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La vuelta al mundo en 3.650 días

Pedaleando junto a la selva

 
17
OCT 2007

Recorrer en bicicleta los casi 800 kilómetros desde Manaus hasta Boa Vista por la BR-174, la única carretera que une Brasil con Venezuela, es una aventura que vale la pena. A pesar del mal estado de la vía y, sobre todo, del sofocante calor húmedo ecuatorial, la ruta ofrece una excelente oportunidad de disfrutar de la selva y la naturaleza.

En el anterior reportaje contábamos -y mostrábamos- las vicisitudes de un viaje en barco por el río Amazonas, desde la costa atlántica hasta la ciudad de Manaus, en el centro de la Amazonia. En este nuevo relato en imágenes, hacemos partícipes a los lectores de QUESABESDE.COM de nuestro viaje en tándem por esta región tropical de excepcional riqueza ecológica.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Manaus, una ciudad de dos millones de habitantes situada en el centro de la Amazonia, cuenta con una interesante historia ligada principalmente a la extracción del caucho, que ha dejado algunos hermosos edificios en el centro de la ciudad. Algo que no pasa desapercibido para el viajero es su caótico tráfico.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Las condiciones son tan desfavorables que nuestro amigo França se ofrece a acompañarnos con el coche hasta la salida de la ciudad. Nos dirigimos a Boa Vista, a 758 kilómetros de aquí.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Vamos con el cuerpo cubierto de ropa para protegernos del sol. El relieve es un sube-y-baja que, unido a la humedad y al fuerte calor, hace bastante fatigoso el avance. Pedaleamos junto a la selva, junto a un muro vegetal.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Pequeños lagos nos brindan una visión más amplia de la riqueza natural del lugar.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Llegamos a Presidente Figueiredo, una pequeña ciudad que ha crecido a pasos agigantados en los últimos tiempos.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Nos recibe la recreación de un indio saliendo de un "cupuaçú" (una fruta tropical) junto a un "tucunaré" (el pez más típico de la región) y una "onza" (un jaguar). El indígena es utilizado como atractivo turístico, pero, en general, no recibe mucho respeto del resto de la población.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
El paraguas es muy práctico en estas latitudes: protege tanto de la lluvia tropical como del intenso sol.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
En los alrededores de la pequeña ciudad, hay numerosos senderos abiertos en la selva.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Senderos que llevan a paraísos como éste. Presidente Figueiredo es uno de los puntos del planeta con mayor cantidad de cascadas.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Viajar en bicicleta haciendo amigos es un placer. He aquí los dueños de la posada donde nos alojamos en la ciudad.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Continuamos el viaje y descansamos en un alto, mientras observamos lo que tenemos por delante. Las subidas con el pesado tándem bajo el duro sol hacen que el desgaste físico sea considerable.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Afortunadamente, uno encuentra repartidos por el camino simples puestos de madera en los que hay bebida y comida. En este caso, agua fría y.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
. unos sabrosos bocadillos de queso salado y "tucumã", la carne de una especie de coco típico de la región.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
El tándem reclinado atrae la atención de pequeños y mayores, que nunca han visto semejante bicicleta.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Nos permiten plantar la tienda de campaña bajo la protección del tejado de un pequeño restaurante de carretera, que nos salva de una fuerte tormenta tropical.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Entramos en territorio de los waimiri-atroari, una comunidad indígena que fue casi exterminada por el ejercito brasileño en los años 70, cunando defendían sus tierras de la intrusión de las máquinas que destruían la selva para construir esta carretera. La carretera es ahora -afortunadamente- una reserva indígena de 125 kilómetros en la que los coches tienen ciertas limitaciones: no pueden circular de noche ni detenerse en este tramo, a menos que se trate de una urgencia.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Gracias a estas medidas, la naturaleza del lugar está en muy buen estado de conservación. Mientras pedaleamos, además de cruzarnos con algunos monos, nos sobrevuelan permanentemente loros, tucanes, guacamayos y otras aves.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
En el centro de apoyo de la reserva cuidan de animales que han sobrevivido a atropellos o ataques. Este pacífico mamífero fluvial es la cría de un "peixe-boi", un pequeño manatí que perdió a su madre y que, sin los cuidados humanos, no habría sobrevivido.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
El trabajo de protección de los recursos de la reserva pretende, a través de la sensibilización de los conductores, reducir el número de animales muertos por atropello, algo muy común en las carreteras.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
A pesar de los avisos, muchos coches siguen cruzando rápido la reserva, sin preocuparse de lo que dejan bajo sus ruedas. Esta serpiente ha sido recientemente atropellada.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
La única vía terrestre entre Brasil y Venezuela está en pésimo estado de conservación. Además de los habituales "buracos" (agujeros) a lo largo de todo el recorrido, en algunos tramos el asfalto ha desaparecido por completo y el suelo es de tierra.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Afortunadamente, no ha llovido en las últimas horas y el calor mantiene el barro seco.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
El barro está seco, pero nuestro cuerpo no. Sudamos sin parar.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Para compensarlo, bebemos grandes cantidades de agua. Un recurso energético muy saludable es la miel; unos sorbitos en cada parada ayudan a no desfallecer.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
La naturaleza no deja de sorprendernos. Hormigas y arañas de dimensiones generosas se encargan de ello.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Pero la mayor sorpresa nos la da este mamífero: un perezoso que, subiendo por el poste, se ha colgado de los cables de alta tensión. Afortunadamente para él, todavía no pasa la electricidad por ellos.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Fuera de la reserva, las imágenes de degradación de la naturaleza se suceden. La carretera es la vía de llegada de nuevos colonos que queman la selva para sustituirla por campos que se dedican a la agricultura y la ganadería.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Llegamos al Ecuador terrestre. La mitad de la bicicleta reposa en el hemisferio norte; la otra mitad, en el sur.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
El GPS da la razón a quien colocó el monumento en este punto exacto. Nos encontramos en la latitud 00º 00' 00".
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Tras superar el Ecuador, la vegetación cambia -curiosamente- de forma radical y pasa de la selva al "lavrado", una estepa de plantas bajas.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
El tránsito de animales por la carretera no cesa.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
En este caso, alejamos del peligro a una pequeña tortuga.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Quien no se ha podido salvar es un tamanduá bandera, un oso hormiguero gigante que ha sido atropellado esta misma noche.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Indígenas, personas que conviven sabiamente con el medio en el que viven sin buscar más de lo que necesitan: alimento y protección. Sería imperdonable despedir este reportaje sin mencionarlos, aunque de ellos ya hablaremos más sosegadamente en el próximo reportaje.

Los artículos de la serie "La vuelta al mundo en 3650 días" se publican, normalmente, el tercer miércoles de cada mes.

La travesía de Eneko y Miyuki nos brinda la posibilidad de conocer la diversidad cultural y las bellezas de nuestro planeta en esta serie de artículos y a través de su página web acercandoelmundo.com.

Su proyecto también tiene carácter humanitario. Colaboran con la ONU y UNICEF en la difusión de la Campaña del Milenio, en la cual también os invitamos a participar.

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