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Porfolio

3.000 vistas del volcán Colima

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Un refugio vital y una obsesión fotográfica. El proyecto volcánico de Sergio Tapiro le ha brindado momentos inigualables (y un World Press Photo)

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MAY 2016

Una mole de 3.850 metros en actividad volcánica fue un buen reclamo para Sergio Tapiro. Situado al oeste de México, en la frontera de los estados de Colima y Jalisco, el volcán Colima ha sido durante 14 años el refugio fotográfico de este mexicano.

“En 2002 yo pasaba por un periodo reflexivo en mi vida”, nos explica. “Para evadir en parte esa realidad me refugié en la fotografía, sobre todo en la nocturna. Pasaba horas viendo el volcán de Colima, que pasaba por un periodo de actividad efusiva y provocaba derrumbes incandescentes que lucían de noche, bajo las estrellas, disfrutando en soledad del campo, venciendo mis miedos y mis demonios.”

Al principio se contentaba con “encontrar imágenes interesantes”, pero tres años más tarde aquellas fotografías habían ido tomando cuerpo y Tapiro decidió emprender un proyecto que ahora cuenta con 3.000 imágenes y que ha culminado con un tercer premio World Press Photo de naturaleza.

"Pasaba horas viendo el volcán de Colima bajo las estrellas, disfrutando en soledad del campo, venciendo mis miedos y mis demonios"

Tapiro abordó este trabajo documental con tres líneas narrativas distintas: “Primero, que diera cuenta de la belleza de este lugar; segundo, que explicara de cierta manera la evolución del volcán, su actividad, y tercero, que mostrara la relación de nosotros, los humanos, con el volcán. En resumen, una visión paisajística, científica y antropológica.”

Desde el punto de vista paisajístico y antropológico, la variedad de este trabajo recuerda a las “Treinta y seis vistas del monte Fuji”, de Katsushika Hokusai. Pero estas fotografías son algo más que un mero recuento de escenas, situaciones y puntos de vista distintos. Es precisamente la vertiente científica la que le brindó la fotografía que le ha merecido un reconocimiento internacional.

Tapiro nos habla de la foto premiada: “Muestra una escena que podría parecer fantástica por la cantidad de elementos que se conjugaron en ella. En una noche clara y estrellada se observa una explosión del volcán que genera fragmentos incandescentes de lava que emergen del cráter. Hacia arriba es expulsada violentamente una columna de ceniza que, debido a su velocidad, genera fricción en sus partículas y provoca un enorme rayo de unos 600 metros que ilumina parte de la escena.”

La instantánea más característica, que podría parecer fruto de una casualidad, toma consistencia y fuerza. Además, la persistencia de Tapiro fue clave: “Tan solo el mes de diciembre de 2015 pasé 20 noches fuera de casa, observando y fotografiando la actividad volcánica a 12 kilómetros del cráter.”

La inspiración es también importante, y Tapiro reconoce influencias no solo de fotógrafos de la talla de Ansel Adams, sino también del chileno Francisco Negroni (“con un extraordinario trabajo en volcanes que me encantó a primera vista”) o de maestros de la pintura y compatriotas suyos como José María Velasco, el Dr. Atl y José Clemente Orozco.

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