Opinión

¿El fin de las compactas de tipo SLR?

 
17
JUL 2006

La vigencia de la Ley de Murphy en el mundillo fotográfico es incuestionable. Comentábamos el otro día el mal momento que atravesaba ese otrora boyante segmento de las cámaras compactas con aspiraciones réflex. Incluso alguien sugería la posibilidad de dedicarle un artículo al tema.

La evolución del mercado y los precios de las SLR han colocado a estas selectas compactas en una posición incómoda

Fujifilm tardó apenas unos minutos en presentar su nueva FinePix S6500fd, con la que no sólo resucitaba una gama que la propia marca había mantenido intacta durante casi un año, sino que, por el mismo precio, también conseguía llevarnos la contraria.

Pero más allá de este puntual paréntesis o de las posibles novedades que acechen a la vuelta del verano -suponiendo en un alarde de optimismo que, para variar, este año alguien decida respetar el sagrado mes de agosto-, parece claro que ha llegado el momento de replantearse la continuidad de estas series, situadas a medio camino entre dos mundos.

Y es que, tal y como se pronosticaba hace ya tiempo, la evolución del mercado y los precios de las cámaras de ópticas intercambiables más sencillas han colocado a estas selectas compactas en una posición incómoda.

La Pro1 de Canon ha concluido su discreta andadura por el mercado y parece que ha preferido retirarse sin hacer mucho ruido

Sobreviven, qué duda cabe. De hecho, algunas marcas como Kodak -y sus EasyShare P- o Fujifilm parecen decididas a seguir apostando por este camino. En ambos casos concurren circunstancias similares, puesto que Kodak abandonó su gama de réflex digitales, y la FinePix S3 Pro de Fuji queda lejos del usuario aficionado. Es decir, ninguna de las dos dispone de una alternativa SLR propia con la que hacer competencia a estos modelos.

Pero, ¿qué ocurre con el resto de las compañías? Canon es el caso más evidente de esta tendencia al progresivo abandono de los modelos que en su día encabezaron el catálogo "prosumer". Así, la PowerShot Pro1 ha concluido su discreta andadura por el mercado y parece que ha preferido retirarse con su objetivo de la serie L sin hacer mucho ruido.

Salvo sorpresas -que nunca se sabe- no parece que los líderes del mercado fotográfico tengan intención de repetir apuesta: las IXUS se venden muy bien, y quien quiera más control ya tiene la EOS 350D con una larga lista de objetivos disponibles.

Los precios de las SLR digitales más asequibles hubieran provocado ataques de histeria hace dos años

Un rápido vistazo al escaparate es el mejor indicador de que los tiempos, o están cambiando, o cambiaron ya. Las réflex digitales al alcance de los bolsillos del montón ya son una realidad. La Nikon D50 o la Pentax *ist DL, por poner dos ejemplos, abren las puertas al mundo de las ópticas intercambiables a unos precios que hace un par de años hubieran provocado ataques de histeria.

La paradoja es que esos precios están por debajo de lo que se pide por muchos de los modelos compactos más elitistas, que juegan a ser réflex en miniatura.

Evidentemente, el público objetivo de uno y otro modelo no tiene nada que ver. Pero aunque dentro de los parámetros comerciales tenga su lógica, para un aficionado a la fotografía puede ser difícil entender que alguien pague más por una compacta -por mucho zoom y resolución que lleve- que por una SLR que abre las puertas de un sistema ilimitado. También potencialmente más caro, es cierto.

Parece ser que la Sony R1 no tendrá un inminente relevo generacional, e incluso no se asegura la continuidad de la serie

Pero razones deben existir. Suficientes, por lo menos, para que hablemos de deterioro progresivo en lugar de desaparición fulminante. Si se siguen fabricando este tipo de modelos, es porque ahí fuera hay usuarios que los demandan.

¿Quiénes? Básicamente, aficionados que buscan algo más que una compacta repleta de automatismos, pero que tampoco están dispuestos a dejarse la espalda acarreando una bolsa llena de trastos. O quienes no necesitan que el rendimiento a 800 ISO sea excepcional. O los que buscan -no infravaloremos esta opción- la más cara y grande del escaparate, por aquello de marcar megapíxeles.

Los responsables de Sony hablaban de la relación entre la Cyber-shot DSC-R1 y su primera réflex, la A100 con una argumentación bastante irrefutable. Por 1.000 euros -comentaban refiriéndose a esta R1- no sólo se tiene el cuerpo, sino también una óptica Carl Zeiss 24-120 mm. Algo que, al menos por ahora, resultaría bastante más caro si se quiere optar por el mundo de las bayonetas.

¿Tendrá el futuro forma de réflex con funciones de compacta, y no al revés?

En cualquier caso, no olvidemos que la citada R1 -además de las peculiaridades que implica su sensor APS y el hecho de que sea la compacta más parecida a una réflex del mercado actual- parece que no tendrá un inminente relevo generacional. Incluso desde Sony no se aseguraba la continuidad de la serie.

Si la salvación ha de venir por parte de otros actores, el tema tampoco pinta de muy buen color. Pentax nunca ha sentido demasiado interés por estos modelos, y teniendo en cuenta su fértil factoría de réflex y su aventura con Samsung, no parece que sea éste el momento para estrenarse. Y Samsung, más allá de la superlativa Digimax Pro815, posiblemente ande ahora más interesada en potenciar su nueva faceta réflex que cualquier otro segmento.

El de Olympus es el caso más original. Tras una larga lista de modelos de estas características -la saga de las Camedia de cuatro cifras, encabezada por la 8080, se ganó una merecida reputación- parece que ahora el camino va en dirección contraria, como esa E-330 con previsualización en pantalla. ¿Tendrá el futuro forma de réflex con funciones de compacta, y no al revés?

En el trasfondo de todas estas tendencias, evoluciones y análisis de mercado es el vil metal el que maneja los hilos

Entre todos ellos, Panasonic es posiblemente la excepción más notable. Sus Lumix, desde las de zoom prominente hasta las de guiños clásicos con el permiso de Leica, hace tiempo que son referencia para quienes buscan prestaciones avanzadas en un tamaño reducido. Habrá que ver si la DMC-L1 -su primera SLR- hace cambiar de rumbo a la compañía.

Como dirían los clásicos, en el trasfondo de todas estas tendencias, evoluciones y análisis de mercado es el vil metal el que maneja los hilos. El juego económico que puede dar una compacta -un par de tarjetas y una funda- no es nada comparado con los números que maneja un sistema de ópticas intercambiables.

Allí está el negocio, y es este sector el que mantiene el tipo ahora que el boom digital pierde gancho. Las marcas, evidentemente, lo saben mejor que nadie.

Habrá que ver ahora si la vuelta del verano nos permite reafirmarnos en todas estas teorías de manual o si el compañero Murphy decide pasar el otoño con nosotros.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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