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  • "Puede que no tengamos 'glamour', pero tenemos calidad"
Entrevista
SAMUEL ARANDA, FOTOPERIODISTA

"Yo no trabajo para ganar premios"

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15
FEB 2012

Se embarcó hace poco más de un año en una travesía que lo llevó a Túnez, Egipto, Libia y el Yemen siguiendo la pista de la primavera árabe. Hace cinco días, Samuel Aranda veía cómo una de las primeras fotografías que hizo en este último país era recompensada nada menos que con el primer premio World Press Photo 2012. Desde que en 2006 expusiera en Visa pour l'Image, este joven catalán de Santa Coloma de Gramenet ha concedido hasta tres entrevistas a QUESABESDE.COM. En este cuarto encuentro Aranda nos cuenta desde su residencia en Túnez su periplo por tierras árabes y sus vivencias en suelo yemení.

Eras uno de los pocos fotógrafos que cubrió las revueltas en el Yemen. ¿Llegaste a imaginar que tu trabajo se vería recompensado con un premio de este calibre?

Fue una sorpresa y está muy bien que te reconozcan el trabajo, pero creo que es una cosa complementaria. Yo por lo menos no trabajo para ganar premios.

¿Cómo fue tu llegada al Yemen?

Llegué el 6 o el 7 de octubre y salí el 20 de diciembre. Durante la primera semana intenté tomarle un poco el pulso al país. Iba sin la cámara, con mucha precaución, y poco a poco fui conociendo a gente, acercándome a la plaza [que se convirtió en el epicentro de la revuelta] y descubriendo que eran muy amables. Y entonces ya hice contactos para poder empezar a trabajar.

Foto: Samuel Aranda

Tengo entendido que la fotografía ganadora del World Press Photo la hiciste al principio de tu estancia en Saná.

Era la primera vez que iba a la manifestación y empecé a conocer a los fotógrafos locales, que me ayudaron muchísimo, y podíamos avanzar un poco con los manifestantes. Pero luego me dijeron que era mejor no seguir allí mucho tiempo porque los francotiradores habían disparado a cámaras de televisión y fotógrafos varias veces durante la revolución.

"Normalmente estamos acostumbrados a ver fotos de mujeres llorando en funerales, pero ésta es diferente: muestra firmeza y entereza." | Foto: Samuel Aranda

Lo que hacíamos era ir unos diez minutos con la manifestación y luego íbamos a la mezquita en la que está tomada la foto, que era utilizada como hospital de campaña. Allí esperábamos noticias para saber si había habido heridos. Era el lugar donde nos informábamos de todo.

Cuando llegué estaba todo tranquilo, pero al cabo de diez minutos comenzaron de repente a bombardear y disparar contra los manifestantes. Esta foto está tomada en una pequeña carpa en la entrada del hospital. Lo que hacían era llevar allí a los heridos para un primer auxilio muy rápido. Luego los llevaban a la zona de operación si eran heridos graves de bala o a la zona de recuperación para que simplemente se recuperasen de intoxicaciones de gas o heridas leves de bala.

Foto: Samuel Aranda (The New York Times)
Foto: Samuel Aranda (The New York Times)

Se ha comparado la escena que aparece en esta fotografía con la figura clásica de La Piedad. ¿Te diste cuenta de este parecido en ese momento?

"La foto premiada no está reencuadrada ni retocada con Photoshop ni nada: es simplemente el RAW pasado a JPEG"

No, cuando hice la fotografía no fui consciente de eso. Fue todo muy rápido porque llegaban muchos heridos y era un momento de caos. Vi que era una situación diferente a lo que había por allí, porque la mujer estaba muy entera.

Cuando hice la foto ni me imaginé que pudiera tener esta repercusión, pero cuando se la envié a mi editor ya me dijo que era bastante buena. Normalmente estamos acostumbrados a ver fotos de mujeres llorando en funerales, pero ésta es diferente: muestra firmeza y entereza.

¿Qué tuviste en cuenta a nivel de luz y composición?

Yo me considero un fotógrafo muy clásico; no suelo hacer encuadres muy arriesgados. Soy muy sencillo trabajando. Y esa foto no está reencuadrada ni retocada con Photoshop ni nada. Es simplemente el RAW pasado a JPEG y enviado tal cual.

¿Llegaste a conocer a los personajes de la foto?

Al principio pensé que eran marido y mujer... pero resulta que no, que son madre e hijo. El miércoles [hoy, 15 de febrero] vuelvo al Yemen para encontrarme con ellos y entrevistarles.

Además de ésta, tomaste otras fotografías que ayudan a entender lo que ocurre en este país de la Península Arábiga.

Hay dos fotos que son muy importantes. Ésta con los tres niños está hecha en el Norte del Yemen, en la ciudad de Sa'dah. Es una ciudad que está bajo bombardeos intensivos del gobierno desde hace años. Está totalmente arrasada, y era la primera vez que periodistas extranjeros iban allí en muchos años.

Foto: Samuel Aranda (The New York Times)

Cuando se enteraron de que venían periodistas extranjeros estos niños salieron de sus casas a explicarnos su historia. Son niños mutilados por los bombardeos del ejército yemení, pero con el apoyo del ejército de Estados Unidos. El gobierno yemení le dijo al gobierno americano que allí había terroristas, porque son chiíes, y el gobierno americano apoyó los bombardeos con material y dinero.

Foto: Samuel Aranda (The New York Times)

Les hicimos una entrevista a los chicos sobre lo que les había pasado. Fue bastante emotivo, la verdad. Si nos fijamos, es otra vez un encuadre muy sencillo, con un 35 milímetros fijo y mostrando simplemente lo que había allí.

¿Hiciste el viaje a Sa'dah con la idea de hacer otro reportaje o para tener más imágenes del Yemen?

Allí estuvimos a finales de noviembre y no nos pudimos quedar a dormir. A mí lo que me interesaba de este viaje de un día era saber qué pasaba allí. Sabía cuál era la situación, que la gente estaba sufriendo mucho, y fue una oportunidad de ir y poder contar un par de historias. Esta foto se publicó bastante.

Sa'dah es de los sitios del Yemen que más destrozados y arrasados está, pero ahora han firmado un acuerdo de alto el fuego. Gracias a ello está empezando a llegar ayuda, sobre todo a la población y para la reconstrucción.

¿Qué otra fotografía querías destacar?

La que abre el reportaje sobre el Yemen en mi web. Está tomada en Taiz, una ciudad bajo asedio del ejército en el centro del país. Era un poco como el Bengasi del Yemen: la ciudad más cultural, más abierta. Estaba totalmente sitiada y bombardeada. Allí utilizaban artillería de tanque y de mortero todos los días y los enfrentamientos eran mucho más duros que en Saná.

Foto: Samuel Aranda (The New York Times)

La periodista del The New York Times con la que trabajaba consiguió los permisos para visitar Taiz. Esta foto la hice en un barrio que estaba tomado por el ejército en esos momentos.

¿Es posible pasar desapercibido al tomar una foto como ésta?

Ahí teníamos permiso para trabajar, pero no para hacer fotos de soldados. Entonces hice lo que suelo hacer siempre: rebajar un poco la tensión, intentar bromear con ellos y hacer un par de fotos. Y cuando empiezan a quejarse decirles que no hay problema, hacerles un par de bromas... e irme.

Este encuadre es algo accidental. Sí que buscaba algo diferente, pero en ese momento yo estaba detrás del vehículo intentando hablar con un general y vi cómo se acercaba el chaval por la izquierda. Sólo hice un fotograma.

Ese día estaban las cosas un poco más o menos tranquilas. Habían declarado un alto el fuego para dejar un pasillo de ayuda humanitaria, y no había ningún tipo de tensión. En esa foto no.

Las revueltas árabes y el tsunami de Japón han copado casi todos los premios de las categorías de noticias de los World Press Photo 2012. ¿Por qué crees que no hay ni rastro de los movimientos 15-M, Occupy Wall Street o de las protestas en Grecia entre las historias premiadas?

Yo creo que es algo circunstancial. Aquí no estamos hablando de política. [Los World Press Photo] están premiando la fotografía en sí, no al Yemen o a Libia, sino las fotos que se han hecho allí. Les habrán llegado reportajes de Grecia y de España, pero han preferido los de la primavera árabe.

Foto: Samuel Aranda (The New York Times)
Foto: Samuel Aranda (The New York Times)

Has cubierto la primavera árabe en Egipto, Libia y Túnez, donde resides actualmente. ¿Por qué decidiste ir al Yemen?

Primero porque el Yemen no estaba siendo cubierto. Empecé a trabajar con The New York Times en Libia y después hice la transición aquí en Túnez para ellos también, y hablando con el editor me dijo que si conseguía entrar de alguna forma en el Yemen les iría muy bien. No hubo forma de conseguir unos visados ordinarios. Al final conseguimos entrar por la puerta de atrás.

Foto: Samuel Aranda (The New York Times)

En realidad los medios han atendido mucho menos al Yemen que a las revueltas de otros países árabes.

Yo creo que el Yemen ha sido uno de los países olvidados dentro de la primavera árabe. Se ha hablado mucho de Egipto, de Libia, de Siria ahora y de Túnez, pero creo el Yemen ha sido el gran olvidado. Llevan ya un año, y por lo que yo he visto allí ha sido una de las revoluciones más pacíficas. No han causado disturbios; simplemente han sido manifestaciones pacíficas contra las que han disparado los francotiradores.

Foto: Samuel Aranda (The New York Times)
Foto: Samuel Aranda (The New York Times)

¿Por qué crees que se ha ignorado tanto?

En Estados Unidos sí que le han dado importancia porque tienen mucho interés en el Yemen. Desde el punto de vista europeo no tienen petróleo y estratégicamente está muy lejos; no queda tan cerca como Egipto, que es muy importante en la región. Yemen está un poco en la esquina, allí abajo perdido.

¿Cómo te moviste por el país? ¿Te dio The New York Times libertad para trabajar?

Al principio cuando conseguí entrar estaba bastante asustado porque la ciudad estaba totalmente dividida en dos. Había barricadas, con el ejército por todos lados, y no sabía muy bien cuáles iban a ser las condiciones de trabajo. Yo me esperaba un ambiente muy hostil, como el que me encontré en Iraq o Afganistán. Hostil en el sentido de que no puedes ir andando por la calle sin el peligro de que te vayan a secuestrar o te dispare cualquier bando militante.

Foto: Samuel Aranda (The New York Times)
Foto: Samuel Aranda (The New York Times)

Si buscas [Yemen] en Google, el 90% de las noticias son de Al-Qaeda y de gente que ha sido secuestrada. Por eso esperaba encontrarme con situaciones muy hostiles, con tener que trabajar con un "fixer" [persona que hace las veces de guía e intérprete] y mucha seguridad. Pero no fue así para nada. La gente en el Yemen es espectacular. Me trataron a todos los niveles de forma fascinante. Me he quedado enamorado del país.

Foto: Samuel Aranda (The New York Times)

Yo vivía en el lado controlado por el gobierno y tenía que pasar cada día los controles militares para llegar a la zona de los manifestantes. Aprovechando que tengo una cara bastante árabe y hablo un poquito de árabe, me vestía como un local y trabajaba con una cámara muy pequeñita y un poco escondida: una Nikon D700 con un 35 milímetros.

Foto: Samuel Aranda (The New York Times)
Foto: Samuel Aranda (The New York Times)

Durante la primera semana no disparé fotos. Andaba por la ciudad, conocía a gente y tanteaba un poco para saber cómo estaba el ambiente. Así conocí a Ali, que tenía moto y me hizo de "fixer". Durante el primer mes y medio con él nos movimos en moto porque es una manera muy ágil y te permite evitar los controles militares, ya que no suelen pararte. Él fue quien me puso en marcha en Saná. Íbamos todos los días a algún sitio, trabajábamos una hora o dos y en seguida nos movíamos hacia otra zona, porque la gente me oía hablar y sabía que era extranjero, y al haber informadores había que tener cuidado para que no me arrestaran.

Además de pagarte por tu trabajo, ¿se te apoyó desde The New York Times durante tu estancia en el Yemen?

Se portaron magníficamente desde el principio. Así como algunos medios te pagan por día de trabajo, en The New York Times me pagaron un fijo al mes, me hicieron un seguro médico y me apoyaron en todo sin ningún tipo de presión.

¿Qué diferencias hay entre trabajar para The New York Times o para un medio español?

"Los medios en España nunca han apostado mucho por el fotoperiodismo; tienen la idea de que la fotografía es para ilustrar un texto"

Yo me siento muy afortunado de haber trabajado en el Magazine de La Vanguardia, sobre todo por Pepe Baeza, de quien he aprendido muchísimo. Es de los mejores editores que he tenido en mi vida, además de una gran persona.

Lo que ocurre es que, fuera de La Vanguardia, los medios en España nunca han apostado mucho por el fotoperiodismo. Creo que no está muy bien considerado, como que tienen un poco la idea de que la fotografía es para ilustrar un texto que hace un periodista. Y eso cambia cuando vas fuera de España. En las redacciones que he conocido los fotógrafos son muy potentes y tienen su propio espacio. Trabajan mucho más la fotografía.

Y es más un problema de mentalidad que económico, porque luego se invierte mucho dinero en otro tipo de historias, como puede ser una producción [fotográfica] de moda. Creo que todos los trabajos de fotógrafo tienen su qué, sin despreciar a nadie, pero sí es verdad que si se invierte en fotografía de moda o de famosos, ¿por qué no invertir también en fotoperiodismo?

Foto: Samuel Aranda (The New York Times)
Foto: Samuel Aranda (The New York Times)

Luego es también una cuestión de gustos. Hay mucha gente que preferirá coger el Magazine o el Dominical [del Periódico de Catalunya] un domingo y que sólo haya cosas bonitas. Y es muy respetable, pero tendría que haber espacio para todos, sin necesidad de cargarse nada.

Debe ser muy positivo contar sobre el terreno con el apoyo de un medio como The New York Times.

La diferencia importante es que hay veces que conseguir entrar en estos países es difícil, y así tienes apoyo. Y si te pasa algo siempre tienes su respaldo. En el Yemen tenía muchos contactos gracias a The New York Times, y estaban muy pendientes de la situación a nivel diplomático. Me protegían mucho.

Foto: Samuel Aranda (The New York Times)
Foto: Samuel Aranda (The New York Times)

Por ejemplo: cuando ya llevaba un mes y medio allí me arrestaron y tuve un momento para llamar a quien debía en The New York Times. En dos horas lo solucionaron y me soltaron. De haber sido "free lance" seguramente me hubiesen expulsado del país.

¿Cuál ha sido exactamente la cronología de tu seguimiento de la primavera árabe?

Vine a Túnez en enero, cuando empezó la revuelta, y estuve todo el mes. Cuando a principios de febrero o finales de enero empezó el tema en Egipto salté a El Cairo para cubrir allí toda la revolución hasta que cayó Mubarak. De allí volví a Túnez, donde me instalé. El siguiente paso fue Libia. Primero entramos por el Este, y cuando ya estaba la situación estancada allí entramos por el Oeste, ya con The New York Times.

Foto: Samuel Aranda (The New York Times)
Foto: Samuel Aranda (The New York Times)

Túnez y Egipto los cubrí para Corbis, que me apoyaron bastante. Luego ya a partir de El Cairo comencé a tener un poco más de constancia con los encargos de The New York Times: hice la transición aquí en Túnez y otras historias.

¿Qué similitudes y diferencias ha habido entre todas estas revueltas?

La gente estaba muy harta de los regímenes que había en estos países, y sobre todo de los dictadores apoyados por Occidente. En Túnez, hasta dos días antes de que cayera Ben Alí, Francia llegó incluso a ofrecer tropas antidisturbios. El punto en común ha sido que la gente estaba ya muy cansada de sus dictadores.

Foto: Samuel Aranda (The New York Times)

Luego la revuelta ha sido muy diferente en cada país. Lo que ha pasado en Túnez no tiene nada que ver con lo que ha pasado en Egipto o en Libia. Aunque se tiende a generalizar todo bajo el nombre de primavera árabe, cada revolución ha tenido una historia muy diferente.

Foto: Samuel Aranda (The New York Times)

Quizás lo que más me sorprendió fue lo que ocurrió en Egipto el día antes de la caída de Mubarak. Ese día salió en televisión diciendo que no se iba, que iba a seguir en el poder. Lo recuerdo como un día de mucha desesperación. Al día siguiente el ejército se retiró y pasó todo lo contrario.

¿Pesan mucho las muertes de Tim Hetherington, Chris Hondros, Anton Hammerl y otros compañeros?

"No me gusta estar en primerísima línea; prefiero estar un pasito por detrás. Cada vez hay más cosas que me importan en la vida"

Cuando murió Anton lloré bastante, porque fuimos compañeros en Libia. De hecho, la mañana del día que lo mataron desayunamos juntos...

No es la primera vez que pasan este tipo de cosas, y eso me hace pensar que a mí no me gusta estar en primerísima línea; prefiero estar un pasito por detrás. Cada vez hay más cosas que me importan en la vida. Sigo haciendo este trabajo, me gusta mucho, pero siempre con prudencia.

Seguramente son diferentes las historias que te puedes encontrar en primera línea o en la retaguardia.

Son diferentes estilos. Cuando estás en agencias te exigen mucho más la foto de acción. Cuando trabajas como "free lance" puedes permitirte estar un poco más atrás, buscar historias más largas e íntimas; tienes menos presión.

¿Qué conclusión sacas de la revolución de la que has sido testigo en el Yemen?

Un poco la misma conclusión que he sacado cuando he estado en otros países como Pakistán o Gaza: creo que tenemos un problema en Occidente de cómo vemos el mundo árabe. Estamos muy contaminados por noticias de terroristas y de barbudos con kalashnikovs, pero cuando llegas allí resulta que nos parecemos mucho más a ellos de lo que creemos. Son gente como nosotros. Son personas fantásticas.

Foto: Samuel Aranda (The New York Times)

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