Opinión

El aficionado que parece un profesional

 
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MAY 2006

Hinchados de orgullo como están los aficionados culés al fútbol, permítanme hacerme eco de la última ola de barcelonismo en estas líneas. No, no hablaré de fútbol, de copas ni de fueras de juego. Hablaré de fotografía.

Días antes de la final, el Fútbol Club Barcelona hizo llegar a los medios de comunicación una serie de directrices para que éstos, a su vez, las comunicaran al público asistente a la final de la Copa de Europa de París.

Dudo que un miembro de los cuerpos de seguridad sea capaz de diferenciar un equipo fotográfico profesional de uno que no lo es

Amén de las normas de seguridad -que incluían no portar botellas de líquido de más de medio litro y las de menos, sin tapón-, había una indicación que me llamó poderosamente la atención. Decía, con bonitas palabras, que el acceso a las gradas con cámaras fotográficas profesionales estaba prohibido.

Asumiendo que esto no es por seguridad (antes de tirar un 50 mm f1.4 al árbitro, por muy mal que lo haga, le tiro cincuenta monedas de dos euros pegadas con celo), sólo me cabe en la cabeza que sea para que la gente tenga que comprar fotos a los servicios de merchandising. Otra cosa no se me ocurre.

Y de ser esto así, lo más lógico hubiera sido prohibir la entrada con teleobjetivos largos, porque hacer una foto desde la grada con un 18-70 mm... pues como que no, pero sin el como. Y un 400 mm f2.8 no se esconde en la pernera del pantalón. Bueno, tal vez Nacho Vidal...

¿Qué pasó a las puertas del estadio parisino? Seguro que muchas SLR se quedaron en la consigna del estadio o fuera de él

Pero la miga del asunto es el adjetivo "profesional" que acompañaba a la palabra "equipo" en la nota facilitada por el club de fútbol. No dudo de las habilidades de los controladores de puerta para interceptar entradas falsas, ni de la policía que habitualmente les acompaña para pillar a los chicos malos, pero permítanme que dude de si un controlador o un miembro de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado francés es capaz de diferenciar un equipo fotográfico profesional de uno que no lo es.

Uno, que de muchas cosas no sabe nada, reconoce que -por ejemplo- no supo distinguir un bajo de una guitarra eléctrica hasta que le enseñaron las cuerdas, o que sigue sin saber qué es un delco ni cómo se cambia la correa de distribución, que tampoco sé qué es.

Precisamente por esto me pregunto qué pasó a las puertas del estadio parisino, y si -como me temo- muchas D70, EOS 350D y similares cuerpos SLR digitales se quedaron a) en la consigna del estadio, o b) con su dueño, pero fuera de las instalaciones.

Una cámara de aficionado es equiparada con una profesional porque usa objetivos y es "grande"

Aunque este tema me sorprende e inflama sobremanera -y no en ese orden-, viene de lejos y lo hemos ido asumiendo como algo normal o que no contemplamos hasta que nos pasa. Y pasa, claro que pasa.

A un servidor le ocurrió en el museo Reina Sofía y en un edificio religioso de Zaragoza, y se le queda a uno una cara de vaca mirando al tren al contemplar cómo una cámara de aficionado es equiparada con una profesional por el simple hecho de emplear objetivos intercambiables y/o ser "grande". Y no perdamos el tiempo en convencer a quien nos requisa el equipo. Si es grande, es profesional, y punto pelota.

Los organismos seguirán requisando nuestros equipos y nosotros nos seguiremos quedando con cara de vaca mirando al tren

El hábito no hace al monje, dicen, pero está claro que si empuñas un cuerpo de una envergadura considerable eres un peligro -no sabemos muy bien para qué o quién- que hay que neutralizar a toda costa.

Si hace no muchos días en este mismo espacio comentaba que los profesionales, a veces, parecen aficionados, ahora vemos que también los aficionados sufren el mal de la identidad confundida. Es como cuando un niño se enfada porque no puede llegar tarde a casa como los mayores, y un mayor se enfada porque no puede estar en casa jugando al ordenador como un niño.

Y cuando esta columna de opinión está a punto de terminar, no he sacado ni una conclusión... Y no por falta de ganas. Los organismos e instituciones seguirán requisando nuestros equipos, y nosotros nos seguiremos quedando con cara de vaca mirando al tren. Es ley de vida: ellos ganan, nosotros perdemos. Que algún ganador levante la mano, por favor.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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