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Con texto fotográfico

"La risa nos iguala a todos" Samuel Rodríguez

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Foto: Samuel Rodríguez (Payasos sin Fronteras)
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MAY 2015
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Fomentar las risas entre los más pequeños puede ser la distracción más sana y un antídoto provisional contra las consecuencias de una guerra o una catástrofe humana. Este es el objetivo de Samuel Rodríguez en su trabajo como fotógrafo de Payasos sin Fronteras, la oenegé que creó y dirige Tortell Poltrona y que en colaboración con sus otras organizaciones internacionales ha puesto una sonrisa en los rostros de la infancia de más de cien países, desde Sarajevo hasta Haití.

Samuel Rodríguez

Esta foto forma parte de mi reportaje ‘La revolución de la risa’, en el que documento el trabajo de los artistas profesionales voluntarios de Payasos sin Fronteras con la infancia siria refugiada en Jordania, Líbano e Iraq a raíz de la guerra que sufre Siria. Fue una expedición bastante especial porque se suma al trabajo que ya habíamos hecho en el Líbano previo a la guerra en Siria, donde hay población refugiada palestina de hasta cuarta generación.

Yo ya había trabajado en Líbano, conozco bien el país y me interesa mucho, y en Payasos sin Fronteras he servido un poco de enlace para los proyectos en la zona. Soy responsable de comunicación y fotógrafo [de esta oenegé], pero no tenemos presupuesto para enviar fotógrafos siempre porque somos una organización muy pequeñita, con solo tres trabajadores en plantilla y un presupuesto muy ajustado.

"El motivo por el que se fundó Payasos sin Fronteras son los niños y niñas refugiados, que son quienes lo tienen más peludo para recibir recursos"

Los artistas son voluntarios. Por eso Payasos sin Fronteras puede funcionar con muy pocos recursos, con un mínimo de personal para llevar el día a día de la gestión y mantener un ritmo de entre 12 y 14 intervenciones al año. En la medida de nuestras posibilidades, dos veces al año acompaño a los artistas para documentar los proyectos que llevamos a cabo.

El primer objetivo es atender a la infancia refugiada o desplazada por culpa de un conflicto armado o un desastre natural, allí donde podamos llegar con nuestros recursos y unas condiciones de seguridad mínimas. También hay proyectos en España, en barrios que están sufriendo de manera especialmente dolosa la crisis. Trabajamos en centros para personas que padecen algún tipo de discapacidad psíquica o motriz y en centros penitenciarios donde hay unidades materno-infantiles.

Pero el grueso de la acción y el motivo por el que se fundó Payasos sin Fronteras son los niños y niñas refugiados, porque son quienes lo tienen más peludo a la hora de recibir recursos. Es un proyecto que nació desde la infancia y para la infancia. En 1993, durante la guerra de los Balcanes, un equipo de artistas se fue con lo recaudado por una escuela de Barcelona. Les dijeron: ‘Queremos que vayáis a hacer reír a los niños en un campo de refugiados de Istria, en Croacia.’ Desde entonces no se ha parado.

Esta imagen la hice al inicio de uno de los espectáculos. Yo la siento muy íntima, con Tortell Poltrona haciendo un equilibrio con una flor, y detrás los niños expectantes porque no hace ni cinco minutos que ha empezado la actuación. Es un momento como de tensión, de expectación para ver qué va a pasar.

En mi planteamiento como fotógrafo de la oenegé intento conjugar la fotografía más corporativa, que es la que nos puede servir para mostrar a los posibles donantes y a nuestros socios qué es lo que hacemos, con otras imágenes más de reportaje personal, con mi punto de vista como autor. Lo ideal es que una misma imagen sirva para explicar la labor de la oenegé y así conseguir donativos, y que además tenga un contenido estético y fotoperiodístico.

Esta foto está hecha en el patio de una escuela en la región de Akkar, a unos 25 kilómetros de Trípoli y cerca de la frontera. Ahora la situación ha cambiado muchísimo y hay asentamientos muy grandes, además de los campamentos de refugiados. Pero cuando hice la foto en diciembre de 2013, aunque los asentamientos eran más pequeños, ya había miles de sirios que habían cruzado la frontera para refugiarse de la guerra.

En esta escuela los niños y niñas sirios continuaban con sus estudios, y en la actuación se juntaban con chavales de Líbano. En Payasos sin Fronteras intentamos siempre que se mezclen las infancias de los diferentes territorios a los que vamos a trabajar para fomentar la convivencia y romper los estigmas. La infancia es infancia, y la risa nos iguala a todos. Esta es un poco nuestra idea. Tampoco hacemos ningún tipo de distinción según el bando al que pertenezcan sus padres.

Esto era especialmente importante en Líbano, un país con cinco millones de habitantes y que ahora alberga un millón y medio de refugiados sirios, y donde en muchas escuelas se separaba a las dos comunidades en un turno de mañana y otro de tarde. Nuestra intención es siempre juntarles como conseguimos en esa ocasión. Ahora he estado en Bosnia y hay escuelas en las que los niños también están divididos: los musulmanes en una planta y los croatas de Bosnia, que son cristianos, en otra.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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