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OpiniónContando píxeles

Factura de formato completo

 
6
ABR 2009

Hacía tiempo que no me acercaba por una tienda para pedir una copia en papel. Y mira tú por donde, en la cola, justo delante, van y se compran una Canon EOS 5D Mark II. 2.200 euros al contado y sin pestañear.

Venga, ahí van casi un par de mensualidades de mi tronchante hipoteca en Caja Castilla La Mancha, pensaba mientras empezaba a percatarme de lo fácil que es decir "excelente relación calidad-precio" al escribir la prueba de una cámara, pero lo que impresiona luego ver cómo alguien se deja los ahorros -o invierte una pasta- en tal o cual modelo.

¿Para qué demonios quieres una SLR de 2.000 euros?, le pregunto a un amigo que se ha encaprichado con la EOS 5D Mark II

Precisamente el otro día me contaba un amigo que cualquier día se le cruzan los cables y se compraba esta misma réflex de formato completo. No es fotógrafo ni vive a golpe de obturador, pero entre que le ha cogido la afición con ganas y que con sus compras compulsivas está dispuesto a acabar con la crisis del sector, cualquier día le veremos con la cámara en las manos y una sonrisa de oreja a oreja.

¿Y para qué demonios quieres tú una réflex de más de 2.000 euros?, le pregunto cada vez que sale el tema, consciente de que no me hará ni puñetero caso. Así que, como es catalán, he decidido intentar convencerle recurriendo al sempiterno argumento del bolsillo.

Es indiscutible que las cámaras con sensor de formato completo han bajado de la estratosfera en los últimos tiempos. Tanto la citada EOS 5D Mark II como la Nikon D700 y la Sony A900 pueden encontrarse por precios que rondan los 2.000 euros, algo impensable hace poco más de un año y una puerta abierta a los aficionados que puedan permitirse el capricho.

Tampoco hay mucho que pelear al hablar de la ventaja que cámaras réflex como ésta plantean sobre los cuerpos con un sensor APS-C o respecto al sistema Cuatro Tercios.

Podemos filosofar todo lo que queramos sobre la esencia digital de la cuestión, pero hasta que nadie demuestre lo contrario, un CMOS de 24 x 36 milímetros es, a día de hoy, capaz de batir a cualquiera de estos competidores en lo que respecta a rango dinámico y control de ruido.

Pero es que el 90% de los usuarios no necesitan ni tantos megapíxeles ni unos niveles de calidad tan elevados, ni tampoco van a disparar a 6400 ISO insistentemente.

Esa idea de que una SLR de formato completo cuesta 2.000 euros se desmorona cuando calculamos la inversión en objetivos

Totalmente cierto. Tanto como que, pasado el furor del estreno, mucha gente ignorará la posibilidad de grabar vídeo con una SLR, pero pobre del que dentro de un año se atreva a colocar en el escaparate una cámara que no tenga esta opción.

El cliente siempre tiene la razón, se suele decir. Y el usuario suele tener la manía de querer disponer del mayor número de opciones posibles que pueda pagar, aunque luego sólo se acuerde de utilizar un porcentaje muy reducido de ellas.

Entonces, ¿dónde está el problema? Pues ni más ni menos que en la óptica. Una pieza del rompecabezas que solemos olvidar o relegar a un papel secundario, pero que al hablar de sensores de esta envergadura juega un papel fundamental tanto en el precio como en el rendimiento final.

Y es que esa idea de los 2.000 euros se desmorona cuando, calculadora en mano, empezamos a asumir lo que en realidad cuesta un pasaporte hacia ese idílico mundo del 24 x 36 milímetros.

Por seguir con el ejemplo de la EOS 5D Mark II de mi amigo, resulta que los objetivos EF-S que actualmente utiliza con otra Canon sencillamente no sirven. Claro que podrá seguir utilizando el sencillo, excelente -y barato- 50 mm f1.8, pero cuando se canse de la focal fija -los zooms han creado una generación de fotógrafos vagos, se suele decir- le tocará gastarse más de 1.000 euros en un Canon 24-105 mm f4 EF L IS.

Eso si su exquisito paladar está dispuesto a soportar las concesiones de calidad que un zoom de esta envergadura tiene que hacer y el viñeteo que -como es bien sabido- provoca esta óptica en los sensores de formato completo.

Y es que si nos ponemos en plan sibarita, la cosa se complica sobremanera: el Canon 24-70 mm f2.8 EF L son otros 1.300 euros, y otro tanto por el 70-200 mm f4 L IS. Y si queremos algo más de angular... en definitiva, que a lo tonto hemos doblado -por lo menos- aquellos 2.000 y pico euros de los que hablábamos al principio.

Si no se adquieren objetivos de máxima calidad, optar por el formato completo es una solemne estupidez

Desde hace bastante años muchos se preguntan si en un futuro no muy lejano todas las SLR acabarán sucumbiendo al embrujo de los sensores de formato completo, y ya puestos, si veremos modelos de este tipo por debajo de 1.000 euros.

Pentax Europa lo explicaba muy bien hace poco: antes de hablar de una réflex de formato completo, es necesario disponer de una gama de ópticas que estén a la altura de las circunstancias. Así que, de precios de ganga, ni hablamos.

No sé si el futuro va en esa dirección, pero lo que está claro es que el formato completo es un camino caro porque sólo puede hacerse con ópticas de máxima calidad. Si no, con todo el cariño, es una solemne estupidez empezar a andarlo.

Aunque, pensándolo mejor y consciente de que ni siquiera el argumento económico servirá de mucho, a ver si cunde el ejemplo de mi amigo y todo el mundo empieza a comprarse EOS 5D Mark II a pares.

Puede que así los muchachos de Canon empiecen a ponernos más canapés en esas presentaciones de prensa que hacen 24 horas después que el resto del planeta.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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