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OpiniónContando píxeles

La sal de la Tierra

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DIC 2014

¡Que le den a la falsa modestia! Ver en la gran pantalla a alguien a quien has podido entrevistar produce cierto placer. Tampoco tanto como para levantarse en mitad de la proyección del documental “La sal de la Tierra” y gritar: “¡Eh, que yo he hablado con Salgado! ¡Podéis tocarme!”

O para ponerse en plan diva y empezar a hablar de él como “el fotógrafo al que entrevistamos” (menos risas, que todos sabemos que algunos lo harían). Pero, vaya, que sí da para esbozar media sonrisa, y por el mismo precio recordar que también hace años compartiste fiesta con el director (el bueno de Wim Wenders) por gentileza de Leica. Qué nivel, oye.

Pero, pasado este arrebato tan antiperiodístico de situar al plumilla de turno por delante de la historia, lo cierto es que ver en las pantallas de cine del país un documental dedicado a un fotógrafo no deja de ser una gran noticia. Y más si la sala está llena (era el día barato, vale) y la gente sale de allí con algunas cuantas ideas en la cabeza sobre la dignidad del trabajo de un fotógrafo documental.

Es verdad que quienes hayan seguido la obra de este fotógrafo brasileño o hayan tenido la fortuna de asistir o ver alguna de sus charlas en realidad no van a descubrir nada nuevo en este trabajo firmado por Wenders y Juliano Ribeiro, uno de los hijos de Salgado.

Las fotos de Salgado son una denuncia, por mucho que algunos se empeñen en señalar a los mensajeros como el problema en lugar de fijarse en el contenido

Pero los menos puestos en el asunto descubrirán no solo su trayectoria y obra, sino también a ese Salgado comprometido que a veces puede llegar a quedar un poco escondido tras la singular belleza de ese blanco y negro que tantas veces ha retratado el horror. Una belleza que, como defiende Wenders, es una forma de dar dignidad a la pobreza y el sufrimiento de sus protagonistas.

El director (también fotógrafo y que ha trabajado con Leica en algunas campañas) nos cuenta cómo conoció a Salgado y de dónde surge su interés por el personaje y sus fotos, dando por hecho que al respetable ese detalle le interesa y obviando una vez más quién es el protagonista y quién el mero narrador al otro lado de la cámara o del teclado. Consuela saber que es un mal muy extendido.

Pero no nos pongamos en plan Boyero. El documental cumple su labor, y puede que incluso revuelva algún estómago o alguna conciencia y obligue a apartar la mirada de la pantalla. Todo el mundo debería ver estas fotos, narra la voz de Salgado mientras se suceden las crudas imágenes de Ruanda o de las hambrunas y éxodos africanos.

Para eso son sus fotos, por mucho que algunos se empeñen en confundir denuncia con demagogia, fotoperiodismo con sensacionalismo; en señalar a los mensajeros como el problema en lugar de fijarse en el contenido de esas imágenes y lo que hay detrás.

Rodada mientras Salgado trabajaba en su último proyecto, “Génesis”, el fotógrafo aparece cámara en mano en muchos planos. Una Canon, como se puede apreciar clarísimamente, aunque en ningún momento se mencione ese detalle, claro. La firma no es patrocinadora ni de la película ni del fotógrafo, así que aquí no hay product placement de ese que valga.

Es lo normal. Lo que debería ser normal, vaya. Pero, tal vez, por deformación profesional, no deja de sorprender. Acostumbrados a escuchar a diario a embajadores repitiendo lo bien que trabajan o las buenas fotos que hacen con tal o cual cámara, esa naturalidad con la que Salgado sostiene su herramienta de trabajo (eso es la cámara, aunque se nos olvida casi siempre) sin darle mayor importancia es casi desconcertante.

Salgado y Wenders, tradicionalmente asociados a Leica, han rodado un film en el que Canon recibe unos planos por los que cualquier firma mataría

Pero… si Salgado trabajaba con Leica e incluso le regalaron una M7 Titanium. Pues se ve que la subastó hace ya años, y con el dineral conseguido (más de 100.000 dólares) pudo plantar 120.000 árboles de acuerdo con su plan de reforestación de la zona de Brasil donde creció. Además, como nos explicó en su momento, hace ya años que trabaja en digital, aunque el final del proceso sea químico.

Total, que un fotógrafo al que muchos siguen relacionando con Leica (basta darse una vuelta por la red para comprobarlo) y un director que ha sido imagen de Leica han rodado una película en la que Canon recibe unos cuantos planos por los que cualquier compañía mataría.

Y es que, cuando de verdad se quiere hablar de fotografía, la cámara, los espejitos y las marcas pasan a ese segundo plano en el que todo queda mucho más elegante y natural. ¿Algún director de marketing en la sala tomando nota?

La sal de la Tierra, una expresión muy bíblica para retratar la obra de un fotógrafo ateo que ha llamado Génesis a su último trabajo. Pero la sal de la Tierra, de la vida –parece querer recordarnos Salgado- no son las fotos, ni mucho menos los fotógrafos, sino las historias y las personas que hay detrás. Eso también se nos suele olvidar.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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