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OpiniónContando píxeles

El selfie ha muerto, larga vida al dressfie

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MAR 2015

“Las dos llamas corriendo por la calle y lo del vestido ese de colores raros. Lo mezclas y preparas un artículo para dentro de 10 minutos. Y que ponga ‘A fondo’ en el titular”, bramaban posiblemente el pasado viernes editores y emprendedores a su ejército de blogueros becarios. Había nuevo viral en el barrio y todos querían apuntarse.

“Ya estáis pensando en un móvil que haga que las fotos de los vestidos salgan con colores irreales”, seguro que andaban gritando en las oficinas de Samsung a esa misma hora. “Si lo petamos con el selfie de los Oscar el año pasado, ahora tenemos que liderar el movimiento dressfie”, les acababa de sugerir un vendehúmos experto en redes sociales y con contrato a tiempo parcial. “¡Posfotografía! ¡Posfotografía!”, repetía Fontcuberta mientras sus caracoles se iban zampando las fotos de la próxima exposición.

Reconozco que, al ver la famosa foto del vestido por primera vez, entendí qué era eso de la posfotografía: carecer del criterio suficiente para, en lugar de borrar una foto terrible, compartirla con la humanidad.

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¿De qué color es el vestido? No todo el mundo lo ve blanco y dorado... ¿O era azul y negro? | Foto: swiked (Tumblr)

Por si alguien anda despistado, vive en otro planeta o simplemente tiene una vida lo suficientemente interesante como para no estar pendiente de estas tonterías, resulta que la semana pasada una chica sacó una foto -bastante chusca, por cierto- con su móvil a un vestido, y en su entorno más cercano se generó un debate sobre el color real de la prenda.

Algunos de sus amigos lo veían blanco y dorado. Otros, azul y negro. Así que la autora decidió subirla a su Tumblr, y en lugar de ocurrir lo lógico –ignorarlo, bostezar, mandar a la preguntona a paseo-, se acabó generando uno de los debates más largos, virales y absurdos de la historia de Internet.

En cuestión de horas, medio mundo andaba discutiendo sobre el dichoso vestido y buscando explicaciones a ese curioso efecto cromático. Y los que no lo hacían estaban ocupados pensando insultos y chistes ingeniosos para informar al planeta sobre su desprecio por el tema.

Mientras la humanidad busca la siguiente chorrada con la que pasar el rato, seguimos mirando la famosa foto sin entender muy bien la gracia de todo esto

Así que mientras los expertos en fenómenos virales analizaban la última bobada de la red y los medios –todos, no solo los que viven a golpe de gatitos y virales- hacían malabarismos para apuntarse al tema de cualquier forma, miles de fotógrafos ponían su mejor media sonrisa y asentían con la cabeza mientras repetían: “Es el balance de blanco, idiotas.”

Se rumorea que incluso los expertos en gestión de color –gente de cuyas explicaciones normalmente es mejor huir- tuvieron su momento de gloria gracias al ya famoso vestido y pudieron explayarse sobre calibraciones, espacios de color y todas esas cosas tan aburridas.

En realidad la historia no da para mucho. Una foto aparentemente muy mal hecha con un smartphone bastante lamentable –cuyo modelo no ha trascendido y no figura en los datos EXIF- junto a un balance de blancos y una exposición terribles. Si a este churro de foto le añadimos el diferente dispositivo desde el que cada uno lo habrá visto, la calibración y un extraño fenómeno de percepción del color por parte de nuestro cerebro cuando se dan unas circunstancias muy concretas, ya tenemos el lío montado.

Pero se ha hablado ya tanto del fenómeno, que da ahora bastante pereza volver con él. Además, el misterio ha sido desvelado, e independientemente de cómo lo veas o lo daltónico que andes, resulta que el puñetero vestido es azul y negro.

No porque lo diga Adobe y su sistema de medición de color -que también se apuntó al debate-, sino porque alguien tuvo la brillante idea de buscar el catálogo de la prenda en cuestión para salir de dudas.

Y ahora, pasada la histeria y mientras la humanidad busca la siguiente chorrada con la que pasar el rato, seguimos mirando la foto sin entender muy bien el sentido o la gracia de todo esto. Posiblemente no la tenga, y como tantas otras de estas historias de 24 horas, está condenada a ser recordada solo en los powerpoints de turno.

Por cierto, yo siempre lo vi azul y negro. Panda de daltónicos.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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