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La vuelta al mundo en 3.650 días

São Luís: mezcla de culturas en el Brasil ecuatorial

 
18
JUL 2007

Heredado su nombre de una fugaz presencia francesa, São Luís se erige sobre una isla al nordeste de Brasil. Crisol de culturas y escenario de vivas mareas, es una de las cunas del Bumba Meu Boi, celebración popular en la que las artes y la espiritualidad de diferentes orígenes se fusionan y regalan un colorista espectáculo visual al espectador.

São Luís, capital del estado brasileño de Maranhão, es una hermosa ciudad que está situada sobre una isla, 800 kilómetros al este de la desembocadura del río Amazonas y sólo 2 grados por debajo de la línea del ecuador. Tiene la particularidad de presentar una amplitud de mareas enorme, de las mayores del mundo, con diferencias de altura entre la pleamar y la bajamar de hasta 8 metros.

También tiene la particularidad histórica de haber sido la única ciudad brasileña fundada por franceses. Llegados en 1612, bautizaron la localidad con el nombre de su rey, Luís XIII, aunque no pudieron quedarse demasiado tiempo: tres años más tarde, los portugueses conseguían expulsarlos.

Durante los siglos XVIII y XIX, São Luís prosperó económicamente y llegó a ser la cuarta ciudad brasileña en importancia después de Salvador, Recife y Río de Janeiro.

El terrible comercio de esclavos, la producción de arroz y algodón y, posteriormente, la industria textil lo hicieron posible. Pero a comienzos del siglo XX, el puerto se anegó y la ciudad entró en una crisis de la que parece todavía no haber conseguido escapar.

Como resultado, São Luís cuenta con una extraordinaria extensión de arquitectura colonial civil portuguesa adaptada al clima ecuatorial. En 1997, su centro histórico fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.

La mayor expresión cultural de la región es el popular Bumba Meu Boi, una mezcla de teatro, danza y música populares con temáticas de relaciones de poder y religiosidad entre las culturas portuguesa, africana e indígena.

El Bumba Meu Boi se representa especialmente en el mes de junio, coincidiendo con el solsticio de verano.

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
La ciudad de São Luís, situada en una isla, vive permanentemente de cara al mar. Durante la bajamar no se alcanza a ver el océano, mientras que en la pleamar los barcos navegan junto a la costa.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
El Palacio de los Leones era la residencia del capitán general durante la época colonial y del gobernador de la provincia durante la imperial. En la actualidad, es la sede oficial del gobierno del Estado de Maranhão.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
El casco viejo de la ciudad cuenta con alrededor de 3.500 edificios civiles de los siglos XVIII y XIX con un innegable valor histórico y arquitectónico.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
La mayoría de ellos están restaurados y pintados de vivos colores.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Aunque todavía se encuentran muchos en ruinas.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Los azulejos en las fachadas son característicos. En São Luís aseguran que esta costumbre nació aquí y se extendió a Portugal. Resisten muy bien a la lluvia torrencial del verano y transmiten menos calor hacia el interior de la casa.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
São Luís está comenzando ahora a ser un destino turístico más conocido.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Caminando unas pocas calles y saliendo del recorrido turístico, nos encontramos con un São Luís más auténtico, donde los vecinos paran al visitante con gran simpatía para charlar.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Gran parte de la vida se hace en la calle: la pedicura, secar la ropa, charlar. Casi todo el mundo es afrodescendiente. De hecho, São Luís es la ciudad que cuenta con un mayor índice de esta población en Brasil, después de Salvador y Río de Janeiro.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
El pequeño quiosco "Fe en Dios" muestra lo que hemos visto innumerables veces en nuestro recorrido por Brasil: una fe desmedida en dios, la omnipresente iconografía de Jesucristo, la bandera nacional. En el cartel: "Hablar de mí es fácil. Lo difícil es ser yo."
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
El "arraial" es un espacio preparado y decorado para que los diferentes grupos folclóricos se presenten durante las Fiestas Juninas, llamadas así porque se celebran en el mes de junio. La "danza del coco" es una de estas manifestaciones.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
La representación más importante es, sin duda, el Bumba Meu Boi. Los diferentes grupos representan la misma historia, pero cada año innovan su indumentaria y las letras de sus canciones.

El "caboclo de fita" o "caboclo de pena" baila y sigue el ritmo golpeando la matraca, los dos pedazos de madera que lleva en la mano:

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
La música no para. Este hombre golpea el panderón.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
La canción es un elemento fundamental. La letra es el "enredo" y cambia cada año, pero tiene que contar siempre la misma historia: cómo un vaquero mata al mejor buey del amo para satisfacer el capricho de su mujer embarazada; el amo los prende con ayuda de los indígenas, pero el "pajé", el jefe espiritual indígena, consigue revivir al buey para salvar a la pareja.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Aunque el Bumba Meu Boi se celebra normalmente de noche en la madrugada del día de San Pedro, muchos de los grupos de bueyes se reúnen excepcionalmente para homenajear a este santo.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
El principal personaje es el buey. Su decoración está muy trabajada y se cambia anualmente, manteniéndose en secreto hasta su presentación al público, el día de San Juan.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Los grupos hacen presentaciones itinerantes por diferentes "arraiales". Las hacen cada noche, desde el día de San Juan (23 de junio) hasta el de San Marcial (30 de junio).
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Son muchas noches seguidas, y no todos resisten. El consumo de alcohol, además, es alto.
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Esta mujer es familiar de uno de los componentes de un grupo. Lo acompaña participando con mucha fe en la fiesta.

La participación de personas mayores en esta tradicional fiesta es muy nutrida:

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Los instrumentos, en este caso los "pandeirinhos", se afinan en cualquier momento y lugar. Tan sólo hay que encender una hoguera para calentar el cuero.

En el día de San Pedro, los grupos y el público se mezclan participando todos de la fiesta:

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Otro de los personajes de la trama, los indígenas, normalmente representados por muchachas:

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Hace un par de años, uno de los grupos innovó con la presencia de muchachos representando también este papel:

Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe
Foto: Eneko Etxebarrieta / Miyuki Okabe

Los artículos de la serie "La vuelta al mundo en 3650 días" se publican, normalmente, el tercer miércoles de cada mes.

La travesía de Eneko y Miyuki nos brinda la posibilidad de conocer la diversidad cultural y las bellezas de nuestro planeta en esta serie de artículos y a través de su página web acercandoelmundo.com.

Su proyecto también tiene carácter humanitario. Colaboran con la ONU y UNICEF en la difusión de la Campaña del Milenio, en la cual también os invitamos a participar.

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