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Entrevista
SANDRA BALSELLS, FOTOPERIODISTA

"La creencia de que con la fotografía y el periodismo cambiaríamos el mundo se ha desvanecido"

 
25
JUN 2006

En plena época de exámenes, esperamos a que Sandra Balsells termine de dar consejo a una de las alumnas de la universidad barcelonesa donde imparte clases. Ya en su pequeño despacho, comenta sin pelos en la lengua a QUESABESDE.COM la actual situación del fotoperiodismo en España y del reporterismo de guerra. Balsells pertenece a esa primera generación de fotógrafos de nuestro país que ya no son autodidactas. Con una vocación claramente periodística y el interés por la historia que emana de sus fotografías, demuestra que es una sólida exponente del clásico reportaje.

¿Te asaltó temprano el interés por la fotografía?

Llegó tarde y por casualidad. Cuando estudiaba Periodismo tenía muchas horas libres y opté por complementar los estudios con la fotografía, pero antes no me interesaba demasiado. A medida que me adentré, vi que me gustaba y que era una herramienta que se podía combinar con el Periodismo.

Al cabo de cinco años, cuando acabé la carrera y los estudios de fotografía, fui a vivir a Londres y descubrí el fotoperiodismo, y allí entré de lleno.

La fotografía es para ti una herramienta, entonces.

Efectivamente. No me interesa la fotografía por sí misma, sino como una herramienta para contar historias, para acceder a espacios que me interesan a muchos niveles. Es una herramienta muy poderosa para la comunicación.

Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)

Fuiste a Yugoslavia a cubrir un proceso de desmembramiento, pero te tocó cubrir un conflicto armado...

Fui a los pocos días de que Croacia y Eslovenia proclamaran su independencia, en principio a cubrir ese proceso de desmembramiento. Pero a las dos semanas comenzó la guerra y me encontré allí teniendo que tomar la decisión de quedarme o regresar a Londres, y decidí poner a prueba si era capaz de trabajar en ese tipo de situaciones que nunca había vivido.

Algunas situaciones fueron muy duras, pero con el tiempo aprendí a manejarme y en cierto modo a dominar esas situaciones y continuar trabajando.

Foto: Sandra Balsells

¿Recuerdas tu primer encuentro fotográfico con un cadáver?

Recuerdo muy claramente el primer muerto que encontré. Tuve que enfrentarme a él, bajar del coche, concentrarme en la escena y fotografiarlo... Fue muy duro, durísimo, porque normalmente no te encuentras con muertos tirados en las calles en la vida diaria.

Pero no se trata sólo de la visión de un muerto, sino también del miedo que se gesta por entrar en pueblos destruidos, carreteras desiertas... es una acumulación de vivencias que no has tenido antes y que te afectan.

Foto: Sandra Balsells

¿Cómo ha ido evolucionando tu trabajo desde las primeras fotografías para Times hasta el libro "Balkan in memoriam"?

El proceso de crear un libro nació al final, cuando quise editar el material que a mí me interesaba. Después del primer viaje como free-lance para Times, me di cuenta de que la historia me interesaba, así que intenté darle continuidad buscando proyectos, propuestas y clientes, y poco a poco fui tirándolo hacia delante. La aventura comenzó en 1991 y acabó en 2000, cuando hice el libro. Cuando lo publiqué en 2002, creía que era el fin, pero vino la propuesta del documental... y hasta hoy.

Foto: Sandra Balsells

Hace poco recibiste el Premio Ortega y Gasset a la Mejor Labor.

Se trataba de regresar a los Balcanes e intentar localizar a gente que había fotografiado durante la guerra. A partir de ahí, hicimos un análisis de cómo estaban ahora para radiografiar la situación actual y montar una pieza basada en el documental. Se publicó en La Vanguardia y obtuvo el premio.

Foto: Sandra Balsells

En la actualidad es más peligroso ser reportero de guerra que hace unos años. Los periodistas nos convertimos demasiadas veces en objetivos...

En la guerra de los Balcanes ya fue muy evidente, en ocasiones por culpa de la propia prensa, que cometió actuaciones nefastas. Todos los bandos veían al periodista como un enemigo, como alguien fiel al otro bando y, por tanto, como un objetivo a eliminar. Ese precedente, que comenzó en los Balcanes, se ha ido extendiendo y generalizando: sólo hace falta ver cómo está la situación en Irak.

Pero hay otros síntomas muy preocupantes, como la dificultad de acceder a los conflictos, sobre todo cuando toman parte las grandes potencias, como en Irak o en Chechenia. En todos esos conflictos donde no sólo hay miedo a que te maten, sino también a que no puedas salir del hotel porque te pueden secuestrar, no se dan las mínimas condiciones de trabajo

Foto: Sandra Balsells

Israel y Palestina, Haití, la ya extinta Yugoslavia... La mayoría de tus temas hablan de tragedias humanas. ¿Eres de las que piensa que la fotografía puede ayudar a cambiar ciertas injusticias sociales?

Nunca he pensado eso. Yo cubro estas situaciones porque es mi forma de militar. La creencia de hace 15 años de que con la fotografía y el Periodismo cambiaríamos el mundo se ha desvanecido. Pero esto no quiere decir que no tenga sentido hacer este tipo de fotografía; ha de tener sentido para el informador, porque si no, el trabajo será muy pobre y muy superficial.

Sirve para uno mismo. En mi caso lo viví claramente. Cuando volvía de los Balcanes o de Oriente Medio me daba cuenta de que en casa me sentía incómoda, y que donde creía que podía hacer algo era allí... Si mi material puede sensibilizar a ciertos colectivos, pues perfecto, pero ésta no debe ser la motivación, porque si no, nos frustraríamos.

Foto: Sandra Balsells

¿Con cuál de tus reportajes te sientes más contenta?

Cada reportaje es una vivencia y una historia muy particular, aunque lógicamente me quedaría con el de los Balcanes, porque es el que ha ocupado una parte más importante de mi vida.

Pero luego hay otros temas más cortos y menos dramáticos a los que tengo mucho apego, particularmente el que hice en Rumanía a los diez años de la caída de [Nicolae] Ceausescu. Lo disfrute mucho y estoy muy contenta con los resultados, teniendo en cuenta el tiempo que le dediqué. Fue una de esas historias muy gratificantes.

Foto: Sandra Balsells

En tus imágenes se aprecia un gran acercamiento al tema. ¿Se debe ello a una razón de estilo o se trata más bien del resultado de la integración con la gente que vas a fotografiar?

La proximidad, en fotografía, es fundamental. Si no estás cerca, de forma discreta y respetuosa pero ahí encima, las imágenes quedarán lejanas y superficiales. Yo busco esa proximidad, y es más: la gente me la ofrece. Yo no estaría tan cerca, si ellos no me lo permitieran.

En lo referente al estilo, a partir de esa proximidad cada uno evoluciona de una forma u otra. El mío es un estilo muy clásico. Otros trabajan también muy de cerca y son muy rompedores, pero se trata de proximidad, de implicación con el tema. No se puede entrar en una historia si no se forma parte de esa vivencia, si no existe una cierta comunicación con la gente.

Foto: Sandra Balsells

Tú que has trabajado como fotoperiodista en el Reino Unido, ¿crees que la situación en España es mucho más precaria para los reporteros gráficos?

Es un tema complicado. Siempre he creído que en España hay grandes fotógrafos, gente que esta arriesgando con trabajos muy interesantes, sobre todo free-lances, porque los medios de comunicación ya no apuestan por los grandes temas, ni en fotografía ni en periodismo.

En general, aquí echo en falta una ruptura del estilo fotográfico. Fuera, en cambio, veo una forma más arriesgada y creativa de trabajar. Aquí vamos a la zaga. En España hay trabajos muy buenos, pero en cuanto al lenguaje visual, hay que hacer un gran esfuerzo por ser novedosos.

Foto: Sandra Balsells

Así pues, responde todo a una problemática del fotoperiodista español que no es capaz de romper con los estándares...

No somos capaces, y yo me incluyo, porque para nosotros es una disciplina muy nueva. Francia, Alemania, Inglaterra o Estados Unidos son punteros en el fotoperiodismo. Lo que ocurre es que hemos llegado tarde, y ahora estamos dando pasos muy importantes. En España comenzó en serio en los años 80, con contadas y meritorias excepciones. Todo lleva una evolución y aún estamos en un lenguaje muy convencional, comparado con el lenguaje más rompedor y creativo que se hace fuera.

Tampoco la proyección internacional de los fotógrafos españoles es notoria. Fíjate en Mágnum. Cristina García Rodero ha sido la primera española en conseguir entrar en 50 años. Esto es muy sintomático. No quiero decir que no haya fotógrafos buenos aquí, pero tenemos que reinventarnos.

Foto: Sandra Balsells

A nivel internacional, aparecen publicaciones de calidad relacionadas tanto con aspectos artísticos como con documentales fotográficos, pero en España se cuentan con los dedos de una sola mano. ¿Dan ganas de irse a publicar a otro lugar?

Es un síntoma más del estado un poco triste en el que estamos. Se publican muy pocos libros de fotografía, pero porque no se consume. Somos nosotros mismos los que ya no compramos libros, y deberíamos ser ese mercado. Con los festivales ocurre lo mismo, como la Primavera Fotográfica [de Barcelona], que ya ha agonizado.

Foto: Sandra Balsells

Los profesionales que desarrollan trabajos largos y con tiempo prefieren realizarlos en formato químico. Tengo entendido que tú también.

Ahora estoy combinando. Trabajo con una [cámara] analógica y una digital porque no tengo claro que quiera hacerlo todo en digital. Y voy a seguir jugando a las dos cosas hasta que me decida. Veo que el digital puede causarme problemas por mi forma de trabajar, que es un poco lenta. No me gusta borrar a medida que produzco. A, mí me gusta tener el equivalente a los contactos. Así que, de momento, alterno.

Foto: Sandra Balsells

Has realizado algunos documentales. ¿Te permite el vídeo abordar temas que mediante la fotografía no podrías tratar?

Yo me lo planteo como periodista. La cámara me sirve como medio de expresión; no soy una técnica de la fotografía, sino que la utilizo como herramienta. Me interesa mucho el mundo del documental. Hace 12 años que hice mi primer documental. Podía hacerse en fotografía, pero se ajustaba más al vídeo. Era una historia sobre los mercenarios en la guerra de Croacia.

Este último sí que requería el medio audiovisual, porque para intentar explicar la vivencia de esa gente que fotografié durante el conflicto armado de los Balcanes era muy importante su testimonio hablado. Resulta un reto meterte en nuevos lenguajes, y el documental siempre me ha apasionado.

Foto: Sandra Balsells

¿Con qué criterio eliges los trabajos que haces? ¿Recibes propuestas?

Lo fundamental es que me convenza el tema, pero recibo pocas propuestas, porque quien me tiene que proponer algo sabe qué es lo que me interesa. Las propuestas de medios de comunicación y fundaciones que recibo son acordes con mi trabajo y se ajustan a mi filosofía de la profesión. Algunos ejemplos son los trabajos de Haití, Mozambique y alguno de los trabajos en los Balcanes.

Hay trabajos que no los aceptas porque sabes que eres muy ajeno a ese tema. Además, hay que disfrutar haciendo tu trabajo, sean propuestas propias o encargos.

Foto: Sandra Balsells

¿Cuál es tu objetivo inmediato?

Quiero empezar a editar un tema sobre la religión en Sicilia que empecé hace casi cuatro años. Dependiendo de la edición y del estadio en que esté el trabajo, me plantearé si continúo un poco más con el trabajo o si empiezo a darle forma como libro o exposición.

También estoy preparando un libro que hacemos diez fotoperiodistas españoles. Cada uno abarcamos tres temas, y yo colaboro como fotógrafa y coordinadora.

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Sandra Balsells
18 / MAR 2010
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