su alrededor.

No sólo su madre es fotógrafa, sino también unos cuantos de sus tíos y tías -de esos pegados-, o por lo menos vivimos de la fotografía. Así que no es de extrañar que en este poco tiempo ya acumule un álbum con centenares de imágenes, incluidas las de su nacimiento.

Siempre nos quedarán esos archivos de sonido que compactas y móviles reproducen cuando le damos al obturador

Sólo un pequeño detalle me preocupa de la historia. ¿Qué pasará si dentro de unos años, cuando Gala quiera comprarse su primera cámara digital, ya nadie sabe lo que es un espejo réflex y nos mira con cara de póquer a los que sigamos contando batallitas sobre ruidos misteriosos en el interior de una descomunal réflex?

Es fácil de imaginar. Cojan a cualquier niño de los que ya han crecido con los píxeles y explíquenles todo el rollo de la película -nunca mejor dicho- en el cuarto oscuro, los tres pasos del positivado en blanco y negro, el sonido de las cámaras al arrastrar la película y dejar listo el fotograma o la delicia de las palancas para cargar el obturador. Ciencia ficción.

No es cuestión de ponerse melancólicos por adelantado, pero del mismo modo que ahora se nos está quedando en el camino ese olor un tanto agrio de los químicos del revelado -a qué huele la fotografía digital, sum-sum, y todo eso-, es más que probable que dentro de unos años el contundente sonido del espejo también sea una especie de reliquia de otros tiempos.

Algunos espejos suenan con cuidada delicadeza, otros con un golpe seco y demasiados recuerdan a un motor renqueante

Aunque, por lo que ahora sabemos, la Panasonic Lumix DMC-G1 no es precisamente silenciosa pese a prescindir del espejo, el estándar Micro Cuatro Tercios es una pista clarísima de lo que puede ser el futuro de las ópticas intercambiables.

Sin espejo de por medio y con los obturadores mecánicos como una pieza demasiado compleja como para que alguien no sienta tentaciones de llevársela por delante dentro de un tiempo y dejar espacio sólo a la obturación digital, puede que sólo nos quede agarrarnos a esos divertidos archivos de sonido que compactas e incluso teléfonos móviles reproducen cuando le damos al botoncito para que todo siga sonando como siempre ha sonado.

Puede que parezca una tontería. Incluso en ciertas ocasiones el sigilo del disparo es parte fundamental de la idiosincrasia de una cámara. Que se lo digan si no a Leica, que ha cambiado el obturador original de su M8 para hacerla, precisamente, más silenciosa.

Tal vez haya llegado el momento de montar una recogida de firmas para salvar el sonido de las cámaras réflex

Pero para el resto de los mortales, el sonido del disparo sigue siendo un detalle a tener en cuenta. Un valor totalmente subjetivo, cierto, pero una de las primeras cosas que hacemos cuando recibimos una nueva réflex, tras ver cuánto pesa, colocar una velocidad de obturación bastante rápida y activar el disparo en ráfaga, es comprobar cómo suenan esos fotogramas por segundo.

Y ni que decir tiene que las diferencias son abismales. Algunas suenan con cuidada delicadeza, otras con un golpe contundente y seco y demasiadas recuerdan a un motor renqueante que en cualquier momento va a decir hasta luego.

No sé si hace o no mejores fotos que mi compacta, comentaba el otro día una amiga con una SLR que acababa de coger prestada entre las manos, pero me encanta cómo suena.

En vista del clamor popular y de lo que se avecina, tal vez haya llegado el momento de montar otra recogida de firmas, esta vez para salvar el sonido de las cámaras réflex. Dado el éxito de aquella plataforma en defensa de las compactas de sensor grande -¡la Sigma DP1 ya no está sola!-, igual sirve de algo.

Aunque sólo sea para que dentro de unos años Gala sepa cómo sonaba aquella cámara que la vio nacer.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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