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Con texto fotográfico

"He perdido muchísimas imágenes por ayudar" Santi Palacios

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Foto: Santi Palacios (Médicos del Mundo)
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DIC 2015
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Lleva desde verano cubriendo el tránsito de inmigrantes hacia Europa, y es de los pocos que quedan ahí. Santi Palacios acaba de ser finalista del Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña que organiza Médicos del Mundo con unas imágenes de lo que él mismo califica como la parte más crítica del viaje: el cruce desde Turquía hasta las costas de las islas griegas. El colaborador de AP resume en esta foto el drama de la travesía marítima y cuenta con palabras lo que no pudo fotografiar.

Santi Palacios

Llevo tiempo trabajando el tema de la inmigración y los refugiados, y lo que está pasando en las islas griegas viene ocurriendo desde hace años. Pero en 2015 los números son astronómicos. El año pasado me dediqué a la migración subsahariana, y a principios de este verano vine a Grecia por mi cuenta, sin ningún encargo. Primero estuve en la isla de Cos y luego pasé a Lesbos, donde el tema estaba muy interesante… pero era muy difícil prever las dimensiones que iba a tomar todo.

Durante el verano la situación de riesgo en el cruce marítimo, que para mí es lo más relevante, no era tan elevada. Era peligroso y había habido muertes, pero no podíamos imaginar que pudiera ser tan peligroso como ha llegado a ser.

En agosto comencé a hacer la ruta con ellos [los inmigrantes]. Primero desde Grecia hasta Hungría, y luego hasta prácticamente la frontera entre Alemania y Francia. Desde entonces he estado en Lesbos, donde están hechas las fotografías que mandé al concurso [Luis Valtueña]. Son todas de octubre, que fue el mes más trágico aquí porque hizo muy mala mar y hubo unas condiciones meteorológicas muy duras.

La gente pasaba mucho tiempo en el agua, cruzaban en condiciones terribles de vientos fuertes, lluvia, mucho oleaje… y se hundieron muchos barcos y hubo muchas muertes. Durante varios días seguidos aquí estuvimos fotografiando cadáveres en las playas. Las llegadas eran muy trágicas.

Foto: Santi Palacios (Médicos del Mundo)

Ha habido semanas en que esto era desesperante, y una de las cosas que [los periodistas] hicimos bien fue llamar la atención. A raíz de aquello vinieron muchas organizaciones, y ahora mismo hay mucha ayuda en el agua, con embarcaciones como las de Proactiva o Greenpeace.

Pero en octubre todavía había poca gente, y las imágenes más potentes que hemos visto los fotógrafos no las hemos podido hacer porque hemos estado ayudando a sacar a la gente del agua. Por supuesto que el drama de la ruta, el problema legal y burocrático y los cierres de frontera seguían, pero en ese momento de octubre la historia era llamar la atención sobre la gente que se estaba jugando la vida en el agua. Muchos la estaban perdiendo.

"Una imagen como esta te deja ver que estas personas se la están jugando y que son conscientes de ello"

El ritmo de trabajo era muy duro: comenzar muy temprano y terminar a última hora, porque casi estaban llegando más de 3.000 personas diarias. Estábamos desbordados, no podíamos parar.

Esta fotografía es del 28 de octubre. Pese a que el día estaba despejado y hacía buen tiempo, el mar estaba muy picado y el cruce estaba siendo muy complicado. De hecho ese fue el día en que naufragó una embarcación con 300 personas, muchas de las cuales murieron y otras tantas llegaron semi-hipotérmicas. Fue la última fotografía que hice antes de salir corriendo de allí para ir al puerto de Molyvos [Metimna]. De hecho, detrás de ese padre y sus hijas, en ese mismo momento había 300 personas en el agua.

El padre estaba asustado. Salió de la embarcación y estaba constantemente abrazando a los hijos porque habían llegado con un miedo en el cuerpo tremendo. Una imagen como esta te deja ver que estas personas se la están jugando y que son conscientes de ello. Los que consiguen llegar a las costas europeas pasan un muy mal trago.

Foto: Santi Palacios

Por todo eso, esta es de esas imágenes que sabes que te funcionan. Y no es fácil, porque en aquel momento las playas eran muy caóticas, con muchos inmigrantes, fotógrafos… Ahora ya no: yo soy el único que queda aquí. Y los voluntarios. Al día haces miles de casi fotos que no acaban de contar la historia. Esta, en cambio, antes de hacerla ya veía que era una imagen limpia, que contextualizaba el riesgo que están asumiendo los refugiados para llegar a Europa y el miedo de un padre a que les pase algo a sus hijos.

Por el contrario hay momentos en que no fotografías. Desde luego que si hay riesgo de muerte está claro que no fotografías, pero no hay que irse tan lejos: a mí me cuesta mucho fotografiar a alguien que está en una situación de peligro -aunque no sea de muerte- en la que yo pueda intervenir. He perdido muchísimas imágenes por ayudar. Da rabia, pero me encuentro perfectamente bien.

Me sale instintivamente. Yo no puedo hacerle una foto a una mujer que se está cayendo al agua con un bebé en vez de agarrarla. Ha habido bastantes veces en que los que estábamos éramos fundamentalmente fotógrafos o llegábamos al desembarco de algunas embarcaciones antes que las organizaciones. Incluso hay momentos en los que estás solo. Entonces ahí toca ayudar.

"Yo no puedo hacerle una foto a una mujer que se está cayendo al agua con un bebé en vez de agarrarla"

Te puedo contar una historia que es la más dura que he vivido aquí. Una historia que no puedo contar en fotos porque me parecía que no era el momento para hacerlo. Me encontraba en Kyma, el hotel restaurante donde estábamos todos editando y tomando algo cuando no estamos trabajando.

Era una noche que estaba diluviando y había una mala mar terrible, y era impensable que alguien pudiera cruzar en una embarcación de goma.

De repente comencé a escuchar gritos. No había nadie más que un compañero italiano y yo, así que salimos fuera. Con las luces encendidas del coche y a través la cámara vi a una mujer que aparecía de la nada, de la oscuridad, y que se caía al suelo con un bebé. Evidentemente no hice la foto y salí corriendo. Intenté agarrar al bebé, pero no me dejaba. Ahí me di cuenta de que algo particularmente malo estaba pasando.

Pregunté al hombre que había al lado, que estaba llorando como un descosido junto a su hija, si era una familia, porque hay una regla de oro que es que no se puede separar familias. Al decirme que sí les subí a mi coche. Incluso con la calefacción puesta yo estaba helado, así que imagínate cómo venían ellos después de pasar al menos un par de horas en el agua.

Dentro del coche comenzaron a gritar. Era una familia afgana que no hablaban inglés, y con lo poco que podían decir me hicieron entender que había dos bebés en el coche con ellos, pero que ellos tenían tres. Al principio yo pensé que nos habíamos dejado a uno allí, pero resultó que no: en realidad se les había escurrido del chaleco en el agua. Esto había pasado minutos antes.

No había nadie más para ayudar a esta familia. Nos tuvimos que encargar mi compañero y yo. Les subimos al punto de recepción y avisamos a todo el mundo para ir con frontales a la costa para ver si veíamos algo. El niño no apareció. De hecho no sé si es uno de los cadáveres que fotografié días después o si apareció en Turquía.

Muchos compañeros me pidieron fotografías para contar la historia. Pero… ¿cómo voy a contar yo esa historia en imágenes si no había nadie más para echarle un cable a esta familia?

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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