Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)
Crónica

Una noche en Toledo con el Galaxy S7

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MAY 2016
Álvaro Méndez | Toledo

Ahora que parece que Samsung ha reconquistado el disputado trono de mejor teléfono fotográfico del momento, hace unos días nos dejamos caer por Toledo –tierra conquistada y de conquistadores- para volver a probar de primera mano la cámara del reciente Samsung Galaxy S7 Edge. Y tan convencidos están del poderío fotográfico de su buque insignia en la firma surcoreana, que decidieron que la mejor manera de poner a prueba el nuevo Galaxy era fotografiar un recorrido nocturno por las calles toledanas.

Cierto es que motivos no les faltan para ser optimistas, pues desde su fastuosa presentación en el pasado Mobile World Congress de Barcelona, el Galaxy S7 Edge -y su versión sin pantalla curvada- no ha parado de cosechar elogios. Y sin duda buena parte de la culpa de tan buena acogida se debe a la cámara fotográfica que incorpora.

Una cámara que, tal y como nos recuerdan orgullosamente los responsables de la marca en España, ha sido designada por DxOMark como la mejor vista nunca en un teléfono (será que el Panasonic Lumix CM1 no ha pasado por su banco de pruebas). Ahí es nada.

Y lo cierto es que al margen de las sesudas pruebas científicas a las que nos tienen acostumbrados los amigos de DxOMark, nosotros también hemos podido comprobar que el nuevo S7 está un escalón por encima de la competencia en el apartado fotográfico.

Así pues, Galaxy S7 en mano, nos lanzamos a recorrer las vetustas calles toledanas durante los últimos minutos del día y los primeros de la noche. Levantada por romanos, conquistada y reconquistada hasta la saciedad y habitada por musulmanes, judíos y cristianos conviviendo en relativa harmonía, Toledo es una de las ciudades con más solera del país y sin duda alguna también una de las más fotogénicas.

Las murallas, los callejones empedrados, el Tajo rodeando la ciudad y la abundante presencia de iglesias, sinagogas, mezquitas y palacios de toda índole hacen de este enclave castellanomanchego un verdadero caramelo para los fotógrafos. Y de noche el casco antiguo se cubre de un extraño halo de misterio que permite disfrutar de la magnífica iluminación de sus monumentos más emblemáticos.

Aunque el paseo fue breve, pudimos volver a comprobar de primera mano lo bien que se desenvuelve el Galaxy S7 con las siempre temibles escenas nocturnas. La reducción de la resolución de 16 a 12 megapíxeles, los píxeles de 1,4 micrones y la apertura de diafragma de f1.7 hacen su trabajo y se dejan notar especialmente cuando la luz escasea, momento tradicionalmente crítico para disparar con un móvil.

Una caminata que se desarrolló durante un buen rato bajo la lluvia –lluvia que parecía invocada por los propios responsables de Samsung para publicitar la resistencia al agua del terminal- y cuyo balance fotográfico sirve para recordarnos que la mejor cámara es la que se lleva siempre encima. Y si da la talla, aún mejor.

Pese a las ligeras trepidaciones y los colores empastados que inevitablemente ofrece un captor de 1/2,7 pulgadas (ligeramente más grande que el del iPhone 6S), en estas situaciones poco favorables muchos no echarán de menos una cámara convencional. Nosotros sí, claro, pero es que somos unos románticos.

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