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Prueba de producto
Samsung Galaxy Gear S
Foto: Alberto Ballestín (Quesabesde)

Samsung Gear S: análisis

 
24
JUN 2015
Texto y fotos: Alberto Ballestín

Abanderado de Tizen y máximo representante del catálogo de wearables de Samsung, el Gear S aspira a hacerse un hueco en un mercado en plena ebullición. Sus claves son un diseño atractivo como pocos, una plataforma bien ajustada a su tamaño y la capacidad de ser utilizado como si fuera un teléfono. Porque el Gear S es más que un simple reloj inteligente.

Los wearables están de moda. Ahora que una pantalla grande ha dejado de ser símbolo de estatus, las miradas de fabricantes y consumidores se dirigen a las muñecas en busca de la próxima revolución tecnológica. No es la primera vez que sucede algo así.

A pesar de que los relojes inteligentes no comenzaron a atrapar la atención del público hasta hace poco más de un año, lo cierto es que los primetros relojes inteligentes datan de 1984, cuando Seiko se aventuró con el lanzamiento de varios modelos programables desde el PC o usando terminales específicos. Desde entonces han sido múltiples las firmas que han tratado de seducir al consumidor con propuestas de lo más variopintas, todas ellas caídas en desgracia.

Samsung Gear S
Samsung Gear S
Foto: Alberto Ballestín (Quesabesde)
La pantalla principal puede ser personalizada con distintos widgets que van desde la previsión del tiempo a estadísticas relacionadas con su uso deportivo

La resurrección de este tipo de dispositivos tiene lugar ante una confluencia de factores. Por un lado, la tecnología ha avanzado lo suficiente como para hacerlos una realidad más factible. Por otro, los principales mercados internacionales han llegado a su cénit y los fabricantes de teléfonos móviles necesitan algo nuevo que vender.

La propuesta de Samsung con el Gear S es inédita por forma y contenido. En un mercado donde todos los relojes inteligentes parecen salidos del mismo molde, este modelo surcoreano destaca por un diseño curvilíneo y estéticamente interesante. Al mismo tiempo, se distancia de la competencia optando por Tizen en lugar de Android Wear como sistema operativo. Y además de reloj es todo un teléfono. Son factores que redundan en diversos beneficios, pero también en carencias y puntos mejorables.

Atractivo, pero no apto para todas las muñecas

Tras una primera generación de anodinos y rectangulares relojes inteligentes salidos del mismo molde, los fabricantes han comenzado a prestar una mayor anteción al diseño de sus dispositivos. La estadounidense Motorola abrió brecha con el Moto 360, el primero en su categoría con una pantalla circular (muy entre comillas, puesto que una pequeña porción de la misma no es utilizable), y posteriormente se han sumado diversos modelos procedentes de firmas como LG y Huawei.

El Gear S de Samsung no es como ninguno de ellos. En lugar de apostar por un diseño tradicional, el fabricante surcoreano ha querido dotar a su Gear S con una estética más propia de un modelo deportivo, integrando una elegante pantalla curvilinea de aspecto rectangular en un cuerpo metálico que se sujeta a la muñeca mediante una correa de goma.

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Atractivo, que no cómodo

Las generosas dimensiones del Gear S (desde el tamaño de su pantalla rectangular a su grosor) dificulta que pueda ser llevado cómodamente por personas de muñeca pequeña

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Samsung Gear S
Alberto Ballestín (Quesabesde)
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Samsung Gear S
Alberto Ballestín (Quesabesde)
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Samsung Gear S
Alberto Ballestín (Quesabesde)
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Samsung Gear S
Alberto Ballestín (Quesabesde)

No transmite en vivo la sensación de ser un producto de lujo, pero a pesar de las apariencias tiene sin embargo un mayor empaque que el Moto 360. Y es que a veces el cuero no lo es todo.

Tanto el micrófono como el altavoz y el sensor de iluminación están bien integrados en el dispositivo, de líneas limpias pero relativamente voluminosas. La correa es sorprendentemente cómoda para ser de goma (un material que a priori no encaja con un reloj de 300 euros), pero eso no puede evitar que un voluminoso cuerpo impida o como mínimo dificulte su porte en combinación con camisas de puños ajustados.

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Samsung Gear S
Foto: Alberto Ballestín (Quesabesde)

La correa de goma del Gear S resulta agradable al tacto, más aún que la de cuero usada por el presuntamente lujoso Moto 360

Aunque la muñeca no se siente sobrecargada, los 12,5 milímetros de grosor del aparato hacen que no resulte óptimo ni en escenarios donde sea necesario el uso de un reloj discreto -nada nuevo bajo el sol- ni en el gimnasio, donde teóricamente debería dar lo mejor de sí gracias a su pulsímetro.

Del mismo modo, la correa de cuero redunda en una importante sudoración cuando se realiza ejercicio físico. A pesar de las apariencias, el Gear S no es el reloj inteligente más indicado para los deportistas.

Android Wear no lo es todo

Pero si hay una cualidad que hace del Gear S un dispositivo (casi) único es la ausencia de Android Wear. Samsung está determinada a impulsar Tizen como alternativa al sistema operativo móvil de Google, lo que hace de este reloj inteligente una propuesta bastante inusual dentro de un mercado reducido pero incipiente.

Por increíble que parezca, es posible navegar por Internet (no sin ciertas dificultades) usando Opera

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Samsung Gear S
Foto: Alberto Ballestín (Quesabesde)

A diferencia de Android Wear, donde es necesario realizar barridos verticales para acceder a los distintos menús, la implementación de Tizen realizada en el Gear S se basa en desplazamientos horizontales. La fórmula adoptada por Samsug puede parecer más intuitiva que la de Google, pero la diferencia entre uno y otro pueden hacer que la migración resulte confusa.

El diseño gráfico de la interfaz es otro punto diferenciador. Los menús de Samsung son ligeramente más detallados que los de Google y el uso de colores vivos sobre fondos negros sacan lo mejor del panel Super AMOLED del Gear S. No parece que sea un sistema operativo encogido para su uso en relojes (una sensación que Android Wear no logra sacudirse de encima).

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Samsung Gear S
Foto: Alberto Ballestín (Quesabesde)

A pesar de que Tizen no tiene el respaldo del que presume Android Wear, el Gear S ofrece casi todas las funciones y aplicaciones necesarias

Llegados a este punto, es necesario señalar que el Gear S no es compatible con cualquier teléfono basado en Android. De hecho ni siquiera funciona con todos los terminales de Samsung.

El fabricante ha concebido su reloj inteligente más destacado como el acompañante perfecto para sus dispositivos insignia, por lo que es necesario tener un teléfono o tablet contemplado en la lista oficial de productos compatibles.

Prestaciones desiguales

En el lado menos positivo, el funcionamiento del Gear S no siempre es todo lo fluido que cabría esperar. Con un procesador de doble núcleo a 1 GHz y 512 MB de RAM, el reloj de Samsung no se diferencia demasiado del grueso de sus competidores basados en Android Wear, pero tampoco lo hace su rendimiento. En ocasiones el reloj no logra interpretar debidamente los gestos de deslizamiento, a los que responde con una demora reducida pero perceptible.

También es importante el asunto de las aplicaciones. La apuesta por Tizen ha podido redundar en una personalización absoluta (Google ya ha manifestado que piensa controlar el aspecto de Android Wear para evitar su fragmentación técnica y visual), pero ha cerrado también las puertas del Gear S a miles de aplicaciones y desarrolladores. De entrada será mejor si el comprador se hace a la idea de no tener acceso oficial a los servicios de Google.

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A tope con los deportistas

Aunque el Gear S resulta algo grande como compañero de gimnasio, incluye de serie abundantes opciones de cuantificación

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Alberto Ballestín (Quesabesde)
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Alberto Ballestín (Quesabesde)
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Alberto Ballestín (Quesabesde)
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Samsung Gear S
Alberto Ballestín (Quesabesde)

Consciente de este punto, Samsung ha incluido en el Gear S un cierto número de aplicaciones propias que permiten suplir la carencia de software no oficial. El reloj incluye una sección de noticias configurable, una gran cantidad de opciones de cuantificación para los usuarios más activos (que funcionan con una precisión bastante razonable para un medidor de muñeca) y hasta su propio navegador de Internet, si bien su manejo puede resultar algo más que ligeramente complicado dadas las 2 pulgadas del dispositivo.

La fuerza de Samsung también ha parecido mover a algunos desarrolladores importantes. Son pocos en relación a los que trabajan para Android Wear, pero la presencia de aplicaciones tan conocidas como Here y Nike+ hacen que comprar un Gear S no sea lanzarse al vacío.

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Un reloj, incontables diseños

Samsung permite personalizar el Gear S con frontales digitales para todos los gustos y con distintos efectos en la forma en la que se muestran la hora y las notificaciones

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Alberto Ballestín (Quesabesde)
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Alberto Ballestín (Quesabesde)
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Alberto Ballestín (Quesabesde)
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Alberto Ballestín (Quesabesde)
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Alberto Ballestín (Quesabesde)
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Alberto Ballestín (Quesabesde)

Un punto donde el Gear S puede decir que supera a sus rivales es en la autonomía. Samsung no pierde el tiempo en señalar que la batería de su reloj estrella posee una duración de hasta cuatro días con lo que describe como un "uso ocasional". Huelga decir que esta es una previsión excesivamente halagüeña, incluso si se desactivan opciones como la activación permanente de la hora.

De acuerdo con las mediciones realizadas durante el periodo de prueba, la autonomía del Gear S es de algo más de día y medio, lo cual supone un dato positivo frente a la competencia y la viva prueba de que los relojes inteligentes aún tienen un largo camino por recorrer para convertirse en una alternativa a los tradicionales en todos los aspectos.

El proceso de carga se realiza utilizando una base -más bien una mochila- con varios puntos de contacto que se acopla con firmeza al reloj.

Samsung Gear S
Samsung Gear S
Foto: Alberto Ballestín (Quesabesde)
La base de carga del Gear S se sujeta a presión y no ha sido diseñada para mantener el reloj sobre la mesa.
Kitt, te necesito

Cortos de batería, justos en prestaciones. ¿Cuál es entonces el propósito de un reloj inteligente? De acuerdo con los propios fabricantes, acercar las funciones del teléfono móvil a la muñeca. A efectos prácticos esto significa un acceso más inmediato a las notificaciones y la posibilidad de controlar aspectos como la reproducción de música.

A la hora de la verdad, la forma en la que el Gear S resuelve el manejo de las notificaciones no tiene un impacto particularmente notable con respecto a sus rivales en Android Wear. Mensajes de correo electrónico e instantáneo como los de WhatsApp se muestran en la pantalla y pueden ser rápidamente consultados desde el reloj (es posible configurar desde el teléfono qué aplicaciones pueden enviar notificaciones y cuáles no).

La aplicación de conexión para teléfonos Samsung permite configurar el número de aplicaciones que envían notificaciones al reloj

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Foto: Alberto Ballestín (Quesabesde)

No obstante, no siempre es posible interactuar con ellas. En la práctica esto significa que no es necesario sacar el teléfono del bolsillo para responder a un mensaje de WhatsApp (aunque hay aplicaciones que permiten enviar respuestas predefinidas) o reproducir un vídeo. El valor del Gear S en estas situaciones se restringe a la posibilidad de leer estos mensajes sin tener el teléfono a mano. De hecho, ni siquiera es necesario tener un teléfono propiamente dicho.

Es posible leer los mensajes de WhatsApp desde el reloj, aunque sacar el teléfono para responderlos sea prácticamente imperativo

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Foto: Alberto Ballestín (Quesabesde)

Gracias a la presencia de su propia ranura SIM (protegida contra agua y polvo como el resto del dispositivo), el Gear S puede navegar por Internet y realizar llamadas telefónicas sin necesidad de estar emparejado por Bluetooth con un teléfono móvil.

Más aún, la conexión de datos hace posible recibir las notificaciones del smartphone principal aunque este se encuentre fuera del alcance de la conexión inalámbrica, por lo que incluso sería posible leer los mensajes de WhatsApp aun cuando nos hayamos olvidado el teléfono en la oficina. Samsung no bromeaba cuando decía que el suyo era el auténtico reloj de Dick Tracy.

La posibilidad de utilizar una tarjeta SIM para realizar llamadas diferencian al Gear S de sus rivales

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Samsung Gear S
Foto: Alberto Ballestín (Quesabesde)
Un smartwatch como pocos pero con los mismos defectos que todos

De todos los relojes inteligentes que hemos probado (entre los cuales no se encuentra todavía el Apple Watch), el Gear S es quizás el modelo más interesante. Lo cual dice mucho acerca de este complejo dispositivo, a ratos tan magnéticamente irresistible como patentemente superficial.

Su espectacular pantalla Super AMOLED, sus buenas terminaciones y el buen trabajo realizado en un sistema operativo que no le hace parecer un teléfono encogido logran empujar al Gear S más allá del círculo de los relojes inteligentes de corte generalista. Su capacidad para suplir totalmente al teléfono móvil terminan por conferirle un atractivo único.

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Samsung Gear S
Foto: Alberto Ballestín (Quesabesde)

A pesar de sus numerosas virtudes y de una pantalla para caer rendido a sus pies, el Gear S ejemplifica un segmento envuelto en contradicciones

Al mismo tiempo, su todavía reducida autonomía, su voluminoso tamaño y su ambiguo propósito (¿es necesario poner 300 euros uno encima de otro para un dispositivo que a grandes rasgos solo es efectivo para decirte cuándo tienes que sacarte el teléfono del bolsillo?) sirven para recordar que fabricantes y desarrolladores todavía han de encontrar una forma de hacer que sus relojes inteligentes sean genuinamente útiles si esperan que esta vez entren en los libros de historia como algo más que una descuidada nota a pie de página.

El producto de estos factores es profundamente desigual. Sin embargo, su bien diseñada interfaz y el potencial de poder utilizarlo como teléfono móvil independiente hacen del Gear S un dispositivo potencialmente más atractivo que modelos rivales. Eso siempre y cuando su usuario no tenga inconvenientes lidiando con las numerosas limitaciones de una tecnología aún inmadura y un precio de venta al público próximo a los 300 euros. Que son muchos euros.

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